El País / Hasta no ver el “4” como primera cifra en la edad, uno sigue ilusionado. “¡Aún soy joven!” es el mantra. Pero ese “4” nos ubica. Ya dejaremos de ser treintañeros para empezar a ser cuarentones y luego cincuentones. La sonoridad misma, esa gravedad que viene con el “tón” final no parece augurar algo bueno.

Los 40 pueden ser vividos por algunos como el comienzo del declive, el descenso hacia las penumbras de la veteranía, cuando el cuerpo empieza a ceder cada vez más rápido ante la implacabilidad del reloj y su tic-tac.

Sin embargo, aunque la etapa final de la vida se pueda avizorar con mayor nitidez, aún quedan varias décadas. Y hay que aprovecharlas. Lo mejor es que parece cada vez más probable poder sacarle partido a la segunda mitad de la vida. “La longevidad es como una habitación. Hay que llegar con la llave para abrirla, y también importa el confort que esa habitación tenga para poder disfrutarla”, ilustra el geriatra Clever Nieto.

Más allá de esos slogans publicitarios como “Los 40 son los nuevos 20”, lo cierto es que la expectativa de vida ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos, gracias a un conjunto de factores en los que tiene que ver la ciencia pero también una mayor conciencia sobre lo que significa cuidarse. “Cuando yo era niño”, recuerda el médico y director ejecutivo de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular Mario Zelarayán —además doctor personal del presidente Tabaré Vázquez— “llegar a cumplir 100 años era algo tan extraordinario que solo eso ameritaba la tapa de la revista de Unesco. Hoy, y solo en Uruguay, hay más de 500 personas que ya han cumplido 100 años”, comenta.

Entonces, ¿qué hay que hacer para sacarle el máximo provecho a los años que quedan luego de llegar a los 40? Luego de consultar a varios expertos, Domingo aporta cinco tips para “cuerpo y alma” respectivamente.

Cinco consejos para cuidar el cuerpo 1 Diagnóstico “Lo primero que hay que saber es cómo se llega a los 40”, afirma Mario Zelarayán. Un exhaustivo diagnóstico médico es imprescindible, como también lo es adoptar la actitud de predisposición hacia consultas regulares, aunque no haya síntomas que las motiven. Así que hay que dejarse de procrastinar (o ilusionarse que porque no hay síntomas está todo bien) y llamar a reservar hora con el médico de cabecera.

Foto: M. Bonjour 2 La meta de los 65 años En segundo lugar —y esto es tal vez aún más importante — hay que plantearse la meta de llegar de la mejor manera posible a los 65 años. De acuerdo a Zelarayán, cumplir con esa meta aumenta la expectativa de vida: “Si uno llega a los 65 en buen estado, la perspectiva es diferente”, dice el médico y añade que estadísticamente se le pueden agregar 23 años más a la expectativa de vida del hombre, y 25 años a la de la mujer.

La analogía de Clever Nieto, de llegar con la llave y abrir la habitación para descubrir el estado de la misma viene a la mente en este contexto: “Sí, importa cómo llegamos”, admite Zelarayán, pero señala que hay una relación directa entre los órganos cerebro y corazón. “Todo lo que es bueno para el corazón, es bueno para la mente. Está esa idea de ¿Para qué voy a vivir hasta los 80 si no voy a estar bien de la cabeza?. Por eso recalco: si está bien el corazón, está bien el cerebro. Todos esos cuidados abonan la longevidad, y no son imposibles de conseguir”.

Más allá de comer “sano” y hacer ejercicio, consejos que se repiten sin cesar, las personas consultadas para esta nota hilan un poco más fino.

3 Hay que bailar Como tercer punto está la actividad (moderada o más intensa) corporal. Para empezar, hay que diferenciar entre “actividad física”, “ejercicio” y “deporte”, tres cuestiones muy distintas. Las primeras constituyen el nivel primario. “Caminar, andar en bicicleta o bailar. Si tuviera que recomendar una, sería el baile. Hay que bailar mucho. Es la actividad física más completa”, dice el médico. “Los ejercicios implican otro compromiso. Y el deporte es para quienes ya lo hacían, si no, no. Luego de los 40 no hay que empezar a hacer deportes”. En general, la regla es: seguir haciendo lo que se hacía si no hay alguna patología que lo impida. “Si la persona no tomaba alcohol, no empezar. No tomar nunca. Si tomaba un poco, seguir tomando eso: un poco. Y si tomaba mucho, disminuir todo lo que se pueda el consumo de alcohol”.

