La Nacion / El vínculo con los padres es uno de los más importantes y el primero que construimos. Muchas veces es un lazo sólido construido en intimidad con las dificultades lógicas y, muchas otras veces, es una relación basada en el conflicto. ¿Cuáles son algunos de los problemas más frecuentes que se observan en el vínculo con los padres?

a. Rótulos y descalificaciones Cuando un papá descalifica a su hijo diciéndole cosas tales como: “No servís”, “no valés”, “no podés”, está escribiendo su propio conflicto en la vida de su hijo. Los hijos somos espejos de los padres y solemos guardar esas proyecciones como si fuesen propias. Como el actor que actúa un rol y, de tanto actuarlo, termina creyéndoselo. Cuanto más “sombras” (aspectos sin resolver, inmaduros e inconscientes) tiene un padre, más fácil es que las proyecte. Es muy frecuente observar que un padre considera a un hijo como brillante e inteligente y a otro como un desastre. De esta manera, coloca todos sus conflictos no resueltos en la vida de ese hijo.

b. Hacé lo que yo no pude lograr En una oportunidad conocí a un muchacho que me contó su historia luego de una charla. Se había recibido de abogado y en una mega fiesta con sus padres, abuelos y tíos abogados les anunció: “Esto es lo que ustedes querían, acá está el título. Ahora voy a hacer lo que a mí me gusta”. Le pregunté a qué se dedicaba y esta fue su respuesta: “Enseño a bailar salsa en este hotel”.

“Yo no pude hacer esta carrera, quiero que vos la hagas. yo no pude ser arquitecto, quiero que vos lo seas. yo no pude estudiar este instrumento, quiero que vos aprendas a tocarlo”. Se utiliza al hijo como una extensión reparatoria de una frustración que, en este caso, uno de los padres tuvo por algo que no pudo lograr. En este sentido, es muy frecuente que lo cuestione: “¿Para qué vas a estudiar eso? ¡Te vas a morir de hambre! Mejor hacé lo que yo te digo”. No se trata de una motivación sino de una imposición o un mandato que el hijo debe cumplir dado que, si no repara lo que el padre no pudo hacer, será desheredado del amor. Es por eso también que hay quienes tienen un trabajo que nunca eligieron porque siguen mandatos. Salirse de ellos equivaldría a perder el amor.

c. Envidia Algunos padres no soportan que sus hijos accedan a lo que ellos no pudieron acceder. “Yo, a tu edad, ya estaba trabajando”. No pueden disfrutar del éxito de sus hijos ni permitirse que ellos los superen. En el fondo, sienten bronca porque la libertad y el éxito de ellos les revive sus propias frustraciones y las penurias que tuvieron que atravesar.

d. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago Aquí se impone la contradicción. El padre le dice, por ejemplo: “No mientas” pero él miente. El padre le dice que sea fiel pero vive engañando a su pareja. Es decir, que le pide al hijo que haga lo que él no hace. En una ocasión, una mamá me comentó que estaba preocupada porque su hija adolescente no la escuchaba. Le respondí: “No te escucha pero te está filmando las 24 horas del día”.

e. Inmadurez A una joven adulta que mantenía una relación conflictiva con su papá alcohólico y mujeriego le daba vergüenza salir con él porque cuando lo hacía él miraba a otras mujeres y se emborrachaba. Le sugerí hacerle el siguiente planteo: “Decile: ‘Te propongo que, cuando salgamos, no tomes ni mires a otras mujeres para que podamos compartir ese tiempo. Lo que hagas antes o después con tu vida es tu decisión y la voy a respetar’. Si tu papá te dice que sí, genial. Si te dice que no, será una frustración pero habrás puesto de su lado la responsabilidad, dejando así que él demuestre si tiene interés en construir el vínculo”.

Los vínculos con los padres pueden estar teñidos de alegrías y tristezas, de conflictos y certezas. Lo importante es hablar, explicitar, encontrarnos y ser capaces de construir un vínculo adulto con nuestros hijos. Si esto ocurre, le habremos enseñado a ellos a reparar la historia. Si esto no ocurre, quedaremos satisfechos por haber hecho el intento. Transmitámosles a nuestros hijos y nietos que lo importante es verbalizar lo que nos sucede, ponerlo en palabras, pues uno de los recursos más poderosos que tenemos es el diálogo y la construcción juntos.

Nuestros padres no son nuestro modelo para construir nuestra maternidad y nuestra paternidad es una construcción propia. Podemos tomar las cosas buenas y aprender de las malas pero tenemos que construirlo nosotros mismos. No debemos ni divinizar ni satanizar a nuestros padres, sencillamente humanizarlos reconociendo lo positivo y lo negativo en ellos.

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