Pagina 12 / En 2005, Mariana Pereiro se colgó la mochila y se fue de viaje a Africa sin “ningún contacto previo”. “Soy muy mandada, me encanta improvisar. Soy del grupo de los kamikazes”, dice ella y se ríe. Sin embargo, la valentía se impuso al miedo y se terminó quedando nueve meses. Fue puro aprendizaje. “Aprendí a desarmarme y volver a armarme. Más allá de lo exótico que es decir ‘Africa’, fui a un lugar donde la música es parte de la vida cotidiana, es algo vital, y eso me alivió mucho. Es un lugar donde está todo despojado de esa exigencia absurda muy social, muy de los medios”, entiende Pereiro, cantora y compositora bonaerense. Durante ese viaje y otro que hizo al corazón de la cultura andina boliviana, profundizó en el “canto esencial”, el canto anónimo, tribal, en contacto con la tierra. “La voz es todo. Encuentro en la manifestación del canto comunión, medicina, identidad, poesía, conexión a través de la palabra”, define ella. Todo ese aprendizaje se materializó en En la tierra, el primer disco de Descalza, su nuevo proyecto solista que presentará el próximo jueves a las 21 en Café Vinilo, Gorriti 3780.

En Oruro, Bolivia, por ejemplo, conoció la obra de la cantora indígena Elvira Espejo y sumó un loop de su voz en la canción “Señal”. “Me parece que viajar y crear son cosas muy parecidas. Los viajes son una fuente de inspiración y el arte es una forma de viajar”, sentencia Pereiro. Durante su paso por Africa (visitó Senegal, Mali y Burkina Faso) investigó la cultura de los griots (cantores improvisadores) y su tradición oral. “Una vez un amigo de Burkina Faso me cantó una canción tradicional y yo le canté una baguala arriba, y se generó algo bellísimo. ‘Yo no entiendo nada lo que estás cantando pero suena hermoso’, me decía y a mí me pasaba lo mismo. Me entendí mucho a través de la risa, fui más clown que nunca”, cuenta la cantante y actriz. El disco reúne en su mayoría canciones propias y algunas versiones, como “Deja la vida volar” de Víctor Jara (cruzada con la melodía de “A felicidade”, de Tom Jobim) y “Canto en la rama”, una vidala recopilada por Leda Valladares.

“Me gusta mucho el collage de cosas que son aparentemente opuestas”, dice quien abandonó “frustradísima” el conservatorio y se formó con “maestros del camino”. “Me interesa la idea de lo pictórico en la música: mezclar texturas o elementos que no se mezclarían pero que a mí me significan; opuestos que se complementan. Mezclar un piano con un yembé me parece una delicia, por ejemplo. Hay un lugar en donde siento que las manifestaciones de las voces, las percusiones y las músicas tienen una raíz común que conectan con lo místico, con lo esencial”. Los instrumentos acústicos y eléctricos encuentran equilibrio en el cuarteto que conforma Descalza: Pereiro (ejecuta también kalimbas, ngoni y percusión), Gabo Rosujovsky (guitarra, clarinete, piano, voces y arreglos), Christian Covre (percusión, balafón) y Josefina Casco (voces).

De manera espontánea, está brotando cada vez con más fuerza en Buenos Aires una canción que sintoniza con el cuidado de la tierra, las culturas ancestrales, el plano espiritual y el rol de la mujer en la sociedad. Cantoras y compositoras como Luvi Torres, Soema Montenegro, Paloma del Cerro y la misma Pereiro, por citar algunas, tejen estos conceptos y los hilvanan en una canción. “Creo definitivamente que es una manifestación de este tiempo”, entiende Pereiro. “Hay formas de pensamientos que colapsan y necesitamos darle de comer de nuevo al espíritu, porque sino se seca. Son emergentes de la enfermedad de la ciudad. Las voces que buscan la cura y las fuentes de la vitalidad a veces surgen de los lugares más enfermos. Las mujeres en general estamos bastantes conectadas a la tierra y escuchamos ese llamado que dice: ‘Chicos, o me empiezan a cuidar o nos morimos todos’.”