¡A bailar! Foto: Shutterstock 4 Tres a atender En cuarto lugar, como dice la geriatra y secretaria general de la Sociedad Uruguaya de Geriatría, Graciela Costa, hay que estar atentos a tres cosas en particular: la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto. Obviamente que los problemas de la segunda y la tercera edad no se agotan en esos tres puntos. “Es una generalización, pero a grandes rasgos esos tres ítems son los más problemáticos y a lo que se le debe prestar especial atención”, sostiene Acosta.

5 Reuniones y salir En quinto lugar, Acosta apunta hacia algo que no es estrictamente un consejo médico: “No hay que perder los espacios de socialización. Solamente comer bien y hacer ejercicio no alcanza. Importan mucho las relaciones humanas que se pueda seguir teniendo. Lo social va de la mano de la salud mental y el relacionamiento lleva a muchas otras cosas, como caminar, comer bien y salir”.

Hay que seguir saliendo. Foto: Shutterstock Cinco tips para alma y mente Para encarar lo que se viene luego de las cuatro décadas de la mejor manera posible, conviene también tener en cuenta algunos factores esenciales de la psicología. Uno de ellos, según el psicólogo social Fernando Berriel —del Centro Interdisciplinario de Envejecimiento, en la Universidad de la República— es que las diferencias entre los individuos empiezan a pesar más que antes.

Durante la juventud, y en contextos sociales similares, las diferencias no son tan pronunciadas como antes. Pero aún llegando a los 40 sigue habiendo algunas similitudes, acota Berriel. Una de ellas tiene que ver con la percepción del tiempo: “Empieza a pesar más la idea de cuánto tiempo nos queda por vivir. Antes, era algo muy abstracto. De pronto, ya no hay tiempo para algunas cosas”. Hay que administrar los años restantes en función de las posibilidades que se tienen, y hay que tomar algunas decisiones importantes. Pero como dice el psicólogo, pensar en eso “muchas veces nos angustia y nos entorpece” tomar esas decisiones.

1 Hablar sobre envejecer Para Berriel, un primer consejo puede ser “encontrar espacios donde pensar en eso, y hablarlo con gente”. Esa recomendación va dirigida especialmente a los varones, a quienes les cuesta más, en parte porque la noción de envejecer está asociada a la pérdida de autonomía, de valerse por sí mismo, algo que entra en conflicto con el estereotipo del varón proveedor.

Un segundo consejo, agrega el psicólogo, es pensar en las relaciones que se establecen con las generaciones más jóvenes, y tratar de que esos vínculos sean de “mentoría positiva”, no de imposición.

2 La actitud hacia la juventud Para el experto en envejecimiento, las relaciones que se formen con los más jóvenes incidirán en el estado en el cual se entra en la etapa final de la vida. Si se establecen vínculos signados por las mentorías positivas y generosidad para con los más jóvenes, aumentan las probabilidades de llegar a hacer una evaluación más positiva de lo vivido. En los últimos años de la vida “hay una especie de incremento de la interioridad. Lo que hemos hecho, los recuerdos, empiezan a tener más importancia”.

3 Reminiscencia vs. Nostalgia Un tercer consejo tiene justamente que ver con hacer una integración positiva con el pasado, que esté signada por la reminiscencia —que tiene una connotación positiva— y no por la nostalgia, un sentimiento que está vinculado a una sensación de pérdida y tristeza.

Pero no alcanza, claro, con pensar solo en el pasado, por más que ese mirada retrospectiva esté marcada por lo positivo. Un cuarto consejo tiene que ver con estar vinculado al presente. 

4 Conectarse al “aquí y ahora” El escritor y experto en el concepto de mindfulness Silvio Raij dice que estar conectado al presente de una manera saludable contribuye a tener una visión más optimista de lo que se tiene, sin lamentarse por lo que fue. “La persona que está envejeciendo y perdiendo sus capacidades físicas, aprende a disfrutar lo que tiene y no estar preocupándose por lo que va a pasar. Y tampoco añorar el pasado. El mindfulness dice que la vida nos enseña que todo lo nuevo envejece. Si yo me resisto a esa ley, sufro”, comenta Raij y agrega que el concepto trabaja sobre el apego: “El budismo dice que la raíz del sufrimiento humano es el apego. Cuando yo me apego a cosas externas a mí (sobre todo materiales) y eso desaparece, sufro. Y en realidad el mindfulness te enseña a ver la vida como un fluir de acontecimientos. Todo pasa. Es como un río: las personas pasan, las cosas pasan, nosotros pasamos… Nada está fijo y todo está en movimiento”.

Sin embargo, algo de “sufrimiento” (entendido en este contexto como incomodidad) puede ser útil para este período.

