El Clarín / Es inútil buscar algo que no existe. Perseguir la perfección es una eterna maratón sin premio ni trofeo. Romper con el mito de que la perfección, la delgadez y la belleza son sinónimos de felicidad es uno de mis objetivos como profesional. Porque tener esa visión de una vida perfecta basada en una apariencia determinada nos hace mal, nos afecta y puede enfermarnos.

El dietismo, los trastornos alimentarios y la obesidad pueden afectar a cualquiera sin importar la raza, el sexo, la edad o la religión. Pero los jóvenes son quienes pagan las peores consecuencias, pues son los que menos preparados están para asumir los desafíos que implica perseguir un ideal.

Hay estudios que indican que los niños entienden el concepto de belleza entre los 3 y 13 años. Es decir que ya a esa edad empiezan a elegir lo “bello” para tenerlo cerca o para exhibirlo con orgullo.

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Violencia simbólica de género

El problema hoy es que colocamos a la delgadez y la perfección como eje de la belleza. Y para alcanzar ese ideal de belleza, las mujeres, principalmente, se someten a dietas extremas, restrictivas y que dejan de lado el placer de comer .

La sociedad engrandece la imagen y hace culto de ella. Los gurús de turno, los especialistas en dietas heterodoxas, los famosos o líderes de opinión que ponen de moda estilos de alimentación reclaman lealtad, obsesión y fanatismo .

Las chicas que adhieren al dietismo son las groupies del siglo XXI . Son como esas adolescentes que admiraban y seguían obsesivamente a sus ídolos musicales.

Parafraseando al sociólogo francés Pierre Bourdieu, me atrevo a decir que las dietas también son una forma de violencia simbólica de género , aunque suene fuerte concebirlas de esta forma. Pero es algo a lo que la mujer se somete, porque, de acuerdo con las estadísticas, por cada 20 mujeres hay un solo hombre a dieta.

Es grave porque somos nosotras mismas las que aceptamos esta “violencia” . Nadie nos dice “morite de hambre, consumite tu cerebro, tu músculo e hipotecate tu futuro”. Lo hacemos por el ideal actual de belleza, por ese monólogo interno que ya asimilamos de la sociedad, de las redes sociales, de la publicidad, de los blogs de moda.

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La realidad es que ni un número en la balanza, ni una cuenta de Instagram o Facebook son certezas. Tampoco lo es un plan alimentario con un número acotado de alimentos. Nada de lo que te mencioné anteriormente te hará encontrar la felicidad. Porque la felicidad es un rico plato de comida equilibrada, un pequeño placer, un grupo de amigos, tu pareja, tus seres queridos.

La alternativa más saludable -a nivel físico y mental- que podés elegir en tu vida es la flexibilidad . ¿Qué significa? Es permitirte comer comida rápida en un paseo con tus amigas, aunque seas una consumidora de platos caseros, organizados y saludables. Es comer con eje en el placer y la moderación, de manera de convertir la alimentación saludable en algo sustentable tanto mental como emocionalmente. Y no estás engañando a tu influencer favorito porque hoy no comiste ese plato que subió a Instagram. Simplemente te estás mimando vos misma y te estás dando un gusto.

Y si sentís culpa, repetí como un mantra: “Disfruto hoy de comer un poquito de lo que más me gusta… porque mañana será otro día y podré seguir disfrutando”.

* Médica Especialista en Nutrición. Fundadora del Equipo de Trastornos Alimentarios del Hospital Municipal Dr. Carlos G. Durand y directora de los Cursos de Posgrado de Nutrición de la Universidad Favaloro.