El Clarín / A principios de los años 70 surgió en los Estados Unidos una nueva disciplina artística llamada Contact Improvisación, creada por el bailarín Steve Paxton que junto a un grupo de colegas, deportistas y practicantes de artes marciales comenzó a investigar las ventajas del contacto, los impulsos, caídas y choques. Después de algunas experiencias y una performance oficial realizada en 1972 en el Oberlin College, la práctica empezó a divulgarse en el mundo. Hacia 1980 llegó a Buenos Aires de la mano de Alma Falkenberg, una bailarina de origen italiano que dictó clases por muchos años en el país. Desde entonces varios maestros extranjeros de la “primera generación del Contact” pasaron por Argentina para dictar talleres intensivos y difundirlo definitivamente.

“Esta danza invita a romper la inercia y sumergirse en el movimiento y sus silencios, donde caer no es un error sino el inicio de un vuelo, un giro, un empuje, otra caída. Invita a entregar el peso y a sostenerlo sin esfuerzo, a centrar la atención en nuestra relación con la tierra, con los demás y con nuestro entorno, a encontrar un eje común” explica Eliana Bonard, bailarina, coreógrafa y docente de Contact Improvisación en ISFA, profesorado del Instituto Superior Metropolitano de Arte. “Es una práctica terapéutica, saludable para el cuerpo y para el espíritu. Amplía nuestras percepciones y desarrolla, entre otras cualidades, la destreza, la fuerza y la flexibilidad”. Para Gustavo Leece, bailarín y docente en Unsam (Universidad Nacional de San Martín) y el IUNA, es un ejercicio de improvisación. “Cuando la seguridad física está garantizada dentro del movimiento, en un plano más instintivo, la improvisación encuentra un campo de juego. Es aquí donde el sentido del tiempo, del toque y del espacio, cambia. Y se siente como un aprendizaje y un recuerdo de cuando éramos más simples, más niños, menos mentales. Termina abordando otros espacios de nuestra vida, despertando nuestros reflejos hacia todas las cosas que nos rodean, ampliando el abanico de lo que llamamos tacto”.

En esta disciplina, al profesor se llama facilitador.”Al ser una práctica tan física, tan cuerpo a cuerpo, es fácil notar cómo las personas en el aula y en los Jams le enseñan su danza a su compañero. En ese momento todos toman el rol de “maestro”, la persona se empieza a alimentar del compañero, de su estilo y de lo que él mismo recrea con eso.” Ante la creciente evolución de la práctica, Paxton y sus colegas estuvieron en la disyuntiva de crear un profesorado o escuela que finalmente no prosperó para permitir que el Contc prosperara. “A mi parecer, aún esta creciendo y sería contrario a su naturaleza cristalizarlo en una formación formal. Pero pensando en cómo se llega a ser facilitador, diría que con los años. La experiencia sostenida lleva a transmitir el material adquirido, sea dando clases o bailando” dice Leece. La danza es apta para diversas edades y habilidades. En Buenos Aires atrae a bailarines, músicos, artistas circenses, docentes de distintas técnicas corporales y con el tiempo se ha ido extendiendo a un público más amplio, ya que enriquece las artes escénicas y en la performance se combina con la composición instantánea. Es también útil como entrenamiento para actores. Las reuniones y encuentros de práctica y de aprendizaje se llaman Jams, son accesibles y abiertos, pueden suceder en un ambiente en silencio, con música en vivo o grabada. Se puede bailar u observar. El término original en inglés proviene del jazz y sus clásicas sesiones nocturnas. “Igual que en la música, se aplica a la improvisación en danza, y por alguna extraña casualidad los Jams que han prosperado aquí son de noche” agrega Bonard . El primer Jam abierto en Buenos Aires se hizo en 1988 en una sala de la Asociación Argentina de Actores. Actualmente se celebran a diario en distintos espacios de la ciudad, en el interior del país, y en todo el mundo. “El 23 de junio pasado un grupo participamos de un encuentro de danza en sincronía con más de cincuenta ciudades de cuatro continentes, para celebrar el Solsticio de Junio (el año nuevo para diversos pueblos nativos). Este evento se denomina Underscore Global y se basa en una partitura de una sesión de improvisación creada por la bailarina Nancy Stark Smith, colaboradora de Paxton desde los inicios. Fue un encuentro hermoso y poderoso,” recuerda Eliana. Para los interesados en practicar, existe una página en Facebook, Buenos Aires Contact, donde figura toda la información actualizada de los eventos locales.