El Observador /
La preparatoria Harding, escuela pública en St. Paul, Minnesota, siempre fue conocida como una escuela 90-90-90: 90% de los estudiantes pertenecen a minorías, casi 90% vienen de familias pobres o en apuros y, hasta hace poco, 90% (ahora un 80%) de sus ex alumnos van a una universidad o carrera.

Son estadísticas impresionantes, ciertamente. Pero quizá lo más asombroso de esta escuela es que reconoce la importantísima contribución que tiene una buena nutrición en el éxito académico. Y actúa en consecuencia. Así, les ofrece tres comidas balanceadas al día a todos sus estudiantes, algunos de los cuales no tendrían modo de comer en la escuela.

A quienes no pueden llegar a tiempo para un desayuno temprano, se les ofrece una comida sustituta después de la primera clase, que se la comen durante la segunda. Los estudiantes pueden recoger la cena al final de la jornada escolar y los que juegan deportes después de clases se llevan la cena consigo a las prácticas y los juegos.

Para Jennifer Funkhauser, profesora de francés en Harding y participante activa en el programa de comidas, hacer que los estudiantes estén bien alimentados es de primordial importancia para su éxito académico. Funkhauser y el personal de Harding están bien al tanto de muchos estudios que muestran que a los niños hambrientos y desnutridos les cuesta mucho trabajo aprender.

Cuando ella notó que algunos jóvenes se sentían incómodos comiendo con los demás en un comedor grande y ruidoso, Funkhauser les ofreció una opción más privada y tranquila de almuerzo.

La actitud y la atmósfera de Harding están en agudo contraste con las humillantes experiencias sufridas por estudiantes en el comedor de otras escuelas, donde a los jóvenes incluso se les pone en vergüenza en frente de sus compañeros y se les confisca la comida para tirarla a la basura cuando sus padres no pagaron la cuenta de la comida.

En un reciente artículo de The New York Times se señaló esta horrorizante práctica. Mis amigos judíos y yo la llamamos “shanda”, que en yiddish significa escándalo, desgracia, bochorno.

Pero los problemas actuales con el almuerzo escolar van más allá de poner en vergüenza a niños inocentes. El gobierno de Barack Obama abanderó importantes mejoras en el valor nutritivo de las comidas escolares, pero ahora, el Congreso dominado por los republicanos y el gobierno de Donald Trump han empezado a debilitarlas.

En 2010, impulsado por el activismo de Michelle Obama, el Congreso promulgó la ley de niños sanos y sin hambre para reestructurar el programa nacional de almuerzos escolares , aumentando las porciones de verduras, frutas y granos integrales, proporcionando calorías adecuadas para la edad, eliminando las peligrosas grasas trans y limitando el volumen de sodio. A las escuelas se les dio incentivos en forma de fondos de reembolsos de comida para invitarlas a participar.

Pero, ¡ay!, en la ley de asignaciones agrícolas de 2015, la Cámara de Representantes estableció exenciones para permitir que las escuelas que por cualquier razón tuvieran una pérdida de ingresos por seis meses pudieran no ofrecer las comidas saludables establecidas en la ley de 2010, como señaló la Dra. Jennifer Woo Baidal, pediatra afiliada al Colegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia, en un artículo publicado en The New England Journal of Medicine.

Pocos días después de haber asumido el cargo de secretario de Agricultura , Sonny Perdue, ex gobernador de Georgia, aplazó en al menos tres años el plazo para reducir el alto volumen de sal en los almuerzos escolares. El aplazamiento también les permitirá a las escuelas servir granos refinados y leche saborizada al 1 por ciento de grasa, en lugar de leche descremada. ¿Serán los avances en materia de verduras y frutas, calorías y otras grasas los próximos en estar en el cadalso?

Ofrecer una cantidad adecuada de alimento nutritivo en las escuelas es más importante de lo que muchos se dan cuenta. “Los estudiantes que toman alimentos saludables con regularidad tienden a estar menos cansados y a poner más atención en clase, además de que retienen más información”, observa Sean Patrick Corcoran, profesor asociado de economía y políticas educativas en la Escuela Steinhardt de Cultura, Educación y desarrollo Humano de la Universidad de Nueva York.

De hecho, estudios bien diseñados han demostrado que “los estudiantes en escuelas que contratan a proveedores de alimentos saludables tienen calificaciones más altas” en los exámenes académicos a nivel estatal, reportaron en abril Michael L. Anderson de la Universidad de California en Berkeley y sus colegas. Los estudios mostraron una mejora de 4 percentiles en la calificación en los exámenes por encima de las calificaciones de estudiantes de escuelas con comidas menos saludables.

“Si bien este efecto es modesto en magnitud, el costo de los proveedores saludables, que es bajo en relación con el de preparar los alimentos en la escuela, hace que este sea una forma muy efectiva de elevar las calificaciones en los exámenes”, concluyeron los investigadores.

En Minnesota, donde 10% de los hogares están considerados dentro de la “inseguridad alimenticia” y 1 de cada 6 niños está en peligro de pasar hambre, Wilder Research reportó en 2014 que la mejora de la nutrición en las escuelas es “un componente importante del programa de Mejora de Salud Estatal de Minnesota”. La fundación Amherst H. Wilder, de St. Paul, refirió estudios que muestran que el simple hecho de proporcionar desayunos gratuitos puede mejorar la asistencia a la escuela, la conducta y la concentración de los niños, logrando mejores resultados académicos.

Es evidente que un programa de comidas escolares como el de la preparatoria Harding implican su reproducción a escala nacional, no su recorte.

” La nutrición afecta el aprendizaje a través de tres canales : el desarrollo físico (por ejemplo, la vista), el cognoscitivo (por ejemplo, la concentración, la memoria) y la conducta (por ejemplo, la hiperactividad)”, observó el equipo de Berkeley. Por ejemplo, las dietas ricas en grasas trans y saturadas tienen un impacto negativo en el aprendizaje y la memoria, reduciendo sustancias del cuerpo que apoyan los procesos cognoscitivos y aumentan los riesgos de disfunción neurológica.

Las escuelas se han quejado de que a los niños no les gustan las comidas saludables y que tienden más a tirarla a la basura. Sin embargo, un análisis de tres estudios grandes, llevado a cabo por los Fondos Filantrópicos Pew, encontró que, siguiendo las reglas de mejorar la nutrición, el desperdicio de comida de hecho se redujo en doce escuelas de Connecticut ; los niños consumieron más frutas y verduras en ocho escuelas primarias del sureste de Texas y en cuatro escuelas primarias estudiadas por la Escuela de Salud Pública de Harvard, los niños comían más platos de entrada y porciones de frutas y verduras.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Cornell en una preparatoria de Nueva York en 2012 encontró que si se hacía que la comida saludable estuviera más al alcance de los estudiantes, sus ventas aumentaban en 18% y la cantidad consumida de alimentos no saludables se reducía en 28%.

Un estudio anterior de Cornell encontró que el simple hecho de mover la barra de ensaladas de un rincón al centro del comedor incrementaba las ventas y el consumo de este saludable producto. Los resultados también indican que darles a elegir a los estudiantes entre dos tipos de verdura y hacer que paguen en efectivo los artículos no saludables y las bebidas gaseosas refuerza el consumo de alimentos saludables sin reducir los ingresos ni la participación en los programas de almuerzos escolares.

Aunque los estudios no son concluyentes, sí señalan que con unos simples pasos, las escuelas pueden tener un importante efecto en lo que comen los estudiantes.