La Nacion / Córdoba. El glamour y la alta costura llegaron en impresión digital. Hubo diseños de los argentinos Benito Fernández y Ricky Sarkany, de una colombiana, de una brasileña y de estudiantes cordobeses. La ciudad fue el escenario del 3D Fashion Day, el primer desfile de este tipo en el país.

Moda, diseño, arte y tecnología fueron vinculados en los diseños que las modelos exhibieron en la pasarela montada en la Capilla del Buen Pastor, por donde pasaron treinta trajes producidos con tecnología de impresión 3D, fabricación digital y robótica. La propuesta reunió a diseñadores nacionales e internacionales, artistas, expertos de las áreas de robótica e ingeniería de universidades provinciales y nacionales; y fabricantes de impresoras e insumos.

La artista Irene Presti, cofundadora de Like 3D y presidenta de la Cámara Argentina de Impresión 3D y Fabricaciones Digitales, explicó a LA NACION que el objetivo del desfile fue acercar las últimas tendencias y novedades sobre tecnologías “revolucionarias y disruptivas que cambiarán el paradigma de la moda”.

La satisfacción de lo inmediato La clave del cambio es la posibilidad que tiene el diseñador de ver su idea concretada antes de producirla en cantidades. La impresión 3D modifica la secuencia de la industria de la moda, donde primero se dibuja, se arma una parte para ver cómo se ve el producto y, finalmente, lo manda a hacer.

“Para nosotros es común, lo vemos todos los días -dice Presti-, pero tanto el público como algunos diseñadores se entusiasmaron con lo que implica la aplicación de esta tecnología. Primero tenían cierto temor, pero cuando el producto final salió, la actitud cambió totalmente”. De hecho, Sarkany ya inició conversaciones para continuar trabajando con esta modalidad.

Gentileza de los organizadores. El diseñador industrial y modelador 3D, Sebastián Turk, fue el encargado de los diseños de Sarkany. Describe que trabajaron de dos maneras, por un lado, mandaron propuestas cerradas para imprimir y, por otro, los modeladores le hicieron llegar una imagen de una escultura, “un concepto para convertir en calzado”.

“La experiencia es muy buena, permite hacer piezas exclusivas o bien usar el 3D como maqueta y después replicar a escala industrial. En la industria el ida y vuelta entre maquetas y matriz implica meses y mucho dinero, con la tecnología las correcciones se hacen directamente en la computadora y en una semana puede estar la versión definitiva”, indica.

El cliente al mando A escala global marcas como Nike y New Balance abrazan la tecnología 3D como la posibilidad de personalizar sus productos. Eric Sprunk, COO de Nike, afirmó que esperan que esta revolución sea aprovechada tanto por los consumidores como por las empresas, que proporcionará una herramienta para que los clientes hagan sus diseños y paguen por un fichero para imprimir en 3D.

Presti subraya que esa es “la clave”, aunque reconoce que es más fácil de llevar adelante en el calzado y en los accesorios que en la ropa, pero que con el tiempo también se avanzará en esa línea. “Por ahora la tendencia en indumentaria son las intervenciones, como las que empleó Benito”, define.

Gentileza de los organizadores. En el segmento del calzado hay empresas que vienen trabajando “mucho y hace tiempo”, señala Turk, quien entiende que la generación de un “mercado de usuarios personales” en impresiones 3 D no está “tan lejos” porque los costos de las máquinas caen a medida que su uso crece. Hoy están entre los 20.000 y los 100.000 dólares.

“No pretendamos que salgan cien zapatos iguales -advierte Presti-. La tecnología no apunta hacia la masividad de un modelo, sino a hacerlo lo más personal posible. Incluso, después de impreso el producto, se le pueden hacer intervenciones”.

Gentileza de los organizadores. Los especialistas sostienen que las impresoras 3D y 4D abren paso a una nueva revolución productiva que se fundamenta en la fabricación personal.

Silvina Moschini, titular de la consultora Intuic, sostiene que ya entre las aplicaciones más importantes se cuentan las del sector salud (hay pruebas con órganos impresos con esta tecnología) y la arquitectura, pero está convencida de que la posibilidad de “tener un auto o una casa impresos en 3D no es ficción”.

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