El Clarín / “Nos empeñamos en dirigir sus vidas sin saber el oficio y sin vocación. Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción”. Serrat

El origen de la obesidad de nuestros “locos bajitos” depende en gran parte de los padres, de su estilo de comunicarse, de su contención emocional o de su estilo educativo. Por eso, cuando hay un chico con sobrepeso es un asunto de familia.

Muchos creen que comer es instintivo. Pero el instinto es solo el comienzo. Las conductas que promueven obesidad se establecen bien temprano en la vida. Y esos patrones se arrastran a la adultez.

Los padres somos los arqueros o guardianes nutricionales de la familia. Además, por supuesto, somos los modelos; los principales transmisores de cultura. Por eso es importante que les ofrezcamos modelos saludables de alimentación.

¿Qué ven de mí mis hijos? Una mamá o un papá que no come un tipo de alimentos (verduras, carne, harinas, cosas ricas)  o que vive a dieta valida eso en sus chicos, lo normaliza. Por el contrario, comer de todo, no vivir a dieta, comer saludablemente pero incluyendo lo preferido y placentero, comer en familia, son las mejores estrategias para transmitirles buenos hábitos a nuestros hijos.

 Quién tiene el poder

Hace pocos días finalizó el Congreso de la Sociedad de Comportamiento Alimentario, en Portugal. En una investigación presentada se mostró que los padres de chicos con sobrepeso respetan más las comidas preferidas de sus hijos, se las ofrecen más frecuentemente y en general les ofrecen porciones más voluminosas de las mismas. En otro trabajo presentado en el mismo evento científico se señaló que el origen de la selectividad de los chicos se relaciona más con una menor variedad de alimentos ofrecida por los padres que con la neofobia (rechazo a los alimentos nuevos o desconocidos, normal en la evolución de los niños), sin embargo, los padres que presionan para lograr la aceptación solo pueden empeorar la situación. De hecho, fue posible observar que la media de los padres insisten para que los chicos coman un promedio de 50 veces por día. Los  investigadores concluyeron que la mejor estrategia para superar la neofobia y la selectividad es simplemente ofrecer los alimentos nuevos, al menos 10 veces, consumiendo lo mismo, en un ambiente relajado.

Comida y emociones

La interacción entre padres e hijos se establece desde el nacimiento. La comida es una importante ocasión de interacción social. El clima emocional en el que se presentan los alimentos es extremadamente importante para formar las preferencias alimentarias que nos acompañarán toda la vida. Tanto la actitud de los padres, incluso sin hablar, como el estilo de relación, determinan la conducta alimentaria de los chicos. Los mayores creamos el contexto afectivo en el cual se crece y se come. Por eso lo mejor es el modelado asociado a una comunicación positiva: felicitar los logros e ignorar los rechazos de comidas.

No hay padres perfectos ni familias de cuentos de hadas. No existen manuales para ser buenos padres. Muchas veces nos quedamos sin guión. Sin embargo, hay una verdad casi incuestionable: si creamos un clima distendido, armónico, amoroso, calmo, libre y aceptamos incondicionalmente lo que los chicos pueden y no pueden, ¡todo será mas sencillo! Y si en ese clima cocinamos la porción justa, aprendemos a percibir las señales de saciedad de los chicos, servimos la porción justa, comemos y hablamos de cómo fue nuestro día, seguramente ya con eso estaremos sentando las bases para una alimentación saludable. La infancia es una posibilidad única para establecer comportamientos saludables duraderos. ¡No desperdiciemos el tiempo!