El Clarín / La llegada del primer hijo nos coloca frente a un territorio desconocido, prometedor de cosas bellas, obstáculos, placeres, incomodidades, que requerirá una nueva disposición y habilidades para recorrerlo amorosamente, atentos, y con la curiosidad de un niño.

Un hijo es un hito en el ciclo vital de los seres humanos que marca un antes y un después en cada uno de los protagonistas y por consecuencia en la historia de la pareja y de la familia en general.

Como todo nuevo proyecto, este hecho fundante  es anticipadamente  idealizado  y enfocado  en su aspecto de plena felicidad y realización personal, y si bien esto es absolutamente cierto, debemos tener en cuenta que la felicidad tiene diferentes ingredientes . Para alcanzarla vamos integrando una de cal y una de arena. Alegría, satisfacción, placer, disfrute, se entrelazan con, miedos, incertidumbres, ansiedad, enojos, celos, desagrados, etc. 

Toda esta situación implica un dificultoso reacomodamiento .  Un abordaje de los cambios que se van sucediendo. Para no sucumbir en el intento, es deseable que podamos poner:

– atención plena , en este momento de nuestra vida

– desactivar el piloto automático , y

– detenerse a mirar y mirarse.

Cada persona, cada pareja, cada familia es singular, y singular será este proceso de nuevos aprendizajes.

Sin embargo, podemos conocer algunas de las situaciones recurrentes para comprender lo que nos va pasando.

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– Miremos en primer término al nuevo ser que recibimos. Después de atravesar la difícil prueba del nacimiento, el bebé se asoma al mundo de los adultos, dejando un lugar  protegido, abrigado y seguro, casi sinónimo de una cápsula espacial. En una suerte de transferencia de energía y afecto, el cuerpo y los brazos de la madre se transforman en un nido de amor donde puede volver a sentirse seguro. Después de vencer el primer obstáculo, inicia su vida en este planeta. Necesita de  sus padres, quienes con la mayor dedicación y ternura lo introducirán en el nuevo universo. Podríamos decir que el nacimiento es el hecho más trascendental en la existencia de los seres humanos.

–  Desarrollemos empatía amorosa . En los primeros meses, su forma de comunicar y conectarse con el mundo externo será muy primitiva. El llanto y sus movimientos corporales necesitarán de un intérprete para saber si ese niño llora por hambre, dolor, incomodidad o angustia.  Es habitual que en medio de nuestra propia angustia por ser padres primerizos, no tengamos muy en cuenta que el bebé es aún mas primerizo que nosotros en el mundo y “la angustia” no suele tenerse en cuenta como posibilidad. Es habitual escuchar alguna de estas frases: “es un manejo, ya que comió y está limpio”. “te está tomando el tiempo”, “es un vivo, quiere brazos”, “dejalo llorar hasta que aprenda”.  Todas aseveraciones que si las pasamos por el tamiz de la  reflexión, nos damos cuenta de lo absurdas que resultan. Un bebé no cuenta con recursos internos como para construir un manejo y/o tomarle el tiempo a alguien. Por otra parte, es importante recordar que ese bebé está construyendo un nuevo mundo.¿Por qué desestimar la necesidad y el deseo de estar en brazos  en una etapa en la que está adquiriendo seguridad y necesita de la protección de los adultos que lo rodean?

– Receptividad y tolerancia.  Todas las manifestaciones de rechazo, indiferencia, abandono, serán vividos por este niño con angustia, sintiendo la ruptura con el mundo externo. En los primeros meses la madre y el bebé forman una  totalidad inseparable.  El niño demanda los brazos reconfortantes de su madre en primer lugar y el vínculo materno filial requiere del sostén del  padre para facilitar el apego. 

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–  El bebé se irá nutriendo de esta importante vitamina de amor . Las caricias,  sonrisas, miradas, palabras dulces, le proporcionan sentimientos de seguridad y lo estimulan en el crecimiento que se inicia.  Sus experiencias transforman su cerebro y cada progreso será el estimulo para nuevas experiencias.

– Confianza y una mirada amplia.   Aunque parezca lo contrario, el bebé no viene con un caos debajo del brazo,  sino que  forma parte de un proceso de cambio  en el que cada uno debe resignificar su lugar .  Si nos centramos en el núcleo familiar y su vida cotidiana, una de las situaciones que irrumpe a modo de obstáculo es el ritmo del sueño del bebé y  la armonía del mismo con  la necesidad de descanso y de intimidad de los progenitores.

– Aceptar los cambios.   Merece un espacio mencionar otros importantes cambios que se dan en la pareja de padres y en el entorno. Tenerlos en cuenta modifican la mirada sobre esta suerte de caos que se produce en los primeros meses de la crianza. La pareja que tiene una corta o larga historia de a dos pasa a integrar a un tercero . Debe hacerle un espacio  no solo físico, sino mental, afectivo y temporal. La madre establece un vínculo simbiótico con su bebé y esto puede generar un sentimiento de desplazamiento en el varón. 

– Tener en cuenta las diferencias. La mujer sufre secuenciales cambios físicos y su cuerpo nunca volverá a ser el mismo. Un suceso visceral la ha atravesado de una manera absolutamente transformadora. Le llevará un tiempo volver a sentir ese cuerpo como propio. Para el varón tampoco esta mujer será la misma, porque ahora además de ser su pareja se ha convertido en madre, después de atravesar un embarazo y un parto, es decir,  una revolución corporal y emociona l. 

