@TipsFemeninos // El cambio que la crisis genera en los códigos alimenticios // Miami. La crisis es un momento próspero. No es un oxímoron. En momentos críticos muchas ideas han florecido. Incluso se han consolidado

Vamos a revisarnos. Tenemos hábitos que ya no vibran ni con la realidad del país ni con la realidad del planeta. ¿Cuánta masa de harina precocida botaban en sus casas solo porque el frío la quemó? ¿Lo volverías a hacer? El planeta está exigiendo consciencia en el uso del agua, de la energía, de los recursos y también de la comida.

Es nuestra esencia, dicen. La cocina venezolana es relajada y compleja como sus creadores porque nuestro gentilicio siempre apuesta por los caminos verdes. No pasa nada. Ponemos nuestras propias reglas. Pero, ¿y si cambiáramos esas reglas? ¿Qué pasaría si gracias a la escasez -y no a pesar de ella- el venezolano comienza a valorar diferentemente?

Traiciones culinarias implacables de otras latitudes dan fe de la norma que rige pueblos como, por ejemplo, el inglés. A las 5:00 de la tarde tienen la cita puntual con el té y una simpleza como el establecimiento de un horario ayuda a dibujar esa imagen confiable que tenemos de los habitantes de Inglaterra.

Si miramos en otra dirección, nos encontramos con el término kosher . Éste se refiere a la comida apta o adecuada para ser consumida según los preceptos contenidos en la Torá de los judíos.

Al ser consultado sobre las razones para respetar un código alimentario tan antiguo que puede parecer obsoleto, un rabino simplemente contestó: Dios lo ordena. No obstante el sacerdote judío agregó que también es una alimentación más saludable debido a la rigurosa vigilancia en sus procesos de producción, pero sobre todo la recomendó porque es un camino para aprender la disciplina. Si alguien forma el hábito de cuidar lo que come y cómo lo come, puede extenderlo a otros ámbitos de la vida, explicó.

Los musulmanes también tienen un código alimentario. Noten que digo alimentario y no alimenticio, porque según los entendidos, alimenticio se refiere a lo que tiene la propiedad de alimentar, mientras que lo alimentario es lo que tiene que ver con los alimentos y con sus procesos e impactos. El código podría ser alimenticio si solo fuese una receta nutricional, pero la norma que los regula se basa en argumentos culturales, religiosos y morales.

Además, ambos grupos de observantes comparten el respeto de la pauta alimentaria por convicción. Honran su creencia con sus acciones y no me imagino a alguno de ellos atragantándose de carne de cerdo y luego poniendo miles de excusas para su comportamiento. Tristemente, al mismo tiempo es sumamente fácil imaginar un venezolano diciendo algo y haciendo otra cosa. Nos cuesta la austeridad, el rigor, la disciplina. En la cocina y en la vida.

La lógica criolla pregunta ¿por qué hablar de comida si no hay? Pero la lógica que nos va a sacar adelante como país preguntaría: ¿Dónde hay comida? ¿Cómo podemos multiplicar lo poco que hay? Ahora que no hay comida suficiente, ¿qué haremos? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Con quién?

Imaginen -por un momento- una Venezuela disciplinada, que usa asertivamente sus recursos, sus talentos, su gente. Imaginen un país sin excesos, donde prevalezca la autorregulación. Sueñen con un país que aprende en medio de la crisis y entiende que la disciplina alimentaria no es una consecuencia sino una causa.

¿Algo positivo de todo el movimiento fitness? Precisamente el hecho de colocar la responsabilidad del progreso físico en la capacidad del individuo de disciplinarse tanto en la cocina como en el gimnasio. La única fórmula mágica es el trabajo.

Fuente: Correo del Orínoco fitness