La Nacion / Tras un prolongado paréntesis en el que la cantante, compositora y pianista Amy Lee contrajo matrimonio, se convirtió en madre y desarrolló algunos proyectos personales, Evanescence volvió al ruedo con una auspiciosa gira por Estados Unidos para luego encarar hacia Sudamérica y, entre otros países, visitar por tercera vez la Argentina, más precisamente el estadio cubierto del predio de Tecnópolis y celebrar así el lanzamiento de The Ultimate Collection, una lujosa caja recopilatoria con todos los álbumes de la banda en vinilo, además de material grabado antes de su debut y lados B.

Con la promesa de editar un nuevo álbum en un futuro no muy lejano, el quinteto estadounidense oriundo de Arkansas se reencontró con sus fervorosos fans locales y brindó un contundente recorrido por su rica historia musical plagada de historias existenciales, dramáticas y vulnerables pero siempre con la búsqueda de la felicidad y la libertad como faros.

Con el logo del grupo como sobrio telón de fondo y una iluminación que fluctuó entre los tonos blancos, azules y rojizos, “Everybody’s fool”, “What you want” y “Going under” marcaron el estruendoso comienzo de un concierto en el que Evanescence evidenció que su poderío sonoro permanece intacto, a caballo de un metal gótico contagioso y galopante, con toques operísticos, melodías pop y algunos coqueteos con la música electrónica. Will Hunt, desde la batería, es el que impulsa hacia adelante esa maquinaria sólida y compacta que se completa con Troy McLawhorn y Jen Majura en guitarras y Tim McCord en bajo. Y es sobre esa estructura de bases machacantes y riffs cortantes donde se apoya todo el reconocido talento vocal de Amy Lee, quien deja alma y vida sobre el escenario y contagia sin límites a ese mar de remeras negras y cabelleras de distintos colores que desde todos los rincones del estadio se entregan y cantan a coro cada uno de los temas.

Amy Lee, de vuelta con su banda en la Argentina. Foto: LA NACION / Daniel Jayo Suele decirse que después de la tormenta siempre llega la calma. Y algo de eso sucedió cada vez que el piano de cola se adueñó del centro del escenario para dar paso a la otra cara de la moneda en la propuesta del grupo: una versión mid tempo de “I wanna dance with somebody” (clásico de Whitney Houston) y la muy aplaudida “Lithium” demostraron que es en las baladas poderosas y rockeras donde Lee alcanza su máxima expresión de experimentada y estupenda soprano y delicada pianista, transmitiendo además una sensibilidad y una carga emocional que deja honda huella y que ya es toda una marca registrada. “Canten conmigo”, pide Amy y los melancólicos acordes del hit “My Inmortal” conforman el momento épico de la velada.

La pirotecnia rítmica y musical que consagró a la banda a nivel mundial volvió a ponerse de manifiesto con su lúgubre densidad en un final demoledor de la mano de “Call me when you’re sober” y “Bring me to life”, dos de sus más celebradas creaciones. Así concluyó un nuevo paso de Evanescence por nuestro país, exhibiendo que la “criatura” pergeñada por una Amy Lee mucho más madura sigue gozando de buena salud mientras toma envión para enfrentar un nuevo desafío: el de intentar reubicarse en el foco de atención después de varios años ausente y ante un panorama musical muy diferente al de sus años de gloria.