@TipsFemeninos // Psss… piensa antes de hablar // Miami. Todas las noches antes de dormir acostumbro a dar gracias a Dios por lo sucedido durante el día, ahora, que mis días terminarán contándoles a ustedes todo lo que ocurrió me siento aún más agradecida, espero que mi anécdota de hoy les entretenga un poco y les enseñe mucho.

Como ya les comenté en mi artículo anterior mi familia es compuesta, eso quiere decir que somos: los tuyos, los míos y los nuestros. Situación que suena graciosa pero es, por demás, compleja. Hoy escuché como alguien me desacreditaba con mi hijo mayor (que en realidad no es mi hijo biológico). Y la historia no comenzó hoy si no hace un par de días cuando se le extravió su cartera.

Debo señalar que el protagonista en cuestión tiene 15 años, y es el mayor de 5 hermanos. Está estudiando en el High School y además está recién llegado. Por supuesto que con esa edad, en un colegio nuevo, en un país desconocido y con una nueva familia (porque en Venezuela el niño vivía con su mamá) pues la vida no queda fácil. Y es precisamente por eso que trato de brindarle mucha comprensión. Pero escuchar cómo le hablan mal de mi, con la impotencia de no poder decir nada es algo triste.

Sin embargo, me pongo a reflexionar sobre cómo puede eso afectar mi vida y caigo en cuenta de que solo lo afecta a él. Si no es fácil la convivencia ente dos personas, menos lo es entre 7 (que es el número en mi casa). Entonces si algo se extravía y el afectado se lo comenta a un ser querido qué se puede esperar? La respuesta debería ser algo como tranquilo que va a aparecer. Pero, qué clase de apoyo puede ser un comentario cómo: “quizás te la agarraron” cuando se supone que la dejaste en tu propio cuarto. Cómo ese comentario puede ayudar a un adolescente a sentirse seguro, protegido, tranquilo, etc… no hay manera de que semejante conclusión represente apoyo para un hijo (que es lo que se supone que hacemos los padres).

Entonces reflexioné un poco y lo entendí. Esas palabras estaban cargadas de egoismo, y aderesadas con resentimiento. Pobre niño… la única persona en la que confía le dice semejante cosa. Ahora entiendo porque quiere vivir aquí lejos de tanta amargura.

Para hacer el cuento corto, al chamo se le extravió la cartera y cuando llamó a Caracas para comentarlo le insinuaron que alguno de los que vivimos con él la debíamos haber “tomado”. Todo un lío, por supuesto, que el chamo entre confusion y angustia fue un poco grosero con el resto de los integrantes de nuestra familia. Al día siguiente apareció. Lo importante es que él mismo se sintió avergonzado porque apareció entre sus cosas.

Por situaciones como estás es que en mi tierra decimos que “no se puede culpar a nadie si no se tienen los pelos en la mano¨. Es importante enseñarle a nuestros hijos a ser justos, a pensar antes de decir algo que pueda ser ofensivo.

El problema de las familias compuestas viene cuando todas las partes no comparten el mismo criterio de crianza. Las normas, el respeto, la colaboración, la comprensión y el amor son, desde mi punto vista, valores fundamentales en toda familia.

RM

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