El Mundo / Numerosas investigaciones han comprobado que tener expectativas durante un viaje hacia un destino desconocido acorta la ruta, ¿El secreto? Está en las emociones que se transforman según nuestra percepción del tiempo

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Hay recorridos que pasan muy rápido, otros parecen no acabar nunca. Lo que suele cumplirse es que el viaje de vuelta se hace casi siempre mucho más corto que el de ida, aunque la distancia sea la misma. ¿Cómo puede ser posible? La explicación nos la da Isabel Serrano, psicóloga y directora de EnpositivoSI , según la cual el sentido del tiempo cambia según nuestro estado emocional .

Viajar hacia un lugar desconocido altera los sentimientos de una persona. “Tenemos una capacidad proyectiva que nos permite imaginar cómo podrá ser el futuro. Así, creamos emociones de futuro como la fe, la esperanza, la confianza o el optimismo. A nivel mental, la cosas que están cerca (conozco dónde está mi casa en mi mente hacen pasar el tiempo deprisa, las cosas que están lejos (no las conozco) el tiempo pasa muy despacio”, señala Isabel Serrano.

Además, la experta subraya que en los viajes novedosos se genera ilusión y ansiedad, dos emociones que aumentan la dopamina , un neurotransmisor que impulsa la actividad neuronal y acelera nuestro reloj cerebral. En otras palabras, el tiempo pasa más lentamente en las situaciones de incertidumbre y más rápidamente en las que nos sentimos seguros.

Influencias externas Parece sencillo, aunque el fenómeno tiene muchos matices. También que tener en cuenta a el estado de ánimo de los demás . “Si vemos a una persona triste, el reloj se ralentiza para que aceleremos nuestra sensación de paso del tiempo y nos apresuremos en consolarla”, afirma la psicóloga Serrano. Y, también influye “la tarea que estemos realizando. Si es entretenida el tiempo no nos importa. Sin embargo, si es tediosa no paramos de mirar el reloj y, ya sabemos, si le hacemos caso, quedamos atrapados en la caprichosa tiranía del tiempo”.

Este efecto relacionado al viaje de vuelta fue analizado en numerosos estudios internacionales. Entre los que, destaca el The return trip effect: why the return trip often seems to take less time , llevado a cabo por Niels van de Ven, Leon van Rijswijk y Michael M. Roy, tres profesores universitarios estadounidenses, que comprobaron que el viaje de vuelta parecía entre el 17 y el 22 por ciento más corto que el de ida, si bien el trayecto contaba con los mismos kilómetros.

De este análisis se desprende que no sólo son las expectativas las que influencian la mente, sino también interviene el entorno conocido . Volver a casa, ir al supermercado o dar un paseo por el centro son actividades que hacemos numerosas veces, así tantas que ya conocemos el recorrido. Esto implica una menor concentración de la mente durante el camino y una situación de absoluta tranquilidad. Lo curioso es que podemos sentir las mismas sensaciones cuando vemos una película por segunda vez. La ilusión de volver a disfrutarla, acelerará las manecillas de tu reloj mental.