El Tiempo de Colombia / Si usted siente que solo existe en la vida de su pareja cuando llega la noche o en la madrugada, y a esas horas hace presencia con insinuaciones eróticas a través de mensajes, lo más seguro es que su interés no vaya más allá del catre.

Digo esto porque ese tipo de relaciones existen, al punto de que resulta fácil identificar a ese alguien cuyo objetivo está enmarcado solamente de la cintura para abajo: es aquella persona que jamás le presenta sus amigos, menos a su familia, y que parece andar por la vida como un solitario al que no se le puede preguntar por nada más de lo que deja ver.

La periodista argentina Marcela Antonacci refuerza lo anterior al sostener que quien solo quiere instalarse en la cama, por lo general, rechaza cualquier tipo de invitación que lo ponga fuera de este mueble, como ir al cine o a comer o a cualquier evento social. Insiste ella en que son parejas a las que hay que rogarles para que no salgan corriendo después del polvo y que se niegan al mínimo retozo, porque un resorte los lanza de nuevo a su casa.

Esto sin contar que no se sumergen en intimidades de ningún tipo y que a la hora de la conversación, los monotemas son los que los invaden, y otras opiniones siempre quedarán de lado.

Ah. Por si fuera poco, la contraparte toma relevancia cuando empieza a quitarse la ropa o comienza a compartir su desnudez. Si se trata de redes sociales, jamás dará un ‘me gusta’ a las fotos de quien ha compartido bajo las sábanas y nunca intercambia mensajes públicos con ella.

Si bien parece tonto, en caso de dar un regalo, todo gira en torno al sexo: juguetes, disfraces o elementos afines. Aunque no hay que dudar de que se muestra cariñoso, fogoso y esencialmente entregado (o entregada) durante las faenas, en las que desborda sensualidad y buen trato. Pero es la misma persona que siempre tiene un compromiso atravesado cuando es invitada a una reunión con la familia o a un paseo con amigos.

Cosas simples, sostiene Antonacci, pero que vale la pena conocer bien sea porque se está dispuesto a encarar el asunto con tranquilidad o simplemente a estar alerta y seguir el juego. Porque en este caso es recomendable dar un paso al lado después de que este ejemplar desaloje el catre.

Una vez, vaya y venga, pero por siempre: qué jartera.

Hasta luego.