La Prensa Libre / Por mucho tiempo se consideró que la sexualidad tenía un fin exclusivamente reproductivo y, por ende, cuando ya no se deseaba tener más hijos, se creía que la vida sexual perdía su razón de ser, llegaba a su fin. En esas épocas, no tan lejanas, se creía que el hombre mayor no requería de la sexualidad en general, que ya no experimentaba el deseo sexual, ni la capacidad de lograr una erección ni era capaz de desencadenar la salida del semen. Además, se creía que con la edad se perdía la capacidad de tener hijos, es decir, la capacidad de embarazar a una mujer.

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Hoy sabemos que todos esos conceptos no son ciertos, que en el hombre sano el deseo sexual se mantiene a lo largo de toda la vida, de igual manera el pene conserva la capacidad de tener relaciones sexuales porque la firmeza no se pierde con la edad. Adicionalmente, conforme pasan los años, el hombre adquiere un mayor control de la eyaculación, de tal forma que no termina tan rápido el acto sexual, la eyaculación no sucede de manera temprana, es decir, el hombre deja de padecer de eyaculación precoz. Debemos recordar que la eyaculación precoz es la férrea enemiga del deleite femenino. Si el hombre termina muy rápido no le da tiempo a la mujer de disfrutar el acto sexual y particularmente de llegar al orgasmo.

Mauro Fernández, sexólogo.

Por eso, no es de extrañar que circule en internet y en las conversaciones cuchicheadas por ahí, que el hombre mayor es mejor amante, y aun cuando puede ser por muchas otras razones no cabe duda que el poder postergar la eyaculación acrecienta el desempeño sexual. Precisamente por eso, para el criterio femenino el hombre mayor es el amante preferido. Adicionalmente, la vida sexual juega un papel predominante después de los cincuenta años. El deleite sexual se convierte en un aliado de la experiencia que significa envejecer y nos sirve para superar las crisis existencialistas que esta etapa de la vida depara. Probablemente por eso, el cuerpo y la mente siguen sintonizados con los deseos e impulsos sexuales a lo largo de la vida, las ansias corporales se mantienen intactas a las sesenta, a los setenta, a los ochenta y más años, en el tanto la salud nos acompañe. Hago énfasis en la salud porque, independientemente de la edad, cuando una enfermedad nos aqueja, es esperable que se afecte la sexualidad. Desdichadamente, muchas personas siguen siendo víctimas de los falsos conceptos que imperaban en el siglo pasado y creen que la edad daña la esfera sexual. Equivocadamente piensan que es normal que el deseo sexual se pierda con el paso del tiempo. Que la firmeza de la erección se desvanezca cuando se cumplen sesenta o más años. Tenemos que señalar con insistencia que eso no es cierto y, cuando eso sucede, es producto de alguna enfermedad y no de la edad. Hoy, estamos en capacidad de tratar eficazmente a la mayoría de las enfermedades que generan problemas sexuales. La pérdida en el deseo, los problemas de erección, los problemas eyaculatorios se pueden superar, el problema actual reside en que muchos varones no consultan porque creen que ese deterioro sexual es irreversible, producto de la edad. Sirva este comentario para motivar a todos los hombres que enfrentan un problema sexual a consultar cuanto antes.