Informe 21 / Reconocer que una persona muy especial para ti, ya sea una amiga o un familiar, se encuentra sumergida en una relación violenta es algo que nadie desea experimentar.

Pero si notas que una mujer de tu vida está preocupada todo el tiempo por las reacciones de su pareja, evade a sus conocidos o hace mucho tiempo que no la ves, pon atención. Tal vez estés frente a un caso de violencia.

Cada circunstancia es diferente, porque no todos los abusadores son iguales, ni sus parejas reaccionan de la misma manera ante el maltrato. Por ello es importante ser observador y adaptarnos a la situación de nuestro ser querido. Así lo explicó la psicóloga Yara Brom en entrevista para VIX.

La especialista en coaching y atención al trauma señala que lo primero es ser estratégico. Formular una estrategia para acercarse y convertirse en un sistema de apoyo hará que nuestra asistencia sea más eficiente.

Es complicado, pero mantener el equilibrio es esencial. No se debe esperar hasta que la víctima pida ayuda explícita, pero tampoco se trata de confrontarla en un instante de vulnerabilidad.

La cuestión está en mantenerse al pendiente de la situación y reconocer el mejor momento para traer a la conversación el estado de su relación actual. Tal vez te pida salir para platicar o quiera verte después de mucho tiempo de descuidar la amistad. Aprender a reconocer esas pequeñas señales de ayuda es básico. No todos los gritos de auxilio son tan evidentes.

Yara Brom explicó que las relaciones violentas son como una droga, y la adicción es tan fuerte que a las mujeres les cuesta romper ese lazo. Añadió que una víctima busca ayuda cuando siente que el agua le llega hasta la nariz. Pero en cuanto siente que el nivel del agua le llega a la mandíbula y es posible respirar de nuevo, regresan con el abusivo porque sienten que son capaces de soportarlo. Por esta razón es importante ser constante en recordarles que no están solas.

Por mucho que nos encantaría tomar a esa persona afectada entre nuestros brazos y sacarla corriendo de su relación, lo mejor es dejarla tomar sus decisiones. Que la lección sea aprendida por ella misma y no se convierta en una imposición. Si no, la historia se quedaría sin enseñanza alguna.

También es probable que, en un principio, la víctima se niegue a admitir el terrible estado de su situación. No tomarse los reclamos como un ataque personal será de gran utilidad para evitar un conflicto innecesario.

Quienes conviven con la violencia desde pequeños no suelen reconocer que esta situación está mal y que deberían huir de ella. Para estas personas el abuso es lo normal y es el tipo de comportamiento que esperan de sus conocidos. Es más, están tan acostumbradas a depender del otro, que las mujeres familiarizadas con un ambiente demasiado violento tienden a sólo salir adelante con la ayuda de un hombre, como explicó la psicóloga.

Ayudar a una víctima de violencia es un juego en el que debes permitir que la afectada se desenvuelva por su cuenta, que se raspe las rodillas para darse cuenta de la realidad.

Tal vez sea necesario que la violentada retroceda unos pasos, pero sólo los suficientes para tomar impulso y emprender el vuelo. Conviértete en su red de protección, escúchale y mantente cerca para cuando te necesite.

Fuente: Vix

LR