La Prensa / Las secuelas del acoso escolar tocan fondo.

Incluso, impactan más que el maltrato que un niño podría recibir durante su infancia por parte de personas mayores.

Un estudio publicado en la revista The Lancet Psychiatry ha encontrado que el efecto del bullying durante la niñez es más nocivo en la salud mental del niño cuando se convierte en adulto, que el impacto que causaría que este habría sido víctima de alguna forma de maltrato emitida por sus padres o por algún otro adulto.

La publicación “Adult mental health consequences of peer bullying and maltreatment in childhood: two cohorts in two countries”, que utilizó información proporcionada por 4 mil 26 niños del estudio “Avon Longitudinal Study of Parents and Children” (llevado a cabo en Inglaterra), y de mil 420 niños evaluados en el Great Smoky Mountains Study (en Estados Unidos), fue realizado por investigadores de University of Warwick y Duke University Medical Center.

Ambas datas se compararon y se encontró que los niños que sufren acoso escolar y otras formas de maltrato tienen más riesgo de padecer problemas de adultos, como ansiedad y depresión, y tienen más probabilidades de autolesionarse.

En cambio, aquellos niños que solo fueron víctima del maltrato y no bullying tenían más posibilidades de desarrollar de depresión al comienzo de su vida adulta, pero no padecían otros problemas de salud mental.

El psicólogo Ezequiel Meilij afirma que eventos perturbadores, adversos, traumáticos y vergonzosos del pasado pueden sentar las bases de creencias negativas y distorsionados acerca del evento en sí. “Esto puede predisponer a la persona o hacerla más vulnerable a desarrollar problemas de salud mental, ansiedad, depresión, etc”.

En palabras del especialista, el trauma del bullying causa cambios en el cerebro y afecta el sistema de respuesta al estrés. “Estas personas victimizadas por el bullying pueden seguir ‘viviendo en tiempo de trauma’, es decir, aunque estas experiencias están en el pasado, ellos seguirán actuando y reaccionando a situaciones similares en base a aquellas vivencias”.

Este tipo de eventos traumáticos no se olvidan, sino que se superan con ayuda terapéutica , explica el psicólogo Meilij.

Impacto del trauma

La psicóloga Gaby Smith, miembro de la Fundación Relaciones Sanas, comenta que las secuelas del bullying podrían abrir campo a trastornos de ansiedad y depresión debido a que la persona aprendió desde su niñez a ser rechazada, acosada, humillada y probablemente con incapacidad para hacerle frente a la situación.

“Estos síntomas se agravarán dependiendo la frecuencia, intensidad y el tipo de bullying que experimentó la persona. (…) Si la situación no es atendida por un profesional que pueda contener emocionalmente y darle herramientas al niño para ayudarle a salir del círculo del bullying , esto podría convertirse en un problema a largo plazo y desencadenar en trastornos de ansiedad o depresión en la vida adulta . La razón por la que esto se da es porque el niño probablemente se ha sentido indefenso, solo, con poca capacidad para reaccionar ante su entorno y esto solo se extrapola después a la vida adulta”.

De acuerdo a la psicóloga, para catalogar un hecho como bullying , tres criterios importantes deben estar presentes siempre: presencia de agresión, repetición en el tiempo e indefensión de la víctima. “Esto quiere decir que debe haber intencionalidad del bullying , esto perdura en el tiempo y la víctima no logra defenderse por sí sola”, explica.

Por su parte, la psicóloga Rodsella Aragundi, también de la Fundación Relaciones Sanas, plantea que todo maltrato físico, emocional o sexual deja secuelas, al igual que ser víctima de acoso escolar.

Cada caso es específico, pero en algunos el acoso escolar no ha dejado secuelas tan graves o la persona ha podido superarlo debido a la resiliencia , es decir, que ha podido recuperarse de manera rápida ante la adversidad, anota Aragundi.

“Otros han optado por olvidar lo ocurrido, pensando que no tiene conexión alguna con lo sucedido en el pasado, pero que consecutivamente ha impactado su vida adulta. Pueden haber situaciones específicas que detonen a la persona adulta, porque les recuerda de manera inconsciente el acoso que sufrieron de pequeños”, añade.

Muchas veces no se tiene la respuesta, y se actúa de cierta manera desconociendo el porqué, y no es hasta que se hace una introspección “o miramos dentro de nosotros mismos, a través de la terapia psicológica, que podemos darnos cuenta de nuestras acciones, decisiones y patrones de comportamiento”.

Una vez que se haya encontrado la raíz de los síntomas, es decir, que haber sufrido acoso escolar pudo ser uno de los detonantes, se puede trabajar en buscar estrategias para lidiar con los problemas actuales.

“Vivimos en una sociedad que se ha vuelto intolerable ante las diferencias de los demás , hay una necesidad de defenderse de situaciones de manera violenta (manejar de manera defensiva, insultar a las demás personas).

Si hacemos una revisión de lo que les pasó durante la infancia, podemos determinar que en muchas ocasiones, estas personas sufrieron algún tipo de abuso, en las que se sintieron indefensos, sin poder parar el acoso escolar y continuo por un período largo”, argumenta.