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Desde los cuidados de higiene íntima hasta el placer, durante la historia el órgano reproductor femenino ha estado envuelto en todo tipo de especulaciones y teorías reprobables. A continuación, el Dr. Antonio Jesús Hernández Sánchez, del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, nos ayuda a desmentir algunos de estos falsos mitos:

 

1. No se estira eternamente después del parto

 

Aunque el tamaño de la vagina varía al tener un bebé, eso no quiere decir que ya no deje de ‘estirarse como un chicle’ para siempre y pierda toda su elasticidad. Dependerá mucho de la duración del parto y del tamaño del recién nacido.

 

“La vagina es un conducto de estructura muscular capaz de modificarse profundamente durante el embarazo para aumentar su capacidad y permitir el paso del recién nacido, sin excesivas lesiones. A pesar de que, excepcionalmente, hay que realizar la famosa episiotomía para evitar desgarros graves”, explica el experto.

 

Es cierto que sus características originales nunca llegan a ser las mismas por completo, como tampoco lo son para el útero, el abdomen, las mamas…Sin embargo, el tiempo y el ejercicio físico -incluidos los famosos ejercicios de Kejel- permiten recuperar la fisiología normal casi al 100%.

 

2. Tampoco hay varios tamaños de vagina

 

El tamaño medio se encuentra entre 6 y 8 centímetros, aunque durante la estimulación sexual puede llegar a alcanzar entre los 10 y 12 centímetros. Por ello, si las relaciones sexuales son dolorosas (dispareunia) nunca debe achacarse a un tamaño pequeño o a una vagina ‘corta’, sino a otras posibles causas que han de consultarse con un especialista.

 

“La longitud vaginal es más o menos la misma, pudiendo variar en función de rasgos raciales y fenotípicos, pero dentro de un estrecho margen”, aclara Hernández Sánchez.

 

3. No son necesarias las duchas vaginales

 

Una colonia desorbitada de gérmenes puede dañar nuestra flora, no obstante, la vagina tiene un sistema de ‘autolimpieza’ para mantener a raya a las bacterias y los microbios ‘malos’, al mismo tiempo que permite que prosperen los ‘buenos’.

 

“Tiene sus propios mecanismos defensivos que consisten en su colonización por unas bacterias denominadas lactobacilos. Estos microorganismos metabolizan el glucógeno segregado por el epitelio vaginal transformándolo en ácido láctico, lo que hace que el pH vaginal sea ácido, dificultando o impidiendo el crecimiento de gérmenes patógenos”, advierte el ginecólogo.

 

El uso de productos de higiene íntima -vía intravaginal- puede alterar esta microbiota fisiológica, modificando el pH y favoreciendo las infecciones vaginales. Por ello, olvídate de las ‘duchas vaginales’ y usa jabones suaves solo en el área vulvar -específicos para la zona íntima o no-. Después asegúrate de aclarar muy bien la zona y mantenerla lo más seca posible.

 

4. El picor o escozor no siempre implica hongos

 

Cuando tienes intensos picores, enrojecimiento y una secreción similar a la ‘cuajada’, piensas: ‘ya tengo cándida’. Pero cuidado, no corras a la farmacia a por unos óvulos o una pomada antifúngica por tu cuenta, porque hay otras infecciones vaginales que tienen síntomas similares.

 

“Hongos, como la cándida, son microorganismos ‘oportunistas’ -pues viven naturalmente en la vagina- pero cuando se alteran ciertas condiciones, pueden crecer más de lo normal y generar una candidiasis. Otros tipos de hongos, como la gardnerella, pueden ocasionar una vaginosis. También enfermedades de transmisión sexual, como la tricomoniasis, causan picor intenso y flujo anómalo. De esa manera, ante la presencia de prurito intenso, irritación y flujo anómalo debemos acudir a un ginecólogo para que realice un cultivo del exudado vaginal o vulvar y determine la causa”, aconseja el experto.

 

5. Los leggins no favorecen las infecciones

 

Para muchas mujeres es un básico o casi un ‘uniforme’ del día a día, en especial aquellas que practican deporte con frecuencia. Sin embargo, si alguna vez has escuchado que esta prenda favorece las micosis, puedes estar tranquila porque no es del todo cierto.

 

“El problema radica en los materiales que deben ser adecuados, como el algodón y evitando las fibras sintéticas, pero porque no permiten una correcta transpiración. Además, después de hacer deporte, es necesaria la higiene lo más rápido posible. Muchas mujeres esperan a llegar a casa para ducharse y esa demora a veces es prolongada. Pero, aparte de la actividad deportiva, en la vida cotidiana no hay motivos para no usarlos”, indica Hernández Sánchez.

 

6. El himen determina la virginidad

 

Además de que el concepto de ‘virginidad’ en sí ya está muy anticuado, el hecho de que se tenga que ‘romper’ para ‘dejar de serlo’ no tiene sentido ni mucho que ver. Por desgracia, en muchas culturas o países aún se siguen haciendo pruebas denigrantes a la mujeres para comprobar si ‘siguen intactas’, aunque su función real es muy diferente.

 

“El himen es una membrana epitelial que cubre el orificio de entrada a la vagina (introito vaginal) y protege en cierta medida a las niñas de infecciones vaginales causadas por la proximidad del ano. A partir de la adolescencia, cuando se crea la ‘microbiota’, pierde su papel protector. Además, hay muchas formas de himen. Algunas mujeres no tienen o lo tienen tan elástico que les permite tener relaciones sexuales sin romperse. Por lo tanto, la ausencia de himen no se puede considerar un sinónimo de pérdida de la virginidad”, explica el experto.

 

7. Ni punto G ni eyaculación femenina

 

Su existencia siempre ha sido controvertida, pero según indican estudios recientes no existe un ‘botón de placer’ o ‘punto G’. Descrito, hasta hace poco por los expertos, como ‘un área pequeña y esponjosa ubicada en la pared vaginal frontal a mitad de camino entre la abertura vaginal y el cuello uterino’. Las nuevas investigaciones ‘apuntan’ a que podría tratarse de un conjunto de ‘haces de fibras nerviosas’, que al ser estimuladas, producen placer.

 

“No hay ninguna prueba científica que haya demostrado la existencia del ‘punto G’, como estructura anatómica individualizada, ni siquiera como un área con mayor concentración de fibras sensitivas. Las relaciones sexuales son placenteras no solo por la existencia de una mayor sensibilidad del área genital, sino por otros aspectos de la esfera de la sexualidad en general”, señala el ginecólogo.

 

También es falso el famoso ‘chorro o géiser’, denominado squirting, que tan popular es en la pornografía. Algunos estudios han constatado que, de darse, se trata de orina, ya que a veces durante las relaciones sexuales se presiona la vejiga.

 

“Es cierto que durante las relaciones sexuales aumenta considerablemente el flujo vaginal y la lubricación, pero no existe una eyaculación como tal. Puede tratarse de orina por pequeñas pérdidas durante el coito -por presión vesical- o en el orgasmo, por relativa relajación del esfínter”, concluye.

 

(La Vanguardia)