· Todo está interconectado.  Sigamos sumando, no sin antes tomar en cuenta que se trata de una cadena de cambios que se mueve como un todo. Como consecuencia de lo anterior, la sexualidad de los padres también se verá afectada. Las prioridades cambian, la intimidad se resiente, la madre dedica toda su libido al vinculo con su bebé, y entonces habrá que volver a empezar, no sin antes tomar conciencia de que se trata de un proceso y, como tal, implica tiempo . Entonces la sexualidad de la pareja también tendrá un antes y un después.

– Pasar del punto de vista a vista del punto y viceversa . Volvamos ahora al tema que enmascara a todos los demás, el ritmo del sueño del bebé . Tendemos a creer que él es el responsable de todo lo anterior, que ha venido “con el caos debajo del brazo”. Pero no es así: todos están transitando, en mayor o menor medida, una crisis que, como tal, ofrece una oportunidad para nuevos aprendizajes a disfrutar.

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Ahora podemos preguntarnos: ¿Cómo resolvemos este caos? ¿Como logramos que nuestro bebé aprenda la diferencia entre el día y la noche? ¿Cuándo y cómo recuperamos nuestra intimidad?

Arriesgamos aquí algunas sugerencias para que cada uno pueda gestar sus propias respuestas. 

– Tómense unos segundos, uno o ambos padres, en un lugar sereno y agradable. Observe sin juzgar: ¿cómo diferencian ustedes, con más experiencia en el mundo, el día de la noche?   Dese algunos segundos para responder, sin apelar a la razón, sino más bien al corazón.

– Ponga la  atención plena en sus hábitos de descanso. ¿Le da lo mismo trabajar de noche que de día? ¿Suele desvelarse con facilidad? ¿Cuáles son los rituales y/o hábitos que favorecen sus horas de sueño?

– Agregue todo aquello que lo ayude a ponerse en el lugar de un niño que se inicia en este aprendizaje .

– Luego dedíquense a crear y/o inventar ciertos hábitos o códigos que marquen la diferencia en el clima del hogar . Por ejemplo, un horario habitual para el baño, música tranquila, luces bajas. No dejen tareas importantes para el horario del crepúsculo, los bebés suelen necesitar afecto y protección en este horario: abrácenlo y dispónganse  a alimentar esta necesidad. No caigan en el error de creer que si lo toman  en brazos se acostumbrará y luego continuará demandando por la noche.

– Dialogue con el niño , cuéntele que ambos están aprendiendo, y todo lo que tenga deseos de comunicarle. Hay personas que le hablan a las plantas, a los animales, pero cuando le llega el turno a un bebé afirman que “no entiende”; tal vez no lo haga del modo que un adulto espera, pero es seguro que percibe su gesto.

– Determine un horario de final del día e inicio de la noche . Sepa que esto le llevará un tiempo que vale la pena invertir. Criar a un niño requiere amor, tiempo y dedicación. Si lo está haciendo dormir y al mismo momento mira un programa por TV o mira mensajes en su celular, el niño percibirá que no está con él y luego se lo cobrará en otro horario.

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– Cuando el niño llora , después de comprobar que no tiene hambre ni necesita ser higienizado, abrácelo manteniendo la  serenidad y la quietud o acúnelo, pero  no lo bata agitándolo para arriba y para abajo, porque de este modo le transmite mayor ansiedad. Si le dan ganas de batir, vaya y hágase un licuado. Póngase siempre en su lugar y piense si le gustaría que lo zamarreen cuando se siente emocionalmente lábil.

– Seguramente cada día desea fervientemente que su bebé comience a dormir toda la noche, pero nuevamente se frustra cuando el llanto le interrumpe el sueño.  Cambie la mirada creativamente , vaya a dormir con la convicción de que tendrá que levantarse, deje preparado un lugar cómodo donde acunarlo, prepare una música relajante y arme una especie de programa nocturno. Piense que su hijo lo/la está invitando a meditar , confíe en la sabiduría espiritual de ese ser.  Transforme esta circunstancia en algo provechoso para ambos e intente disfrutar . Recuerde cuántas veces fue a trabajar con pocas horas de sueño después de haber trasnochado por alguna reunión de amigos. Eso prueba que también sobrevivirá a esta situación que es transitoria.

– Si le sirve, piense que en el mismo momento que usted se encuentra acunando a su bebé en la madrugada, hay otra/o madre/padre que aguarda sentada/o en la silla de un hospital rezando para que su hijo sane. Agradezca este privilegio y transforme este momento en una  meditación activa , dialogue amorosamente con su hijo, conéctese con todas sus sensaciones, aun con las más sutiles.  Asegúrele que están para amarlo, protegerlo y cuidarlo, que no lo dejarán solo.

– Confíe en su sentido común, en el amor con el que esperó a ese niño . Siempre recuerde que “el que siembra margaritas no recogerá papas”. No se preocupe si se equivoca, su primer hijo comprenderá que usted es un/a inexperto/a aún,  y que para aprender hay que equivocarse y volver a empezar. Es el mejor ejemplo que se puede transmitir a alguien que transita sus primeros  aleteos en esta vida.

* Eugenia Douek. Licenciada en Trabajo Social. Profesora de Yoga. Especialista en Técnicas Corporales Terapéuticas. Docente de la Cátedra de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UBA.  Integrante del equipo de profesionales de  Comer Despierto: Alimentación Consciente Basada en Mindfulness .