El Clarín / Desde hace tiempo sabemos, quienes la practicamos, que la meditación nos hace sentir mucho mejor física y psíquicamente, con las implicancias que eso tiene: conductas alimentarias más sanas, autocuidado en situaciones de estrés, mayor conciencia del bienestar (o no) de nuestro cuerpo, etc.

Pero esto es algo basado en nuestra experiencia y en algunos estudios piloto que se han hecho en el ámbito científico.

Ahora bien, lo interesante es que un estudio de la prestigiosa Universidad de Harvard (Estados Unidos), basado en un informe del Hospital General de Massachusetts, ha encontrado que el estado de relajación que las prácticas meditativas producen (lo definimos en una columna anterior como “estado hipometabólico de predominio parasimpático” ) afecta directamente factores psicológicos y fisiológicos como la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y el consumo de oxígeno .

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Los autores destacan que las enfermedades del estrés como la ansiedad y la depresión son la tercera causa desencadenante de ataques cardíacos y cáncer, por lo cual es fundamental mantener algún tipo de práctica meditativa en la sociedad en la que vivimos.

Otro aspecto muy importante de esta investigación es que deja en evidencia los escasos recursos que son necesarios para llevar adelante programas meditativos. En general, las intervenciones en el cuidado de la salud que realmente funcionan tienen un uso algo privativo de recursos económicos, pero este tipo de prácticas sólo demandan personas calificadas y un espacio con cierta comodidad mínima para acoger a los pacientes ¡nada más!

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Desarrollando recursos para el bienestar

Lo más importante de la investigación es que menciona que quienes hicieron un curso meditativo en el Benson-Henry Institute de Harvard utilizaron mucho menos los servicios de salud durante el año posterior. Esto puede implicar dos cosas: por un lado, las personas aprendieron a discernir mucho mejor cuándo es necesario concurrir (hay muchas consultas motivadas por factores psicológicos) pero por otro, ¡se enfermaron menos!

Recordemos que los programas de entrenamiento en general tienen una duración de 8 a 12 semanas, con encuentros semanales pero tareas diarias para mantener una práctica continua.

Tal como dice James Stahl, miembro del instituto tecnológico de Asesoramiento de Massachusetts y quien lideró la investigación, “estos programas promueven bienestar y las personas desarrollan recursos para poder alcanzarlo”.

¡Y vaya si lo promueve! En general las personas hicieron un 43% menos de consultas a su clínico o a especialistas en salud en el año posterior a su entrenamiento.

Cada vez más, la práctica meditativa se revela como un recurso valiosísimo para mejorar nuestra calidad de vida y brindar mayor eficiencia a las intervenciones en el campo de la salud en general (física y mental).