Estampas / La semana pasada escribí sobre lo difícil que era ir a un restaurante cuando éramos madres de niños pequeños. Sin embargo, esa es solo una de las actividades cotidianas que se hacen más complicadas cuando somos mamás. El comediante inglés Michael McIntyre parodia maravillosamente algunas de esas situaciones en su presentación en YouTube People With No Kids Don’t Know  ( Gente sin hijos no sabe) y explica que cuando somos padres “tenemos dificultades que ni sabíamos existían”. Inspirada en sus anécdotas y en mi experiencia como mamá de dos, comparto, en clave de humor, diez situaciones que “padecemos” aquellos que tenemos niños pequeños. 1. Dormir. La sola mención de este verbo es controversial cuando tenemos hijos. De bebés se despiertan cada dos o tres horas para comer y aunque esto mejora a medida que crecen, todavía mi hija de cuatro años se levanta en algunas ocasiones o se pasa a nuestra cama. Como dice mi madre “cuando uno es mamá no duerme igual más nunca”. Y si lo sabrá ella pues mi hermano y yo tenemos 29 y 36 años respectivamente y dice todavía trasnocharse por nosotros. 2. Comer. No solo ir a restaurantes es complicado sino que el simple acto de cenar o almorzar en casa puede ser un reto y casi siempre terminamos comiendo de últimas (luego de darles a ellos) con los niños encima (o paradas) y frío. 3. Ir al baño. Cualquier actividad que se lleve a cabo en ese “pequeño recinto” resulta casi imposible con niños pequeños pues con frecuencia tenemos “público” y poco (o nada) de tiempo. Y si uno osa pasar la cerradura y alegar privacidad lo más probable es que veamos una “manito” deslizarse bajo la puerta. Así, en más de una ocasión deberemos tomar una ducha con el coche adentro e incluso tener un bebé sobre nuestras piernas mientras usamos el inodoro. 4. Vestirnos. La mayoría de las mamás nos esmeramos en arreglar a nuestros pequeñines así vestirlos implique batallar con un bebé “fugitivo” que huye gateando cuando le van a poner el pañal o con una de cuatro años que hay que perseguir por toda la casa para que se ponga los zapatos. Con frecuencia nos quedamos sin tiempo para nosotras y terminamos saliendo con la camisa sucia, al revés o un zapato de un modelo y otro diferente. 5. Salir de casa sin niños. Cuando los hijos están pequeños y mamá es todo su mundo, se vuelve difícil salir de casa y dejarlos allí al cuidado de alguien más. Incluso con sus cuatro años, en algunos momentos, mi hija me dice entre lágrimas “mami no te vayas” o “mami ven pronto”. A veces (aunque esto no es lo más recomendado por expertos) opto por dejar mi cartera en la puerta y salir de puntillas para evitar “una escena”. 6. Salir de casa con niños. Si salir de la casa sin niños es complicado, salir con ellos es casi “épico”. Para empezar es importante saber que no importa cuándo comencemos a preparar la pañalera y el resto del “perolero”, rara vez saldremos a tiempo. Lo más probable es que ¡Ups¡ Justo cuando estemos en la puerta el bebé “se haga” y tengamos que devolvernos a cambiarlo. Cuando por fin estemos fuera nos sentiremos tan cansadas que lo que verdaderamente nos provocará ¡será devolvernos! 7. Manejar. Cualquiera que haya conducido con un niño o bebé en el asiento de atrás sabe a qué me refiero. Nada más el hecho de colocarlos y amarrarlos en su silla (es la única forma de viajar seguros) será un verdadero desafío. Hay pequeños a los que el vaivén del carro los adormece y hay otros, como los míos, valga decir, que pareciera que los “alborota”. En cuanto a la “animación musical” las opciones son simples: llanto del bebé o canciones infantiles una, otra y otra vez. 8. Conversar con una amiga. Ya sea por teléfono o en persona, conversar calmadamente con tus amigas será cada vez menos frecuente. Si es por teléfono ella escuchará los llantos, el teléfono se te caerá un par de veces pues tu bebé intentará arrebatártelo. Si es en persona entonces la conversación será interrumpida cada cierto tiempo por un “mira mamá”, “mamimamimami” , “pipi mamá”, “mamá tengo hambre” o cualquiera de sus variantes. 9.  Tener tiempo para ti. En inglés le dicen ” me time ” o “tiempo para mí” y cuando eres mamás es escaso y muy bien valorado. Lo difícil realmente es que obtenerlo depende de muchas variantes: de que los niños ya vayan al colegio, de que hagan sus siestas, de que duerman por las noches, de que los abuelos nos “echen una mano”, de que podamos contratar “ayuda” en casa, entre otras. 10. Viajar. Y aunque no es una actividad cotidiana, mucho menos cuando hay niños, vale la pena mencionarla porque viajar con niños es como un maratón, excepto que nadie nos de medallas (solo besos y bellos recuerdos). Lo más difícil es tal vez la cantidad de “cosas” que hay que empacar; medicinas, teteros, meriendas si no hay en el lugar, pañales, juguetes para distraerlo, etcétera. Además los traslados suelen ser “memorables” pues los niños se desesperan en los espacio cerrados. Lo importante para garantizar el éxito del paseo es entender que vacaciones en familia no significa descanso. Se trata de divertirnos y compartir, pues los tiempos de “tumbarnos” en una silla de extensión en una playa paradisíaca a leer una revista mientras tomamos piña colada quedaron en el pasado (al menos por un tiempo). Twitter @agobiosdemadre Instagram @agobiosdemadre Facebook @agobiosdemadre

seguir leyendo… Mommytip Aunque nuestra cotidianidad como mamás es complicada también es hermosa, muy hermosa. Hay belleza en el caos, porque todo los tropiezos, todo “el desorden” sólo significa que estamos criando; estamos acompañando a una personita en el camino a convertirse un ser productivo e independiente. No creo que exista labor más noble. Por eso, aunque es válido quejarse, y reírnos es importante, debemos dar gracias. Las madres somos todas unas privilegiadas. 

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