La Nacion / @TipsFemeninos // La escuela de la intuición // Miami. No es extraño escuchar, hablar o leer sobre el poder de la intuición, como si se tratara de un don reservado para unos pocos, tocados con varitas mágicas que permiten actuar con menos impulso y moverse casi sin errores en su vida diaria.

Pero ese modo de ver las cosas lejos está de entender lo que pasa en un nivel más profundo, porque la intuición -aunque la mayoría lo desconozca- habita en todos. “Los humanos sabemos lo que va a pasar en un futuro inmediato, pero no siempre por eso accionamos…Tenemos un instinto débil, vedado, latente y sin desarrollar desde lo cotidiano, que se puede entrenar”, advierten expertos a LA NACION. Sólo hace falta conocer de qué manera, dónde y cuándo hacerlo.

“Tenemos un instinto débil, latente y sin desarrollar desde lo cotidiano, que se puede entrenar ” Compartilo En pleno barrio de Saavedra, instalada a pocas cuadras de un concurrido centro comercial y rodeada de casas bajas o de tipo chorizo, funciona desde 2001 la primera y única escuela de la Argentina (Edei) en la que se puede aprender sobre ese mecanismo interior, directo e instantáneo, llamado también “voz de la conciencia”, por el cual algunos mejoraron su rendimiento en el trabajo y en el colegio; otros dejaron de fumar o de beber, y varios pusieron fin a actitudes violentas, discusiones o peleas sin sentido, y estrecharon vínculos con parejas, amigos y familia, entre otros logros.

Hasta allí llegaron Jorge Marxer (ex piloto), Claudia Vattuone (ex gerente financiera) y María Eugenia de Filippis Vidal (ex profesora de arte), entre otros profesionales, con la idea de tomar aire fresco y poner en pausa sus rutinas, a partir de un método especial, basado en valores sociales a través de la intución, creado por el argentino Carlos Conti. Tras años de formarse y enseñarlo en forma gratuita (condición obligatoria de la iniciativa) en centros de jubilados y culturales, de gestión y participación ciudadana, y hospitales, tomaron coraje y reemplazaron sus tareas de siempre por las de la escuela de adultos, la primera gran apuesta, y el mano a mano con chicos, de entre 14 y 15 años, su arista más reciente.

La bandera de la Escuela de la Intuición, emblema de alumnos y docentes.
Autóctona, la técnica pone el acento en desarrollar un mecanismo para poder vivir mejor y en paz, y encontrar una manera más efectiva de relacionarse con el otro. “Enseñamos que todos cometemos errores, pero que esos errores se pueden prevenir con un aviso interno, desde los mínimos («se me cayó la lapicera»), que no tienen consecuencias o no afectan la vida de nadie, hasta los máximos («me drogué», «mentí», «crucé mal la calle»)”, describe a LA NACION De Filippis, maestra de intuición.

A diferencia de lo que históricamente sostiene la sociedad -que del error se aprende-, el eje está puesto en la prevención, y no en una revisión o corrección de la conducta. “Creemos que no es necesario llegar al error para erradicar vicios”, advierte.

Cuadernillos de ejercitación. Foto: Edei Actualmente, el método se enseña en la sede de Saavedra, ubicada en la calle Pico al 3500, y en cuatro colegios de la Capital y el Gran Buenos Aires que lo incorporaron como un módulo dentro de su programa clásico de estudios. Se trata, en realidad, de la veta más actual del proyecto, de la que participan unos 300 chicos que transitan la adolescencia y empiezan a moldear su personalidad.

Previamente, sus directores vieron, escucharon, leyeron y ejercitaron la técnica. “Es desde ese lugar que dicen: «quiero que los chicos reciban esta enseñanza»”, completa Vattuone, otra de las maestras.

Qué aprenden y de qué modo En cualquier caso, ya sea en la sede de adultos o en los colegios adheridos, el aprendizaje descansa en tres niveles: el primero, llamado “la intuición a través de la razón”, dura siete meses; el segundo, “a través de los sentidos (mirada)”, siete; y el tercero, “a través de los sentimientos”, también siete, adaptados a las edades y circunstancias: “Desde las primeras clases, los alumnos empiezan a reconocer el mecanismo y a integrarlo. Una vez que son avisados internamente e identifican lo que es correcto, pueden seguir dos caminos: caer en el error o prevenirlo. Con el tiempo, se dan cuenta de que todos elegimos no caer en el error, porque es algo natural”.

Parte del equipo de maestros, verdaderos guardianes del método. Foto: Edei “En una situación de picardía o rebeldía, piensan que les conviene mentir. Pero si antes estudiaron acerca de la intuición, saben que no tienen necesidad de hacerlo. Se va modificando la conducta”, ejemplifica De Filippis a este medio.

Los contenidos de las clases, que son de 45 minutos, una vez por semana, abarcan desde valores (respeto, solidaridad, nobleza), hasta prioridades (cuidado del cuerpo, familia, estudio, trabajo), sin pasar por alto las ramas de la persona y lo cotidiano. En cuadernillos semanales, el alumno registra y anota errores que luego revisa a solas con su maestro. Esta modalidad se repite hasta el final, sin puestas en común ni trabajos grupales, para evitar que su aplicación se confunda con una terapia convencional.

“Con este método, no hay altibajos, ya que el mecanismo es constante. Cada valor se integra y una vez que lo hace, no puede salirse de ese lugar. «Siento, actúo y me va bien, y como me va mejor, elijo ese camino». No tiene que ser un esfuerzo, sino un compromiso”, aseguran los especialistas en la visita por las instalaciones de la sede en Saavedra.

Parte de una clase sobre intuición. Foto: Edei Verdaderos guardianes Durante el recorrido se descubre por qué los maestros, cuya preparación demanda 14 años, son los verdaderos guardianes de esta técnica que exige dedicación, pero sobre todo rigor: están impedidos de transmitirla fuera de la escuela o los colegios involucrados. Además, son seguidos por veedores constantemente y filmados a diario para conservar la pureza de la idea gestada por Conti.

“Según estadísticas oficiales, ya pasaron por sus aulas, internas y externas, unos 10 mil alumnos” Compartilo “Garantizamos así que el crecimiento sea exponencial y que haya cada vez más instituciones interesadas en sumarse al proyecto”, comentan entusiasmados al repasar las cifras de lo conseguido hasta ahora: según estadísticas provistas por la misma institución, ya pasaron por sus aulas, internas y externas, unos 10 mil alumnos.

Productos intuitivos. Si la enseñanza es gratuita y no reciben, por esa condición, subsidios, ¿cómo se mantienen económicamente? Al ingresar, una serie de productos y objetos originales (cucharas que a su vez son cuchillos; chocolates artesanales, con nutrientes y sin aditivos; trapos de piso con agujeros en el medio para evitar que se escape el palo mientras se repasa el piso; o manteles con bolsillos para poner llaves y celulares, entre otros), fueron indicios de la respuesta que tiempo después darían los impulsores a este medio.

“En nuestros espacios libres, nos dedicamos a preparar productos, también desarrollados desde la intuición. Algunos son totalmente nuevos, es decir, no existían antes en la sociedad. A otros, les hacemos alguna mejora”, explica Marxer, quien enseguida detalla que “con la venta de esta línea de 150 productos se sostiene toda la estructura de la escuela, los materiales, los sueldos y las investigaciones”.

Fuente: LA NACION