Expansión / El ‘no’ es el nuevo ‘sí’. Ahora intento negarme a hacer todo lo que pueda

Hoy no me levanté a las 6.30 de la mañana para asistir a una reunión de desayuno en Knightsbridge. Mañana no iré a un almuerzo en el que se servirán sándwiches para discutir un proyecto en el que no estoy nada involucrada.

El jueves no iré a una fiesta veraniega para hacer contactos. Tampoco estoy escribiendo un artículo para un sitio web que se olvida de pagar a sus suscriptores, ni voy a conceder una entrevista a una emisora de radio australiana. Podría haber estado haciendo todas estas cosas, pero a todas ellas he dicho que no.

Además de hacerme mucho más feliz, decir ‘no’ me ha colocado en el centro de la última tendencia. El ‘no’ es el nuevo ‘sí’. Es la respuesta más de moda entre la gente que tiene éxito.

Hace diez años era lo contrario. Había una selección de libros en Amazon que defendían el sí a todo. Ahora han sido sustituidos por ‘¡El poder transformativo del no!’ y ‘Cómo decir no sin sentirse culpable’. Hay hasta un libro de colorear para adultos titulado ‘Cómo decir no’.

La semana pasada el ‘no’ adquirió estatus de culto. En un blog para Harvard Business Review se aseguraba que no es suficiente con decir ‘no’, sino que hay que comenzar a celebrarlo todas las veces que lo digamos.

En realidad no es tan absurdo celebrar que hemos dicho ‘no’. Desde que leí el blog, me ha dado por comenzar el día dando las gracias por las cosas que me he negado a hacer. No tengo que escribir ese artículo hoy (¡viva!), ni tomarme un café con esa persona (¡qué alivio!), ni asistir a ese almuerzo.

Con cada ‘no’ que anoto mentalmente, el día mejora. Ahora salgo de la cama con ganas de hacer las cosas que han logrado superar mi filtro de negaciones.

Se podría decir que esta actitud es egoísta. Cada vez que decimos que no podemos hacer algo, decepcionamos a la persona que ha hecho la petición. Y cada labor que rechazamos crea una tarea que otro pobre tonto tendrá que hacer.

Pero hay otra manera de verlo: los fanáticos del ‘no’ lo están reinventando como una alternativa altruista.

En el sitio web Entrepreneur hay un blog en el que se insiste en que decir ‘no’ es bueno, ya que abre espacio para que otros empleados puedan ascender. Y decir ‘no’ en el trabajo te permite pasar más tiempo en casa con la familia.

A mí se me ocurre algo aún mejor. Si hubiera suficientes personas que dijeran ‘no’ a cosas sin sentido, se lograría una distribución de recursos más eficiente. Si todos nos negáramos a asistir a reuniones y eventos aburridos, al final la gente dejaría de organizarlos.

A pesar de ser una gran admiradora del ‘no’ en el trabajo, hasta yo reconozco que a veces es la respuesta equivocada. Lo difícil es saber cuándo se debe dejar de decir ‘no’ y comenzar a decir ‘sí’.

El Harvard Business Review recomienda calificar las oportunidades del uno al 10, pero mi sistema es más sencillo. Yo les digo ‘sí’ a las cosas que a) tengo que hacer; b) quiero hacer; o c) debo hacer.

El problema con este sistema es que muchas veces no queda claro si tienes que hacer algo, o si realmente quieres hacerlo. Pero en ese caso hay una regla: si lo dudas, debes decir ‘no’. Además, menos trabajo siempre es mejor que más.

La mayor diferencia entre ‘sí’ y ‘no’ es que uno es fácil y el otro difícil.

El ‘sí’ lo puede decir cualquier tonto, mientras que el ‘no’ exige carácter, compromiso y valentía. Decir ‘no’ se vuelve más fácil con la edad: yo con los años me he convertido en una verdadera maestra, pero todavía se puede mejorar.

Es importante decir ‘no’ rápidamente. Si te andas con rodeos, cabe la posibilidad de que te engañen para que digas ‘sí’ por error.

También he aprendido a no justificarme, y a que es mejor no mencionar que estamos demasiado ocupados porque eso significa que no sabemos decir ‘no’.