La Razon / Si de pronto tu niño se queja porque le duelen las piernas, rodillas, tobillos o pies considera que puede tratarse de los denominados dolores del crecimiento.

Por lo general, estos malestares se hacen presentes en la primera infancia, entre los tres y cinco años, y después, entre los ocho y  12 años, cuando están en pleno desarrollo físico.

“Al crecer también los huesos se estiran, los músculos y con ellos los vasos sanguíneos y nervios. Por eso el niño tiene molestias en diferentes puntos de las piernas y, a veces, en los brazos. El dolor se localiza principalmente en las extremidades porque es en ellas donde se encuentran los huesos más largos, que son los que tienen un mayor crecimiento”, se lee en el portal de notas de salud crecerfeliz.es.

La fisioterapeuta Maggi Ríos indica que es importante la elongación muscular para hacer más llevadero este proceso. “Es fundamental hacer elongaciones ya que los huesos tienden a incrementar su tamaño y, si el niño no tiene la elasticidad suficiente en la musculatura sufrirá con dolores en las extremidades”. Estas molestias siempre se concentran en los músculos y no en las articulaciones. “La mayoría de los niños se quejan de dolor en la parte delantera de los muslos, en las pantorrillas o detrás de las rodillas”, describe Salete Quiroz,  pediatra.

La especialista en salud infantil indica que en ocasiones se confunde este dolor con un proceso de un mal congénito, por lo que aconseja consultar con el pediatra de confianza o traumatólogo. “Su diagnóstico servirá para descartar problemas como reumatismo, artritis u otros males”.

Para evitar las dolencias, Ríos recomienda la fisioterapia. “Se podría realizar una rutina de ejercicios de estiramiento o practicar pilates, yoga y esferokinesis, este último es un entrenamiento con esferas de diferentes tamaños y ayuda a mantener la elasticidad de los músculos”.

Si tu pequeño padece de estos dolores puedes ayudarlo con otras actividades como baile, gimnasia y aquellas que requieren practicar la flexibilidad.

“También beneficia un masaje en la zona adolorida  con cremas o ungüentos que puedan generar calor en el área. Además brindan alivio si contienen en su fórmula algún analgésico. Si el médico de cabecera lo recomienda, puede ingerir paracetamol o ibuprofeno en dosis designadas de acuerdo con la edad de tu hijo” recomienda Quiroz.

Por su parte, Ríos aconseja el colocar paños calientes en la zona afectada y darle un suave masaje además de muchos mimos. 

Elongaciones Se entiende por elongación a la actividad mediante la cual una persona estira y relaja los diferentes músculos de su cuerpo a fin de prepararlos para el ejercicio o para permitirles descansar después del mismo.

Masajes Estira firmemente la extremidad que tu hijo tiene adolorida y mantenla así durante 20 segundos. Deja que la doble y que descanse un momento y vuelve a repetir el ejercicio, tres o cuatro veces, aliviando de esta manera la incomodidad de estos dolores.

Calor Aplica compresas calientes o una bolsa de agua caliente, con cuidado de no quemarlo, sobre el área de incomodidad.  También puedes usar una almohadilla de semillas. Hazlo en intervalos de 10 a 15 minutos para relajar los músculos.

Descanso Limita la actividad del niño. Los dolores pueden volver a presentarse luego de un período de actividad  intensa. Si los síntomas persisten, trata de que no haga mucho ejercicio.

Fuentes:  Maggi Ríos ([email protected] / Fisiosalud, Centro de Fisioterapia, kinesiología y   estética corporal), Salete Quiroz (Pediatra / [email protected]) y los portales crecerfeliz.es y http://www.livestrong.com.