El Mundo / Ponte en forma como un animal

Tener unos bíceps de culturista, hinchados a base de ‘curls’ en el gimnasio, no significa que se tenga la suficiente fuerza para trepar. Lucir unos hombros a lo increíble Hulk, esculpidos con ‘press’ y elevaciones laterales de peso, no quiere decir que estos estén preparados para colgarse. Tampoco atesorar unos glúteos y unos cuádriceps poderosos es sinónimo de ser un buen saltador. Todo esto, entre muchas otras cosas, fue lo que observó George Herbert, entrenador de un grupo de bomberos franceses allá por la década de los años 20 cuando, durante un viaje, constató que los indígenas vietnamitas trepaban mucho más rápido que sus pupilos, mazados en el gimnasio . De vuelta a casa, creó el método natural. “Se dio cuenta de que no basta con tener un buen hardware. Hay que desarrollar un buen software también. Ambos han de entrenarse practicando las habilidades que se pretenden desarrollar, sin dar rodeos”, asegura Rafael López del Valle (@iberian_pangea), entrenador y rehabilitador funcional en Zentro Urban Yoga (Madrid).

Dicho de otra forma, ¿por qué, nos obcecamos en tonificar nuestros músculos con rutinas antinaturales? ¿Qué mejora en nuestra vida real obtenemos de estirar y encoger el brazo como un robot durante decenas de veces, lastrándolo con una pesa? López del Valle viaja en el tiempo para explicar de dónde viene esta tendencia. “Tras la revolución industrial europea, se rompió los lazos con los fundamentos de los ejercicios funcionales. Se acabó imponiendo la gimnasia analítica -la clásica sueca-, plagada de movimientos lineales que sólo implicaban a una articulación, porque los humanos industriales estaban tan atrofiados por su forma de trabajo que eran incapaces de hacer cosas funcionales sin lesionarse”. En su opinión, el entrenamiento robótico “no es lo mejor que hay” pero es el camino por el que transitar, a veces, cuando el cuerpo ya ha dejado de cumplir con sus funciones naturales por la falta de actividad. “Está bien para pasar de sedentario a funcional pero hay que dosificarlo”.

VUELTA AL ORIGEN ¿Por qué? El argumento es fácil de comprender: “Cuando haces un trabajo físico analítico sólo desarrollas una característica pura de la anatomía: la fuerza, la resistencia, la flexibilidad… Cuando te ejercitas con gestos funcionales reales, como agacharte, tumbarte, levantarte o ponerte de pie, te ves obligado a hacer uso de todas a la vez . El problema es que, al requerirlas todas al mismo tiempo, resulta mucho más complejo”.

Herencia de aquellos tiempos, nos queda un sistema de acondicionamiento físico que, según este ‘coach’, ha matado la espontaneidad en la acción. «La mayoría de gente que practica deporte lleva décadas haciéndolo de forma analítica. Cree que lo correcto es activar el brazo, manteniendo inmóvil la cabeza. Pero, en la vida cotidiana, no nos movemos así, ¿verdad? Al hacer gestos cuadriculados y repetitivos, matas la libertad del movimiento, su espontaneidad, su habilidad y su expresividad».

Como contraposición, el método natural propone una vuelta a los orígenes, a ese yo primate que todos llevamos dentro . “Es el regreso a lo que hacíamos los humanos antes de dejar de usar nuestro cuerpo como herramienta para relacionarnos con el medio y de que, para intentar evitar el atrofiamiento, buscáramos en la gimnasia el sustituto a los movimientos naturales”.

Rafael López, entrenador del metodo natural, en la postura del gorila. ÁNGEL NAVARRETE Se trata de “reaprender a emplear nuestros músculos juntos, de una manera natural y fluida”. En la hora larga que dura cada sesión, “nos ponemos de pie, en cuadrupedia, tumbados o en cuclillas. El objetivo es que cada acto tenga su traslación real en un gesto cotidiano. Tan importante es el ejercicio en sí mismo que llevamos a cabo en esa postura como las transiciones que se producen entre medias”.

Grandes olvidados en esta sociedad civilizada, muñecas, codos y hombros recuperan todo su ancestral protagonismo como punto de apoyo y de cuelgue. “El ser humano necesita emular a sus ancestros para mantener la funcionalidad originaria de sus estructuras, porque, en caso contrario, éstas se vuelven inútiles y acaban por atrofiarse “. Y añade: “Gran parte de las patologías del cuello y los hombros que se padecen en el mundo desarrollado se producen porque ya nunca nos colgamos y nunca corremos a cuatro patas que, dicho sea de paso, es una de las cosas más divertidas del mundo “.

ESTILO DE VIDA ¿Qué opinan los médicos del tema? ¿Nuestro estilo de vida y de entrenamiento, lineal y robótico, nos está atrofiando los músculos? “Desde luego que sí. Todo lo que nos rodea está hecho a propósito para que así sea. Nuestro puesto de trabajo inclinado hacia el ordenador, los móviles y las ‘tablets’. Vivimos con los hombros caídos, la columna flexionada, los isquiotibiales acortados y los músculos cervicales retraídos. Así, un día y otro día”, sentencia Antonio Ríos Luna, traumatólogo, cirujano ortopédico y autor de Historias en zapatillas y Del sillón a la maratón.

En el terreno deportivo, tampoco mejora mucho la cosa. ” Nos dejamos llevar por la rutina, sin salir de la zona de confort, de lo básico . Si el cuchillo siempre corta por el mismo filo, habrá problemas”. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? “Introducir cambios: estirar, trabajar la fuerza, hacer pilates, entrenar de forma cruzada, alternar, cambiar y estimular zonas diferentes”, aconseja Ríos Luna.

“Más que atrofiarnos -ya que técnicamente la atrofia es una pérdida de masa muscular producida en pacientes con enfermedades y lesiones de larga evolución que pasan mucho tiempo en cama- yo diría que nuestra forma de vivir y de entrenar -no hacemos deporte con regularidad, ni estiramos lo que deberíamos- no ayuda al músculo a mantener su elasticidad normal”, sostiene Ricardo García Oviedo, profesor de Fisioterapia y coordinador del Área de Estancias Clínicas de la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid).

El sedentarismo provoca que “el músculo y ciertas estructuras tiendan a acortarse -a perder elasticidad y longitud- y ello nos llevará a tener, tarde o temprano, la aparición de dolores, molestias que obviamente afectarán a nuestra calidad de vida”. No sólo hablamos de dolor muscular, por ejemplo, también sería normal que alguien sedentario padeciera “inflamación, hinchazón en los tobillos pues el retorno venoso no es del todo correcto y de ahí esa sensación de pesadez en las piernas”. También es cierto que, a partir de los 40-45 años, el músculo sufre “una pequeña modificación viendo mermada su calidad . De ahí, que sea muy aconsejable adaptar el ejercicio a la tipología corporal de cada uno”.

Su opinión: “Hay que buscar la disciplina física que nos ayude a estar en forma según nuestras necesidades , haciéndonos más eficientes en el desarrollo de las actividades cotidianas, dando elasticidad a los músculos y demás estructuras”.

Moraleja: preocúpate más por la eficiencia de tu cuerpo y menos por marcar musculito. Te irá mucho mejor en tu vida cotidiana.