@TipsFemeninos // Literatura para bebes // Miami. Balbuceos, risas y gorjeos. Pañitos húmedos y pañales. Coches y teteros. Todo está listo en la librería Espantapájaros. Los cojines en el piso y los cuentos alrededor de ellos. Los bebés llegaron al lugar para disfrutar de una hora de literatura. La diversión está a unos minutos de empezar.

Los pequeños lectores esperan el inicio de la actividad. Sofía juega al té. Matías se baja del coche y mira con atención a todos los niños que están cerca. Santiago duerme en los brazos su mamá. Emilio abre la boca para recibir la última cucharada de compota de manos de su abuela. Los bebés se mueven de un lado a otro. Ríen y juegan. Sus acompañantes los llevan de la mano o los cargan para entrar con ellos a las habitaciones donde va a comenzar una hora literaria bautizada Cuentos en pañales .

Música clásica ambienta la habitación seleccionada para esta actividad menor en la librería. Los pequeños cogen los cuentos que están en el piso y los observan. Matías se acerca a Ana María, la persona encargada de guiar la actividad, quien pone un libro frente a su cara y le dice: “¿Dónde está el libro?”. Espera unos segundos. Lo mueve y responde con un tono más agudo: “¡Aquí está!” Matías se ríe a carcajadas. Al lado de ellos, Mariana gatea para alcanzar un oso de peluche. Llega a él. Lo abraza y lo acaricia.

Las mamás, las abuelas y las nanas se sientan al lado de los niños. Ana María empieza la actividad. Coge un canasto y comienza a cantar: “A guardar los libros, los vamos a guardar”. Los bebés escuchan la canción. Sujetan los libros que estaban en el piso y se acercan al canasto para meterlos en él.

Ocho bebés son los reyes del lugar. Se dispersan a cada rato hasta que de repente un sonido llama su atención: es el ruido que produce una gallina de mentiras. Sin dudarlo, se dirigen hacia ella para escuchar mejor. Cogen los huevos que encuentran en el juguete y los mueven como si fueran maracas. Los pollitos dicen , de Gerald Espinoza, es el cuento seleccionado para conquistar a estos lectores del futuro.

Se sientan alrededor de Ana María: algunos en sus cojines y otros en las piernas de sus acompañantes. Ella pasa las páginas y los niños continúan moviendo los huevos a su propio compás. Matías se mete la mano a la boca mientras presta atención a la historia. El cuento finaliza y los balbuceos vuelven a dominar el ambiente.

Es el turno para Chigüiro y el baño , de Ivar Da Coll. Ellos están entretenidos con la historia narrada a través de ilustraciones y les siguen la pista a los personajes. Mientras tanto, Mariana gatea hasta el libro para tocar sus páginas. Ana María realiza diferentes gestos de acuerdo con la aventura del chigüiro. La mujer que acompaña a Juan José le habla al oído y señala el libro.

La historia del chigüiro finaliza y los bebés se dispersan de nuevo. Matías pone su mano en la ventana, mira el parque y pronuncia con dificultad la palabra “agua”. Su mamá, que está sentada junto a él, le dice: “Sí, Matías. ¡Está lloviendo!”.

Después de unos minutos, aparece en escena el libro Vistiéndose , de Helen Oxenbury. Los 16 oídos en crecimiento escuchan atentos cómo se viste un bebé. La historia comienza con la postura del pañal. En ese momento, Sofía levanta su vestido rojo para compararlo con el atuendo del protagonista del texto. Ana María continúa la lectura hasta que hace una pausa sorpresiva y pregunta: “¿Ustedes trajeron zapatos?”. Después de unos segundos, todos señalan sus crocs, sus tenis o sus baletas.

El cuento de Oxenbury llega a su punto final. La profesora de música del jardín ingresa a la habitación con una guitarra. Canta “Pin Pon es un muñeco…” y todos suspenden lo que están haciendo para escucharla. Matías aplaude. Santiago, que estaba durmiendo en los brazos de su mamá, abre los ojos para identificar de dónde viene ese sonido y sonríe. Juan José patalea y mueve su cuerpo al ritmo de la música; y Sofía camina hacia el instrumento para tocar las cuerdas y participar en la canción.

Otra de las coordinadoras de Cuentos en pañales ingresa al recinto con un canasto repleto de pelotas. Los bebés las miran y se dirigen hacia ellas lo más rápido que pueden. Una niña gatea detrás de una pelota amarilla. Cuando la alcanza, la mete en su boca. Las bolas rebotan de un lado a otro. Todos ríen y juegan con ellas. La profesora de música continúa tocando la guitarra y canta Arroz con leche . Sofía observa que el canasto está vacío y se mete en él. Su abuela, que la está mirando desde el otro lado, se le acerca, la levanta y le acomoda bien los cachumbos del pelo.

Risas y balbuceos por todo lado. La música no deja de sonar. La diversión sigue hasta que Ana María canta: “A guardar las pelotas, las vamos a guardar”. Cada niño coge una y la pone en su puesto. Sofía ya no ríe, ahora llora. La razón es clara: se llevaron el canasto con las pelotas. Su abuela la consuela y le seca las lágrimas con mucha ternura.

La actividad está a punto de finalizar. Es tiempo de que los bebés escojan los tres libros que quieren llevar a su casa. Los ojos grandes y azules de Gerónimo Mendoza observan con atención una caja que contiene diferentes cuentos. Su mamá lo está sosteniendo porque él todavía no se logra mantener en pie. Empieza a chupar un libro para indicar que ese es el que quiere. Ana María anota en su cuadernillo el nombre de los que va a llevar: ¡A comer! , Gato tiene sueño y Cuando el elefante camina . Los mete en la tula y le da un marcador a Gerónimo para que firme. Él hace un garabato para terminar el proceso de préstamo de libros.

Una sesión más de Cuentos en pañales acaba de terminar. Dentro de ocho días, los pañitos húmedos, los coches, los pañales y los teteros volverán a ser los protagonistas en la librería Espantapájaros; el próximo miércoles, a las 2:30 p.m., se iniciará otra hora de literatura que no arrulla, sino que despierta a los lectores del futuro.

Fuente: El Espectador

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