El Tiempo / Los trastornos del sueño constituyen hoy en día una epidemia mundial que afecta la salud y la calidad de vida de las personas.

A nivel global, se estima que hasta un 45 por ciento de la población sufre algún problema que perturba o disminuye la calidad de sueño, según estudios desarrollados en la última década.

“El buen descanso es uno de los tres pilares para gozar de buena salud, junto con una dieta equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico.

“La gente ocupa la tercera parte de su vida en dormir; por lo tanto, todo lo que perturbe el sueño y disminuya su calidad afecta su salud”, explicó Mirta Averbuch, jefa de Medicina del Sueño del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro de Argentina.

¿Cómo sabemos si dormimos bien? “En primer lugar, si el sueño dura lo necesario como para despertarse lo suficientemente descansado para mantenerse alerta durante el día. En segundo lugar, si se duerme de corrido, sin interrupciones o despertares a lo largo de la noche. Por último, si el sueño es lo suficientemente profundo como para lograr un descanso reparador”, agregó la especialista.

El sueño es una función fundamental que permite a las personas mantenerse alerta, activas y saludables, mental y físicamente. Según la experta, “mientras dormimos, el cerebro permanece activo para reparar y reponer nuestro organismo, serenar nuestra mente, estabilizar el humor y afianzar la memoria y el aprendizaje entre otras cosas”. Pero el sueño insuficiente o de mala calidad produce efectos negativos en la salud, tanto en el corto como en el mediano plazos. “Cuando dormimos mal, al día siguiente empeora nuestra capacidad para prestar atención, para recordar cosas y para aprender. Los efectos a largo plazo aún son objeto de estudio, pero se ha observado que el sueño de mala calidad se asocia con problemas graves de salud como obesidad, diabetes, debilitamiento del sistema inmunológico o incluso algunos tipos de cáncer”, indicó Averbuch.

La falta de un buen descanso también afecta el funcionamiento del organismo. “Cuando el sueño falta, el metabolismo se altera muchísimo. Lo primero que pasa es un cambio hormonal, porque la alteración que ocurre en el cerebro desencadena la estimulación de la hormona del estrés denominado cortisol, que afecta cada una de nuestras células”, explica María Alejandra Rodríguez Zía, especialista en endocrinología.

Para Daniel Cardinali, director del Departamento de Docencia e Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica Argentina, “la mayor parte de los problemas de sueño, incluyendo el insomnio, la apnea del sueño y los trastornos de sueño vinculados a esquemas laborales, son prevenibles o tratables. Pero la realidad determina que son pocas las personas que buscan ayuda profesional”, concluyó el experto.

Según la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, casi la mitad de la población mundial tiene problemas de sueño.

VIDA