La Prensa Libre / Soy un hombre de 27 años. Me casé hace dos. Mi esposa es exactamente el tipo de mujer que me gusta. Es rellenita y muy sobrada en sus curvas. El problema que hemos tenido es que desde que nos casamos ella es muy distante en lo sexual. Ella dice que no le gusta el sexo oral ni el sexo anal, y la verdad me siento decepcionado porque yo esperaba otra cosa del matrimonio. Para mí es muy importante vivir intensamente la sexualidad. Esta es una situación relativamente frecuente en nuestra sociedad. Muchas parejas se casan sin conocerse mutuamente a fondo e ignorando lo que cada uno espera de la relación. Dan por sentado que las expectativas son similares y cuando comparten el mismo techo se percatan de las diferencias. Esto suele suceder en diversas áreas de la vida. Por supuesto, cuando las desavenencias versan sobre aspectos triviales, sin importancia, las parejas las resuelven rápido. No obstante, como se entenderá, diferencias muy marcadas en materia sexual suelen ser difíciles de sobrellevar y a veces pueden representar una afrenta a la relación.

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Por eso siempre destacamos que el noviazgo, además de una etapa de diversión y acercamiento, debe ser ante todo una fase de conocimiento, en la cual se comentan los sueños y expectativas de cada uno para su vida. Si esto no ocurre, ambos deben darse a la tarea de compaginar gustos y diferencias, con el fin de sacar a flote la relación de pareja. Por otra parte, la sexualidad encierra una gran ventaja, por cuanto muchas de nuestras negativas surgen de prejuicios y experiencias previas desagradables, que se pueden superar dentro de la relación de pareja. Por lo tanto, estas diferencias les permiten a muchas parejas explorar a fondo los gustos sexuales y abrir nuevas opciones para solidificar el vínculo. Foto archivo con fines ilustrativos