ING / La Bruja (The Witch) es una propuesta que agradará a los amantes de terror psicológico (más que los que disfruten el terror puro en sí) pero cuyas expectativas se han elevado en exceso a nivel internacional en sus reviews o análisis generalizados. ¿Por qué empiezo diciendo esto?

Porque tan peligrosa es la manía moderna de alguna crítica especializada con vilipendiar y destruir cada nuevo título generalista que va llegando a la cartelera como la absurda sensación de inflar y crear expectativas inverosímiles con ciertos títulos que pueden tener una distribución mucho más limitada.

Eso que conocemos como hype ha llegado a límites descomunales con La Bruja (The Witch ) que no deja de ser una muy correcta y aceptable cinta de terror sobre el folklore de algunos ritos satánicos y que ya ha sido proclamada como la sorpresa del año en múltiples lugares cuando (y aquí viene lo extraño) ni propone nada nuevo que no se haya visto ya antes ni marcará historia en el género cuando haya transcurrido apenas un lustro.

El director Robert Eggers , cuya infancia tuvo lugar en la región de Nueva Inglaterra, adopta dicha zona rural que él conoció bien para encuadrar su idea de La Bruja , en una propuesta no perfecta pero sí muy lograda artísticamente.

Nos encontramos en dicho lugar en 1630 y una familia de colonos se asienta sobre una vasta superficie, junto al bosque, para instalar su hogar. El padre, la madre y los hijos forman un núcleo asentado con creencias religiosas fuertes. Pero es entonces, en un descuido cuando el bebé de la casa desaparece y parece haber sido robado por una supuesta bruja ¿O es real esta hechicera? ¿Existían de verdad en el SXVII? ¿Siguen perpetuándose ancestralmente y continúan con sus ritos hoy en día?

A cuestiones de este tipo trata de dar cierta respuesta, aunque buscando una complicidad y atención del espectador, el director. Eggers utiliza para ello una visión particular de los mitos, las leyendas, los ritos, el miedo a la brujería y la magia negra . Más o menos todo lo que tiene que ver con paralelismos que muestran a la cabra como demonio y a la hechicería como método para alejar el mal y lo perverso.

La fotografía de Jarin Blaschke constituye lo mejor de la película, muy de lejos. Su atmósfera es poderosa y visualmente fuerte y atrayente , lo cual no va acompañado de la tensión que a veces algunos planos parecen necesitar. Esta fotografía, con parajes boscosos y detalles sobre la mitología antes mencionada que imprime el director, son las verdaderas figuras de La Bruja. El visionado podemos decir que se compensa con ello. Hay planos que por sí solos son parecidos a cuadros bellísimos de estilo casi flamenco.

Entre los correctos actores del reparto tenemos a la joven Anya Taylor-Joy (que encarna a la protagonista Thomasin y tendrá un papel fundamental en el devenir de los acontecimientos), Ralph Ineson (como su padre, William) y Harvey Scrimshaw (el hermano mediano de la casa, Caleb).

Triunfador y aplaudido el pasado año en festivales tan dispares y prestigiosos como Sundance o Sitges, el film da ahora el salto a la pantalla comercial en España y aunque el mito de Salem y sus brujas ya es conocido, al menos aporta un punto de vista aceptable si bien no novedoso.

La Bruja no es la maravilla de terror que nos han pretendido inflar en ciertos sectores , pero es una curiosa opera prima a descubrir sin llegar a niveles suficientes para convertirla en cinta de culto indispensable. De esas hay pocas, lamentablemente.

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