De acuerdo a Berriel, importa seguir sintiéndose exigido. A menudo, acota, uno se va retirando paulatinamente de cada vez más ambientes, por percibir que las exigencias que plantean los nuevos tiempos no pueden ser enfrentadas de una manera satisfactoria. Un caso paradigmático que puede ejemplificar esto es la tecnología y sus saltos hacia adelante, que a menudo son experimentados como demasiado grandes y rápidos por los veteranos, aunque el Plan Ibirapitá ha arrojado algunos balances positivos en el relacionamiento con la tecnología por parte de los adultos mayores.

5 Seguir complicándose la vida Berriel, como quinto consejo, dice que “hay que seguir complicándose la vida” y plantearse desafíos. “No se trata solamente de pensar en los aspectos gratificantes de la vida, que obviamente los tiene. También conviene pensar en aquellas cosas que nos desafían, cosas por las que valen la pena hacer un esfuerzo”.

Foto: Shutterstock Respecto a este último consejo, hay que tener en cuenta —como ya afirmó Zelarayán— que es cada vez más probable que el período vital se extienda y se llegue a un estado de longevidad que no implique el impedimento para desenvolverse de manera satisfactoria socialmente.

La nueva configuración etaria de la sociedad uruguaya, hará necesario el aporte de los más veteranos. Se podrá seguir contribuyendo, de distintas maneras, a la comunidad y el entorno, aunque ya se haya entrado en la jubilación y seguir sintiéndose útil y productivo.

Reconocer el valor de lo manual En 2006, el estadounidense Matthew B. Crawford —integrante de un think tank conservador— creyó encontrar una buena manera de entrar en la mediana edad (en ese momento, él tenía 41 años), en particular para gente como él, que trabaja en un contexto académico e intelectual, casi siempre en oficinas. Primero, Crawford publicó un ensayo, que luego creció hasta convertirse en un libro de rotundo éxito de ventas. En ese texto (titulado Una investigación sobre el valor del trabajo manual ) el investigador resalta la importancia de hacer algo con las manos, no solo porque ahí estarían según él, los “encuentros que dieron nacimiento a las ciencias naturales”, sino también por el reconocimiento social. Su hobby —arreglar mecánicamente motocicletas— lo hacía sentir valioso para los demás: “Sentí que tenía un lugar en la sociedad. Si decía think tank , tenía que explicar qué hacía. Pero si decía mecánico de motos, obtenía un inmediato reconocimiento (…) lo cual aumentaba mi sensación de formar parte”.

Se puede leer el ensayo completo en inglés acá. 

relaciones El sexo con más experiencia Una de las preocupaciones fundamentales cuando se traspasa la barrera de los 40 tiene que ver con la sexualidad. Tanto hombres como mujeres empiezan a preguntarse si seguirán siendo atractivos, si podrán seguir teniendo un desempeño que satisfaga al otro. Estas posibles angustias aumentan si la persona sigue soltera o se separó luego de años de estar en una relación. “Si en la juventud cada nueva salida de conquista es un desafío, una aventura que da ganas de ser vivida, después de los cuarenta suele costar un esfuerzo. Las reglas del cortejo amoroso no son las mismas que décadas atrás”, dice el sexólogo y escritor argentino Walter Ghedin,

Para él, las conquistas feministas de los últimos años influyen actualmente sobre la sexualidad: “Aquellos que se deciden a salir de nuevo al ruedo amoroso se dan cuenta que las reglas han cambiado. Las mujeres necesitan proteger las conquistas logradas después de muchos siglos de postergación y sufrimiento. No es bueno mostrarse frágil cuando se han logrado tantos éxitos en materia de autonomía y luchas por la igualdad de derechos. Insistir en seguir buscando al hombre de sus sueños y golpearse varias veces contra la misma pared, es dejarse llevar por una conducta sumisa, dañina”.

Para los hombres, en tanto, la veteranía puede tener efectos liberadores respecto a su sexualidad para Ghedin, porque “estar en la mitad de la vida ayuda a asumir responsabilidades respecto al cuidado del cuerpo. La influencia de los medios —que incita con los ideales de belleza y bienestar— más la necesidad de sentirse jóvenes y vigorosos, lleva a que los hombres incorporen pautas de cuidado que antes eran patrimonio de la feminidad: el culto al cuerpo, el uso de cremas, estar a la moda, etcétera impacta y así aparecen formas distintas de la expresión de la masculinidad (metrosexuales, spornosexuales, tecnosexuales, lumbersexuales, entre otros)”.

Por otra parte, Berriel dice que la vejez no es obstáculo para el encuentro sexual. “Lo que sí lo es es la desvalorización asociada a la vejez. Por suerte, la sexualidad es bastante más compleja que la imagen estereotipada que nos llega a través de los medios masivos de comunicación”.