La Nacion / “Somos seres espirituales haciendo una experiencia humana”, dijo Pierre Teilhard de Chardin, sacerdote jesuita que vivió hasta mediados del siglo XX.

No somos seres humanos que de vez en cuando tenemos una experiencia espiritual, ya sea porque vamos a una meditación, o a un templo. O pasamos un momentode retiro y luego retornamos a la realidad. No. Es al revés: somos un ser espiritual, que hace una experiencia humana.

Las plantas son seres espirituales que hacen la experiencia de ser planta. El animal es un ser espiritual, que hace la experiencia de ser animal. Así ocurre con todas las formas de vida. Lo podríamos decir de esta forma: un mismo software ; el Espíritu, atraviesa diferentes desafíos de hardware . Visto de esta forma, no hay lugar para el concepto de superioridad de una especie sobre otra. Solo hay diferentes desafíos.

Por mucho que quiera, un manzano no podrá dar bananas. Nunca un tigre será vegetariano ni un venado carnívoro. Ellos son quienes son y no dejarán nunca de serlo. En el hardware del ser humano, está la capacidad de ser quiénes son o de negarlo. Nosotros podemos elegir, o por lo menos, eso cree nuestra personalidad.

Elegir quiénes somos En cuanto a la personalidad, el ser humano nace incompleto. Un venado o un caballo recién nacido tienen que aprender en pocas horas a pararse en sus propias patas, encontrar el alimento y huir del peligro.

Un ser humano puede tener 50 años y todavía no saber pararse en sus propios pies, o encontrar la abundancia o escapar de riesgos. Es más: muchos buscan o desean situaciones peligrosas, sin darse cuenta que cuando lleguen a ellas, les hará mucho daño. ¿Por qué? Porque a diferencia del resto de los seres vivos, cuando el ser humano nace, debe desarrollar esa parte del hardware que le permitirá elegir ser quien es o negarlo. Eso que llamamos personalidad.

La palabra “personalidad” viene del latín, personare , y quiere decir máscara o careta.

Todos venimos al mundo con una esencia pura, inocente e inmaculada. Todos los asesinos, violadores, ladrones y abusadores del planeta también fueron bebés recién nacidos con estas características positivas. El problema es que fueron recibidos por un entorno que, a partir de diferentes vivencias y experiencias atroces, los convirtieron en personas capaces de tener actitudes monstruosas.

Saber cómo un niño se transforma en un asesino no justifica su accionar. Sin embargo, saber cómo se genera la personalidad nos dará la oportunidad, como especie humana, de transformar nuestra manera de acompañar al espíritu puro de cada bebe.

Quiero hacer foco en la existencia de la personalidad: esa máscara que todos los seres humanos tuvimos que ponernos para satisfacer al entorno que nos recibió. Todos.

Un niño recién nacido es un gran espejo puro que depende de la familia que lo recibió (los padres, el entorno, la sociedad), tomó la forma de aquello que lo estaba observando.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, había cientos de bebés dentro de enormes galpones que funcionaban como orfanatos.

Todos estaban en un mismo espacio, cada uno en su cuna. Los bebés se empezaron a morir y no tenían ninguna enfermedad, hasta que los cuidadores se dieron cuenta de la causa: no alcanzaba que los asearan y les dieran el alimento; necesitaban que alguien los mirara para poder sobrevivir.

Los bebés necesitaban sentirse vistos, porque en ese momento del desarrollo de la psiquis, ser visto es igual a ser amado.

Inevitable El ser humano necesita que otra persona lo observe mientras va gestando su personalidad. Algunas son agradables y otras desagradables, pero todas son una limitación de quienes somos, una máscara incompleta.

Nuestras actitudes reflejan mucho más el entorno que nos recibió, que a nosotros mismos. Los hombres son grandes defensores de la libertad, pero ninguno podrá descubrir lo que es ser libre hasta que no reconozca las limitaciones propias de su contexto. Tener personalidad no es malo, es inevitable.

Un hombre fuerte es aquel que venció a otro hombre. Un hombre muy fuerte es aquel que venció a muchos hombres. Un hombre invencible es aquel se venció a sí mismo. Aquel que venció a los barrotes de su personalidad.

Sanar nuestro lugar en el mundo es descubrir cuáles rasgos son esenciales y cuáles tuvimos que adquirir. Regalarnos este proceso de indagación es honrar la oportunidad de ser humano.

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