El Clarín / Muchas veces escuchamos que la meditación nos ayuda a realizar cambios en nuestra vida emocional, a partir del impacto que produce. Pero…¿cómo debemos practicar para cambiarlas? Y: ¿qué queremos modificar cuando practicamos?

La realidad es que cuando hacemos una práctica formal sentada (ya sea en un almohadón, en una silla, etc.) tenemos varias posibilidades de impactar en ellas, considerando que puede ser de manera indirecta o directa.

La manera indirecta tiene que ver con practicar concentración y atención plena a todo lo que surge como fenómeno mientras estamos sentados. Allí vamos detectando, además de sonidos, sensaciones físicas y pensamientos, algunas emociones que emergen en forma más intensa o sutil. Podemos sentir angustia, aburrimiento, alegría, entusiasmo, temor, ansiedad …un abanico importante de emociones suelen tener su expresión en esos momentos. Pero la realidad es que nosotros nos sentamos a “recibir” todo lo que aparece, no sólo las emociones. Y una vez recibidas lo que hacemos a “aceptarlas” e “integrarlas” en nuestro presente de aquí y hora.

Esta práctica nos ayuda a reconocer las emociones. Pero evidentemente es una práctica indirecta, porque no buscamos especialmente trabajar con emoción alguna. Sus beneficios, como decimos, tienen que ver con el reconocimiento emocional.

En segundo lugar, podemos sentarnos a practicar atención plena a las emociones puntualmente, o a una emoción, si es que queremos observarla. En este caso, nos concentramos sólo en las manifestaciones emocionales y quizás también en el tejido que ellas conforman con los pensamientos y sensaciones físicas. Por ejemplo, trabajo con el miedo que siento a una charla que tengo que dar en la empresa para mucha gente : mientras observo mi miedo, también reconozco sus implicancias físicas (malestar estomacal, ciertos cambios en la respiración, etc) y mentales (“saldrá todo bien, y qué pasa si me preguntan algo que no sé”). La intención de la práctica es dejar fluir la emoción, no bloquearla, y sólo profundizar mi conocimiento sobre esa emoción sin juzgarla. Esto también “desactiva” el efecto nocivo de la emoción en mí (aunque no siempre).

Una tercera práctica tiene que ver con otro modo de trabajar las emociones, y se acerca a lo que llamamos “visualización”. Esta técnica, si bien utilizada más en otras prácticas meditativas y no tanto en Mindfulness, puede ser buena para trabajar algunos aspectos emocionales.

Puntualmente, podemos sentarnos y tratar de vernos con una emoción en algún momento de nuestras vidas (cuando me robaron en la calle por ejemplo) y recrear nuestra vivencia allí , mientras dirigimos por ejemplo compasión o lo que llamamos “amor incondicional” hacia nuestro sufrimiento. Esta última práctica es muy conocida en el ámbito meditativo y nos conecta con una dimensión de amabilidad por todos los seres del Universo (aunque parece sonar algo ilusorio en principio).

O también podemos trabajar una emoción que creemos que debemos desarrollar en nosotros, como la generosidad, la humildad, la discreción , etc. En este caso podemos visualizarnos a nosotros mismos en situaciones cotidianas viviendo con profundidad aquello de lo cual adolecemos. Es como un ensayo de “cómo querríamos ser”. Esta práctica podríamos llamarla, siguiendo al Dalai Lama, fortalecer los antídotos de nuestro egoísmo como la avaricia, el orgullo y la tendencia a hablar de los demás.

En un sentido más estricto, quizás podríamos llamar a todas estas características personales “rasgos” o “estilos de personalidad” más que emociones. Ser generoso es más que un estado emocional, es una actitud de apertura y reconocimiento del otro y su necesidad que trasciende una sencilla emoción. Goldman las ha llamado “emociones altruistas” en su obra, pero ciertamente esta denominación parece disminuir su alcance en la personalidad.

Una cosa más: no olvides llevar lápiz y papel a tu práctica meditativa , a veces podés tomar notas o registrar vivencias importantes que quieras recordar una vez finalizado el ejercicio, cuando está fresco el contenido en tu mente y en tu cuerpo.

Así, comenzaremos a transitar el camino del autodescubrimiento del mundo emocional sin miedo, como un desafío inmenso de nuestra sofisticada existencia.

*Martín Reynoso es psicólogo y coordinador de Mindfulness en INECO.