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“En una ocasión, salí a cenar con mi futuro exmarido y algunas personas que nunca había visto antes. Cuando se presentó la oportunidad, una mujer a mi lado se giró cuando estaba a punto de meterme un bocado de pasta en la boca y espetó: No podemos tener relaciones sexuales. Su pene es demasiado grande. Fue uno de esos momentos, como en las películas, en los que un disco de vinilo chirría y se congela la imagen”.

 

Quien relata esta incómoda anécdota es Jen Gunter, ginecobstetra y columnista de The New York Times. La especialista está acostumbrada a responder de forma oficiosa las preguntas de otras mujeres, especialmente en lo referente a problemas durante el coito, aunque, según admite, no suelen presentarse a traición como en este caso. Repuesta de la sorpresa, su ojo clínico arrojó un primer diagnóstico: “La vagina se ha adaptado con precisión durante cientos de miles de años de evolución para estirarse. Casi podía asegurar que ese hombre no estaba siendo desaprovechado para la industria pornográfica”.

 

 “¿Sientes como si chocase contra una pared?” – preguntó entonces Gunter a la mujer. Su mirada le reveló que había dado en el clavo. La mujer padecía dispaeurenia, la manifestación de dolor durante el sexo, mucho más frecuente en ellas que en los varones. Un posible motivo es el vaginosis, que inflama las paredes de la vagina, contrae los músculos (vaginitis) y provoca malestar ya no solo durante el coito, sino incluso al usar tampones. No es una incidencia rara: puede producirla una infección bacteriana, un hongo (la candidiasis) o incluso una alteración de los valores hormonales.

 

“Esta mujer había informado a sus médicos de que padecía dolor durante el sexo. Nunca le habían ofrecido un tratamiento, tampoco un diagnóstico” – valora la especialista, para pasar a criticar duramente la cultura del porno online y la idea distorsionada que traslada sobre el tamaño del miembro viril. “La mejor medicina moderna la ha abandonado con su mitología de Internet. Y ni siquiera se trata de una mitología vaginal, ¡sino de una mitología del pene! Esto me enfurece”.

 

Factores físicos y psicológicos

La brecha de género existe también en la investigación sobre salud sexual, denuncia Gunter en su artículo: la base de datos médica PubMed aloja 3694 documentos de investigación sobre la dispareunia, por 19.796 dedicados a la disfunción eréctil. El desconocimiento sobre la enfermedad puede llevar a malos diagnósticos, si es que los hay, según explica. Y es que el dolor puede tener una base física, como el espasmo muscular descrito anteriormente. Pero no es el único motivo posible.

 

Una neuralgia, problemas dermatológicos, enfermedades como la temida endometriosis o las secuelas tanto de partos con trauma como de haber superado un cáncer de cualquier tipo pueden contribuir al dolor durante el sexo. También el factor hormonal ya mencionado, como los bajos niveles de estrógenos, motivo por el cual la dispaeurenia puede afectar hasta a un 45% de las mujeres menopáusicas. Pero también influye la experiencia de la mujer con la sexualidad. Si se encuentra incómoda o ha sufrido dolor en relaciones previas, es posible que la contracción ocurra por motivos psicológicos.

 

“Existen factores psicológicos, pero eso no significa que el dolor solo está en tu mente. Jamás”. – aclara Gunter. Descartados los elementos patológicos, la dispaeurenia puede aliviarse con la estimulación sexual previa a la penetración. Puede suceder que la vagina tampoco produzca naturalmente la lubricación suficiente como para asegurar la comodidad durante el coito y se requieran productos especializados. Lo cual, subraya la ginecóloga, tampoco tiene nada que ver con que la mujer esté lo suficientemente excitada o no, un mito misógino más. Lo principal, concluye, es la comunicación, tanto con la pareja como con el médico.

 

“Aunque no logremos aliviar del todo el dolor, muchas mujeres se sienten comprendidas por el mero hecho de tener el diagnóstico correcto. Muchas me han dicho que sentir que las toman en serio es ya de por sí una gran ayuda. Y, a veces, es increíblemente gratificante de tratar. Es el único problema médico para el que las pacientes acuden a las consultas de seguimiento con una sonrisa de oreja a oreja. ¡No podía imaginar que una podía llegar a sentirse tan bien!”

 

(El Español)