@TipsFemeninos // Enséñale a tu hijo a meditar // Miami.  Al convertirse en padres, muchas personas se preguntan cómo impartir a sus hijos valores espirituales. El modelo tradicional de enviarlos al catecismo dominical es una alternativa. Pero a medida que más personas abandonan la religión organizada para labrarse su propio camino, muchos progenitores eligen involucrar a toda la familia en su espiritualidad personal. Los niños crecen para reflejar cómo fueron educados, razón por la cual éste es un tema importante.

Para comenzar, la vida espiritual de un niño debe ser acorde con su edad. El cerebro de un niño muy pequeño no ha madurado lo suficiente para absorber las creencias de los adultos y el desarrollo general de cada niño es único. Me parece que alrededor de los diez años la educación espiritual tendrá un efecto más duradero si se cimienta en el yo en lugar de centrarse en principios. Para fines prácticos, cada niño debe sentir que:

  • Es querido y merece ser amado.
  • Es valioso para sus padres.
  • Ser una buena persona viene desde el interior.
  • La felicidad y la plenitud son naturales.

En esta etapa, el cuidador adquiere suma importancia. Los niños pequeños tienen sus propias predisposiciones que se dejan ver en etapas tempranas. Un niño comienza a mostrar los rasgos de su personalidad poco después de venir al mundo. No obstante, sin importar cuán diferentes son, los niños necesitan sentirse valiosos y amados.

La siguiente fase de la educación espiritual tiene que ver con los valores. Los estudios de psicología infantil demuestran que los bebés de apenas 6 meses quieren ayudar a sus madres e incluso los bebés reaccionan de manera positiva cuando ven un comportamiento agradable y se sienten cohibidos ante el mal comportamiento en los demás. Así que existen razones para sentir que los niños tienen una naturaleza moral.

Teniendo eso en mente, los padres deberán desarrollar los valores internos del niño, sin olvidar que a una edad temprana no es posible entender estos valores como ideas abstractas. En cambio, los niños internalizan lo que ven y cómo se les trata. Decir “sé bueno con tu hermano menor” causa una buena impresión la primera vez y va perdiendo significado a medida que se repite. Pero ver que los padres son justos y amables entrena al cerebro del niño a ser de la misma manera.

Los valores para toda la vida no se inculcan mediante lecciones negativas ni castigos. Lo que un niño se lleva de estas experiencias es culpa, vergüenza, y resentimiento. Lo mismo ocurre si los padres infunden miedo y duda al decirle a sus hijos: “la vida es injusta”, “si no estás atento al número uno, nadie más lo hará” y “si quieres algo en este mundo, tienes que luchar para obtenerlo”. Recuerda, lo que recordamos con mayor claridad de nuestra infancia es el tono emocional de la vida familiar. Los niños que crecieron en un entorno familiar tenso, estresante o difícil se adaptarán a él, porque está en su naturaleza, pero eso no quiere decir que no les causará algún daño.

La meditación y la vida interior

La meditación puede ayudar a que los niños perciban su valor propio e incluso su fuerza, debido a que es una actividad que únicamente les pertenece a ellos. El cerebro infantil es un factor importante. Se ha demostrado que enseñar meditación en las escuelas hace que haya un mejor comportamiento al crecer (secundaria y grados superiores). En mi opinión, la meditación es benéfica en niños más pequeños cuando cumple los siguientes criterios:

  • Es divertida.
  • El niño expresa disfrute.
  • Nada se fuerza ni se convierte en una tarea.
  • Toda la familia participa.

En retrospectiva, muchos adultos se sienten desconectados de las lecciones religiosas que sus padres trataron de inculcarles debido a que había un aire de moralidad estricta o presión para ser buenos. La belleza de la meditación es que todo proviene de adentro, pero “adentro” tiene distintos significados a diferentes edades.

Si se empieza a la edad de seis o siete años, cada padre sabrá cuándo es el momento adecuado, los padres pueden sentarse a meditar con sus hijos con ayuda de una sencilla técnica: se sientan en silencio con los ojos cerrados y observan su respiración. No le pidas al niño meditar más de 5 a 10 minutos. Los niños deben saber que si dejan de disfrutarlo, están en libertad de levantarse e irse a jugar.  Pero los padres deben continuar meditando por el tiempo habitual.

Al invitarlos y además dejarlos en libertad de elegir, los niños asociarán la meditación con algo que pueden controlar. La peor lección es que sientan que la meditación es una forma de controlarlos u obligarlos a calmarse y “portarse bien”. En otras palabras, no hagas que la meditación sea equivalente a sentarse en la esquina o estar aislado durante un tiempo. Un niño que corre o se porta mal necesita una siesta, que hablen con él o le den otro tipo de correctivo. La meditación no es uno.

El mayor beneficio de la meditación llega cuando los niños pueden observar cambios reales por sí mismos. Se sienten más tranquilos, centrados, menos angustiados y propensos a portarse mal. Los padres pueden ayudarles a darse cuenta, pero con delicadeza, al señalarles un cambio positivo. Ten cuidado de no inmiscuirte. Nuestra vida interior es privada, sin importar nuestra edad. Percatarse de los cambios internos tal vez no sea algo que ocurra de manera consistente sino hasta después de los 12 años y la atracción de cambios más importantes tal vez no ocurra sino hasta mediados o finales de la adolescencia, una época en la que descubrimos por nosotros mismos quiénes somos.

Espero que estos consejos resulten útiles, pero el más importante se convirtió en el tema de un libro que escribí, The Seven Spiritual Laws of Parenting, y es éste: si quieres que tu hijo tenga una vida plena y exitosa, el mejor camino es la educación espiritual. Los niños aprenden el valor de su propio mundo interior, y a medida que transcurren los años, este valor aumenta hasta que se dan cuenta de que toda la existencia se origina “aquí adentro”, en el ámbito del alma.

Escrito por: Deepak Chopra, M.D.

Fuente: www.choprameditacion.com

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