La Nacion / Las remakes o adaptaciones presentan una paradoja problemática: si el material original es muy bueno, no tiene mucho sentido rehacerlo, pero si no lo es, existe la complicación de empezar desde una base floja. El caso de Baywatch es este último. Adaptar al cine una muy exitosa serie de los 90 que tenía una buena dosis de situaciones ridículas y cuya fama se debía a la explotación visual de los cuerpos esculturales de su elenco no suena como la mejor idea, excepto en términos de marketing y reconocimiento de la “marca”.

Gracias a ese potencial de venta es que acá estamos, en el año 2017, con una versión de Baywatch para la pantalla grande, en clave de comedia, que se ríe de varios aspectos de la serie original. Con los hipermusculosos y carismáticos Dwayne “The Rock” Johnson, en el papel que hizo David Hasselhoff en la serie, y Zac Efron como protagonistas, la adaptación al cine de Baywatch entretiene sólo por momentos y resulta un compendio de chistes fáciles con algunas muy buenas escenas de acción.

Los problemas de la película no tienen que ver con el mal gusto o la falta de sofisticación del humor, sino con su efectividad. La buena química de Johnson y Efron podría haberse aprovechado dándoles mejores chistes y situaciones humorísticas aún más absurdas. Si por su origen era difícil que esta película fuese una obra maestra, por lo menos podría haber sido más graciosa y superar a la serie original (lo cual no es mucho pedir).