@TipsFemeninos // Las dos caras de la moneda // Miami. Lo interesante de ir a un lugar distinto siempre ha sido el poder conocer situaciones, personas, comidas y espacios a los que no estoy acostumbrada. En la mayoría de las veces esta novedad me sorprende y me cautiva con lo distinto e incluso con lo similar. Como cuando los venezolanos vamos a Colombia y probamos otra versión de la arepa, esa sensación de: “que rico, es distinto, pero sigue siendo mi arepita” es algo que me conmueve y se guarda en mis archivos personales como: me gusta ir a Colombia.

Desde que estaba muy pequeña he tenido la oportunidad de viajar con mis padres, con mi pareja y hasta con amigos y siempre que conozco algo me imagino como sería  vivir en ese sitio. Observo a las personas que se ven en las calles, escucho las conversaciones entre ellos, admiro la arquitectura mientras construyo en mi mente la fantasía de como sería vivir en ese lugar. Ese ejercicio lo hago desde que soy una niña siempre con la premisa en mi mente de que había algo mejor allá afuera.
Esta ilusión que me acompañó durante toda mi vida se hizo realidad cuando decidí mudarme a Miami. Fue así como después de haber estado en varias oportunidades en La Florida llegó el gran día en el que por primera vez saldría de mi país para quedarme. La mezcla de emociones fue intensa. Alegría y tristeza se juntaron en mi pecho para formar un globo inmenso en mi alma y mi corazón. Pero como siempre he sido optimista logré que la tristeza se aplacara para así darle cabida a la emoción de “comenzar de nuevo”.
Definitivamente ir a otro país es como volver a ser bebe en un cuerpo de adulto y más aún si el idioma es distinto al de uno. A mi me tocó de una forma bien “especial” porque yo no tenía amigos, primos, hermanos, familiares, etc… No tenía a nadie que me recibiera en su casa “mientras me ubicaba” (como ocurre con la mayoría de las personas que migran a este estado). Tampoco veníamos con una empresa multinacional que nos diera trabajo, casa y sueldo fijo… Nada que ver… Yo simplemente venía con mi esposo, mis dos hijos, todos mis ahorros y embarazada a comenzar una vida distinta.
No fue fácil pero yo siempre he confiado en El Universo, en Dios, en mi Fé, en algo Divino que me ayuda y me guía así que aunque tuvimos muchos “choques culturales” también me encontré con personas maravillosas que sin conocerme me ayudaron. Pero el punto es que descubrí que así como todas las monedas tienen dos lados a las ciudades les pasa lo mismo. Una cara es la que vemos cuando nos vamos de vacaciones y la otra la que descubrimos cuando vivimos en ese sitio.
Todos y todo tiene dos lados, no precisamente uno bueno o uno malo, pero si dos contextos totalmente diferentes así que si logramos entender eso quizás podamos tomar nuestras decisiones con más determinación. Mi papá siempre me decía cuando yo era pequeña: ” todo problema tienen mínimo tres soluciones. El problema más complejo tiene tres soluciones así que cuando no veas una salida ya sabes que hay tres posibles soluciones que no estás viendo”. Ese consejo me recuerda lo que aprendí en este último año viviendo en Miami: todo tiene varias versiones de lo mismo, la moneda tiene dos caras. La pregunta es: con cuál lado decido quedarme? con el que me agrada o con el que me fastidia?.
Rebeca Montoya