Diario Extra / Muchos factores influyen en el deleite sexual del ser humano y algunos trascienden más allá de las tradicionales, y ya conocidas, variables físicas y emocionales, creando grandes diferencias en los diversos encuentros íntimos.

La gratificación que genera el acto sexual es enorme, sea en la relación de pareja o en un encuentro casual. Sin embargo a veces, de manera inexplicable, con determinada pareja se alcanza un disfrute a granel mientras que, con otras parejas, de atributos similares, la gratificación surge, pero no en esas magnitudes.

Cuando se analiza esta experiencia sexual, de manera enigmática, no se puede explicar por los rasgos corporales, las variables físicas ni por los estereotipos de belleza. Así puede que, con una persona extremadamente atractiva, el acto sexual resulte insípido, carente de ese gusto especial, y puede que con una persona mucho menos atractiva se desencadenen esas cascadas de placer.

Frases que oímos a diario como “tiene la gracia escondida”, o interrogantes como “¿qué le verá?”, “¿cómo anda con esa mujer?”, “¿cómo sale con ese hombre?”, suelen hacer referencia a esa faceta sexual que socialmente pocos entienden.

Ese goce sustancialmente diferente depende de la interacción que se dé al momento del encuentro sexual. La forma de desenvolverse, de expresar el afecto, de propiciar el deleite y de estimular las diferentes partes del cuerpo marcan la diferencia.

En la vida íntima, cada detalle pesa, cada detalle es importante, cada detalle puede ser un detonante del placer o puede por el contrario inhibir el deleite. Una palabra pasada de tono, un beso mordelón, una caricia enérgica, un suspiro que irrumpe, un gesto de placer, una mueca de dolor placentero, una sonrisa pícara, un olor característico, pueden ser suficientes para que la experiencia sexual alcance un aura indescriptible.

Esos detalles son tan sutiles que las parejas solamente los disfrutan, pero no los pueden identificar. Ni él ni ella son conscientes de qué es lo que vuelve tan gratamente la experiencia sexual. A nivel popular, se recurre al término “química sexual” para expresar esa interacción tan excitante que ocurre entre ciertos amantes.

Este término trae consigo cierta especificidad, en el sentido de que implica que el acto sexual con una persona puede ser sencillamente fantástico aun cuando otras parejas no encuentren, a esa misma persona, especial o diferente en la cama.

Es decir, se trata de un asunto muy individual, que podríamos resumirlo en que cada miembro de la pareja tiene un comportamiento sexual en la cama que enloquece específicamente al otro y no necesariamente a otras parejas.

Es común que ese deleite tan singular se inicie desde el mismo preámbulo, la sola incitación trae consigo un matiz sexual diferente que se prolonga a lo largo de todo el encuentro íntimo y con frecuencia se extiende aún después de que ha acabado el acto sexual.

Por lo general, esa química es mutua, tanto él como ella tienen ese “algo” que les genera una fascinación recíproca. Es una especie de conexión, un cóncavo y un convexo, un entalle perfecto que hace de cada relación sexual una explosión de placer.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Lunes 25 Junio, 2018

HORA: 12:00 AM

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