El Oriental / Legítimamente tengo un problema con escuchar una y otra vez el mismo tema. Contacté a un maestro de música y estudioso del cerebro para encontrar respuestas.

Tengo un problema. Escucho hasta el cansancio las canciones que me gustan. En mi defensa puedo decir que seguramente tú también lo haces. Puedes darte cuenta que caes en lo mismo cuando olvidas cuántas veces has apretado el botón de ‘repeat’, la canción se queda en tu mente y decides que la única forma de sacarla de ahí es escuchándola a todo volumen con audífonos o con bocinas hasta que te hartes. Suelo clavarme con una canción, juego con sus diferentes partes en mi mente, y después siento el irresistible impulso de separar cada una de sus capas una y otra y otra vez. Y luego otra vez.

Preocupados y, en ocasiones visiblemente frustrados, amigos y colegas me han hecho recapacitar sobre que sí, en efecto tengo un problema. Afirman que les arruino las canciones, y a mí mismo, escuchándolas tantas veces. Y es verdad: para que una canción forme parte de mi lista de reproducción la someto a un intenso período de prueba de, al menos, cinco a diez reproducciones consecutivas.

Pero ya que mis amigos y colegas no tienen idea de lo que hablan, y yo reconozco filosóficamente que sólo sé que no sé nada, decidí averiguar qué tan poco saludable es el spam musical en realidad. Para ello, le pregunté a alguien experto en la materia y quién mejor que Peter Vuust, profesor de la Royal Academy of Music en Aarhus, Dinamarca, y líder de lo que se conoce como Center for Music in the Brain (Centro para la Música en el cerebro).

Peter es, objetivamente, una persona inteligente. En especial cuando se trata de música y/o el cerebro. Y además también toca jazz.

Noisey: Hola Peter. Me han dicho que escucho canciones hasta el hartazgo, lo cual se ha convertido en la fuente de gran angustia para la gente a mi alrededor (principalmente mis colegas). ¿Qué sucede en mi cerebro cuando escucho una canción?

Peter Vuust: La razón por la que nos gusta escuchar música y sentir el deseo de repetir canciones probablemente se deba a que afecta el sistema de recompensa de nuestros cerebros. Se trata de un sistema biológico que nos recompensa por hacer cosas vitales para sobrevivir. Por eso nos sentimos un poco “drogados” cuando ingerimos alimentos, y un poco más cuando tenemos sexo. Es la manera en que la naturaleza y la biología se aseguran de que repitamos las cosas necesarias para sobrevivir.

El sistema de recompensa hace que la música sea, quizás, el producto artístico que reutilizamos más tiempo. Después de todo, pocas veces vemos una película o leemos un libro más de dos o tres veces, pero cuando se trata de música podemos escucharla una y otra vez. La música también es la forma artística con más repeticiones.

¿Entonces qué sucede con mi biología que le ha hecho creer a mi cerebro que necesito escuchar “Rockstar” de Post Malone entre cuatro y seis veces al día para sobrevivir?

Es difícil explicar, pero sabemos que la música afecta nuestro sistema de recompensa. La forma en que lo hace varía de individuo a individuo; la música “pone” más a unos que a otros. Hay gente que no siente nada con la música; se ha documentado que sus sistemas de placer no registran ninguna actividad. No hay música que les agrade, y no pueden entender por qué otras personas invierten tiempo en ello. Por el contrario, hay gente que se le eriza la piel cuando escucha su tipo de música favorito. Sabemos que la dopamina —la droga natural del cerebro— regula todo esto. También existen drogas que funcionan liberando más dopamina en nuestros cerebros.

¿Qué tipo de narcóticos equivalen a escuchar música, en términos de dopamina?

La música tiene la increíble habilidad de colarse en nuestros mecanismos de supervivencia. Un poco como la cocaína. Pero los narcóticos afectan el cerebro en diferentes formas. Sabemos que cuando se consume cocaína, anfetaminas y ese tipo de drogas, el cerebro se inunda de dopamina. Pero sus efectos varían mucho, o eso he escuchado de personas que han experimentado con estas drogas. Y por lo que he leído. No es algo que haya experimentado personalmente, así que es difícil compararlo específicamente con la música.

¿Qué me hace querer escuchar la misma canción sin cesar?

En ese aspecto eres un poco especial. Podríamos decir que eres un poco adicto, como todos lo somos con la comida. Sin embargo, la “adicción” a la comida puede resultar dañina.

¿Como si tuviera un deseo crónico de McDonald’s?

Exactamente. O como si tuvieras frente a ti un recipiente con dulces y no pudieras dejar de comerlos, inclusive cuando ya estás satisfecho. Lo mismo ocurre con la música o las drogas. No necesitas todo esto para sobrevivir, pero se logra colar en nuestros sistemas. El aspecto positivo de la música es que no amenaza nuestro sentido de supervivencia.

¿Qué pasa cuando inevitablemente me harto de un track?

Si escuchas algo muchas veces se deposita del otro lado del espectro, y dejamos de aprender algo nuevo. Nuestros sistemas biológicos son hipersensibles en este aspecto. Quizás dicho espectro es mucho más amplio que el de tus amigos y colegas, lo que significa que te toma más tiempo darte cuenta que ya no estás aprendiendo algo nuevo.

Mmmh, ¿y no podría ser que en realidad aprendo más cosas que ellos?

Los músicos son mucho más sensibles a los cambios de sonido por minuto que las demás personas. También cabe la posibilidad de que eres bueno obteniendo mucha información de la música.

La música tiene la increíble habilidad de colarse en nuestros mecanismos de supervivencia. Un poco como la cocaína.

Sí, eso me gusta más. ¿Pero qué sucedería si odio a Nickelback y me obligan a escuchar “How You Remind Me” cien veces? ¿Le agarraría el gusto?

Lo que nos gusta también depende mucho de quiénes somos. Por ejemplo, yo soy académico pero también soy músico profesional y profesor de música. Es más fácil para mí decir que me gusta la música clásica que decir que me gustan los Beatles, a diferencia del resto de mis amigos. Todos contamos con la necesidad de identificarnos con ciertos grupos y la música es una herramienta importantísima para lograrlo. Cuando somos jóvenes, vamos a festivales. En ese contexto, la música es una forma de demostrarle al mundo que somos libres y estamos listos para la fiesta. Casi siempre es algo de lo que no estamos conscientes. Lo que significa que podrías escuchar a ese tal Nicko… ¿Cómo dijiste?

Nickelback.

Cuando hay un grupo de música que todo mundo odia, la situación se vuelve una cuestión de los grupos sociales a los que pertenecemos. Es un asunto biológico, pero también sociológico y psicológico.

¿Por qué las personas tienen hábitos diferentes para escuchar música?

Todos usamos la música de formas muy distintas. Algunas personas forman parte de clubes de ópera o van a escuchar ópera juntos. Otros van a partidos de futbol y entonan cánticos en el estadio. Nuestros cerebros son diferentes. Somos igual de diferentes en el interior que en el exterior.

Oh. Ok. ¿Y qué tipo de música escuchas tú, personalmente?

Escucho jazz y música rítmica. En este momento estoy escuchando el álbum Hand Jive del guitarrista John Scofield. Lo había escuchado un poco en los 90 cuando salió, pero no demasiado.

¿Existe tal cosa como un hábito dañino por escuchar música?

La música se ha usado como tortura. Por ejemplo, en Guantánamo reproducen una secuencia interminable de heavy metal a los prisioneros, lo cual es realmente incómodo desde el punto de vista cultural y biológico. Personalmente, no creo que haya buena o mala música.