@TipsFemeninos // Inma Cuesta asegura que Hollywood no es su objetivo // Miami. La valenciana Inma Cuesta siempre rememora una de sus actividades favoritas de la adolescencia: recuperar los retazos de tela que su padre tiraba al piso en el trabajo para fabricar bolsos y carteras que luego vendería a sus compañeras. La tarea no estaba propulsada por la picardía sino por una meta inamovible: pagarse los estudios. Así, a los dieciocho años, Inma estudió Licenciatura en Arte Dramático y tiempo después, ya instalada en Madrid, hacía su debut en el mundo artístico de la mano de Nacho Cano con la puesta teatral de “Hoy no me puedo levantar”, el musical donde dio sus primeros pasos. Posteriormente, llegó la serie “Amar en tiempos revueltos”, donde a su vez se dio el lujo de demostrar que era un excelente cantante. Lo cierto es que ella es mucho más que una actriz, es una artista con todas las letras, una mujer que un minuto está haciendo doblaje de películas, publicidades y liderando programas televisivos y al minuto siguiente está embarcándose en largometrajes ambiciosos para los que deja toda su energía.

Debe ser por eso que a la española no le agradan demasiado los motes, más bien le gusta que la definan por cómo hace convivir distintas facetas, con el arte como la fuerza que lo impulsa todo: “No recuerdo haber querido ser otra cosa que no fuera actriz, cantante, pintora, bailarina, siempre he querido hacer algo artístico” expresó Cuesta, quien vivió toda la época de su éxito televisivo como una experiencia más dentro del amplio espectro de posibilidades. Solo dos años pasaron desde su debut en la pantalla chica con la mencionada “Amar en tiempos revueltos” hasta el descomunal suceso que fue “Águila roja”, la serie de Globomedia – ambientada durante el reinado de Felipe IV – que se estrenó el 19 de febrero de 2009 para seguir vigente hasta el 2015 con nueve temporadas que tuvieron cautiva a la audiencia, en España. De todas formas, como la propia Inma lo contó en más de una oportunidad, su deseo era el de ir hacia donde su instinto se lo pidiese y, en consecuencia, jamás se permitió abandonar el cine a pesar de haberse podido dormir en los laureles del rotundo éxito de las series de las que formó parte.

Desde “La voz dormida” hasta “La novia”: es una actriz que funciona en todo registro. En La voz dormida, película que le valió una nominación al Goya en tres oportunidades. La primera vez, en 2011, la nominación le llegó por “La voz dormida”, la película de Benito Zambrano que mostraba con brutalidad las consecuencias de la represión franquista en las posguerra. Inma interpretó a Hortensia, una presidiaria embarazada que es ayudada por su hermana Pepita (la deslumbrante María León, ganadora del Goya por su actuación). La química entre Cuesta y León fue perfecta, y ambas se pusieron el film al hombro con una naturalidad asombrosa. La segunda nominación al Goya no se hizo esperar: Cuesta fue candidata en 2013 por “Tres bodas de más”, la comedia de Javier Ruiz Caldera que tuvo a la actriz como protagonista excluyente. En esta oportunidad, interpretó a Ruth, una mujer que en un mismo mes se ve obligada a asistir a las bodas de sus tres ex novios. ¿Qué quedaba de esa actriz dramática visceral de La voz dormida? Muy poco. Cuesta supo cómo adaptarse al registro demostrando que la comedia romántica también es lo suyo.

La tercera nominación al Goya le llegó también con dos años de diferencia: en 2015 y gracias a “La novia”, el film donde más se vislumbra su ductilidad. La apuesta de la realizadora aragonesa Paula Ortiz dio en el clavo. Su película es una relectura sumamente libre de “Bodas de sangre “del gran Federico García Lorca, que consigue homenajear y al mismo tiempo correrse del material de base. Allí, interpretó a la novia del título, un personaje que le cayó como anillo al dedo ya que, en sus épocas de estudiante, Bodas de sangre era la tragedia que memorizaba para sus ensayos teatrales. Asimismo, entre “La voz dormida” y “La novia” nos encontramos con “Blancanieves”, otra propuesta arriesgada de Pablo Berger (y muda, ni más ni menos) inspirada en el cuento de los hermanos Grimm y con una impecable fotografía en blanco y negro, en la que Cuesta embebió lecciones actorales de la protagonista Maribel Verdú. “Nunca se me van las ganas de seguir aprendiendo y de seguir enfrentándome a retos cada vez más difíciles y diferentes”, contó, en su momento, la actriz. Sus flamantes pasos en el cine son consecuentes con esa postura.

Este año viene siendo muy movido para Inma. En primer lugar, formó parte de Kóblic , la película argentina de Sebastián Borensztein (que se estrena este jueves en nuestras salas) sobre un ex capitán de la Armada, partícipe de los vuelos de la muerte sobre el Río de la Plata, que termina refugiándose en un pueblo del sur del país. La actriz interpreta a Nancy, la mujer que lo acompaña en ese trance, pero que también tiene su propio infierno con el que lidiar. En segundo lugar, la actriz puede jactarse de recibir el mote de “chica Almodóvar” dado que, junto con Emma Suárez y Rossy de Palma, integra el elenco de Julieta, el flamante film del realizador manchego basado en los cuentos cortos de Alice Munro que ya tuvo su estreno en España, si bien algo opacado por las revelaciones del caso #PanamaPapers que involucra al cineasta.

“Pedro es uno de los directores más internacionales y pasará a la historia como un maestro del cine, así que es un sueño para cualquier actriz del mundo trabajar con él, me he divertido mucho”, expresó Cuesta quien, dentro de la industria cinematográfica, se presenta como toda una rareza. ¿Por qué? Porque no tiene a Hollywood como meta: “Claro que si me llaman para filmar allí sería un honor, pero no es un objetivo que me he puesto, para nada”. Así, de esa joven que juntaba retazos persistentemente para pagar su educación todavía queda mucho, como ella misma suele contarlo: “La ilusión y las ganas de querer seguir haciendo cosas siempre están”. ¡Bienvenidas sean!

Fuente: La Nación

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