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Las telas alternativas y la ropa inteligente son las nuevas apuestas de la industria de la moda Bufandas hechas de fibras de naranja, vestidos de seda creada en laboratorio y anteojos fabricados a partir de jeans reciclados son algunas de las innovaciones. En Chile, un grupo de diseñadores se está uniendo a la revolución.   Janina Marcano Fermín  “¿Es la moda moderna?” fue el título de una exposición inaugurada el pasado septiembre en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Allí, la casa de modas británica Stella McCartney presentó un vestido hecho de seda creada en un laboratorio. Hasta hace unos pocos años, McCartney, que es vegana, era parte de un grupo exclusivo de diseñadores que hablaba de mezclar sustentabilidad y tecnología para hacer prendas con materiales alternativos o reciclados. Eso parece estar cambiando.

Solo este año, Adidas lanzó a nivel mundial una colección de zapatos fabricados con desechos plásticos recuperados de playas, la firma italiana Salvatore Ferragamo promocionó bufandas hechas de fibras de naranja y la empresaria rusa Miroslava Duma, uno de los nombres más influyentes de la industria, lanzó Fashion Tech Lab, una empresa que financia y desarrolla proyectos enfocados en moda sostenible a través del uso de la tecnología.

“Ante la carencia de recursos naturales, se están buscando alternativas”, dice la chilena Sofía Calvo, directora del blog Quinta Trends y escritora de libros sobre la industria. “La producción de ciertos materiales requieren ciertas grandes cantidades de agua y eso hace que sea más difícil producir telas tradicionales. En algunos casos también tiene que ver con factores netamente económicos, como lograr aprovechar desechos para producir bienes de buena calidad, pero con menos costo”, opina.

Telas de laboratorio

Este año, Stella McCartney firmó un contrato con ingenieros para crear telas en laboratorio a partir de levadura y azúcar. El líquido resultante se convierte en una fibra y luego en hebras que se pueden tejer a través de un proceso de hilado en húmedo.

A nivel nacional, un grupo de diseñadores está dando pasos similares. La chilena Camila Ríos, directora de Open Textiles, un centro de investigación para la industria textil con sede en Santiago, se encuentra trabajando en un experimento junto a la U. Católica para crear cuero a partir de bacterias fermentadas con azúcar y vinagre. “Tiene un aspecto parecido al papiro, es 100% biodegradable y al momento de su producción no requiere químicos”, dice Ríos, quien cree que el vuelco de la industria tiene que ver con que la crisis ambiental del planeta ha generado un cambio de mentalidad en la industria. “Esto es una tercera revolución industrial. Los diseñadores de moda somos los responsables de este desequilibrio y también los de revertirlo”.

Ropa fabricada con cobre y que desprende vitaminas a la piel es otra de las innovaciones nacionales. “No podemos seguir consumiendo por consumir”, dice la diseñadora Luz Briceño, quien junto a sus socias Rocío Cassis y Soledad Silva crearon The Copper Company, una empresa que está fabricando telas inteligentes con micropartículas de cobre. Una de ellas tiene vitamina D incorporada a través de nanotecnología. “Ponemos la vitamina en unas microcápsulas que se rompen al estar en contacto con la piel y permiten que la sustancia entre como un cosmético”, dice Briceño, quien comenzó su proyecto a través de Codelco Tech, una aceleradora de proyectos relacionados con el uso alternativo del cobre. Hoy trabaja con un infectólogo de Clínica Alemana y con científicos de las universidades de Santiago (Usach) y del Desarrollo (UDD). Otra de sus telas, pensada para deportistas, es fotoluminiscente y se carga con luz solar.

Moda sustentable

Actualmente, The Copper Company está generando una alianza con una fundación de reciclaje textil. “La idea es que la gente lleve sus prendas cuando ya no las quiera, ellos las trituran y con eso vuelven a hacer hilados. Así le damos a la ropa una economía circular”.

Con una idea parecida en mente fue que el chileno Thomas Kimber creó Karun World, una marca que vende anteojos hechos con tela de jeans reciclados, redes de pesca y residuos de madera. “Recortamos el jeans y las redes en pedazos muy pequeños, los convertimos en pellets (masa circular pequeña) y luego armamos los lentes a través del modelo de inyección”, dice Kimber.

Al menos en Chile, la producción de ropa a partir de estas tecnologías sigue siendo limitada y más costosa que opciones convencionales, cuenta Ríos, quien cree que todavía es un desafío poder posicionar estos productos. Lo mismo opina Kimber. “Nos va bien, pero no existe la cultura de la innovación. Si bien hay talento, hace falta la convicción de que estos emprendimientos pueden agregar valor y competir afuera”.

 Ropa en impresión 3D Maquinar.io es un instituto de diseño chileno que empezó a crear accesorios a partir de la impresión 3D. Se trata de la misma tecnología que la casa de modas Chanel usó en 2015 y que permite que las prendas salgan de las impresoras listas para vestirlas. “Hoy, para hacer una polera, se corta y se cose. Nosotros nos preguntamos: ¿qué pasa si reemplazamos el corte con tijera y lo hacemos con láser?”, comenta la diseñadora chilena Camila Ríos. “Lo que hacemos es probar con herramientas de fabricación digital para interrumpir los procesos que hoy hace la industria y que requieren más recursos”. Actualmente, tienen a la venta un bolso.