El Observador / Jennifer Schuess

New York Times News Service

Es una de las primeras cosas que nos enseñan ya sean nuestros padres, los libros infantiles o al aprender un nuevo idioma: di gracias. Pero se ha descubierto que los humanos agradecemos con menor frecuencia que la que nos podríamos imaginar.

Un nuevo estudio sobre el uso del lenguaje cotidiano en todo el mundo descubrió que, en escenarios informales, la gente casi siempre respondía a solicitudes de ayuda. Sin embargo, rara vez recibieron muestras de agradecimiento: de hecho, solo en una de cada 20 ocasiones.

Este podría ser un veredicto condenatorio sobre la naturaleza humana o la prueba de una pandemia mundial de falta de buenos modales. No obstante, para los investigadores, son buenas noticias.

“Nuestra actitud básica es la reciprocidad”, comentó Nick Enfield, lingüista de la Universidad de Sídney que dirigió el estudio. “Cuando les pedimos a los demás que nos ayuden, damos por hecho que lo harán”, añadió.

El estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science, es parte de un esfuerzo más amplio para analizar el lenguaje como una herramienta que se basa principalmente en la interacción social más que tratarse de una manera para expresar ideas.

En el ensayo, titulado Universals and Cultural Diversity in the Expression of Gratitude (Lo universal y la diversidad cultural en las expresiones de gratitud), un equipo analizó interacciones en ocho idiomas en cinco continentes: inglés, italiano, polaco, ruso, laosiano, cha’palaa -que se habla en Ecuador-, murrinhpatha -una lengua aborigen australiana- y siwu -que se habla en Ghana-.

Las implicaciones sociales de agradecer también varían entre culturas. En algunos idiomas, la frase que podría traducirse como “Gracias” se reserva para favores verdaderamente trascendentales, como salvarle la vida a alguien. En otras lenguas, agradecer con frecuencia puede parecer extraño o incluso insultante, como en el caso de algunos idiomas del sur de Asia.

Los investigadores no estudiaron escenarios institucionales ni comerciales, en los que las expresiones de agradecimiento podrían ser más comunes, sino que se centraron en las interacciones casuales diarias entre gente que se conocía entre sí, estudiadas por medio de cámaras escondidas en hogares o áreas comunes. Toda expresión verbal de gratitud (incluso frases como “Bien hecho” o “Dale”) fue tabulada como una expresión de agradecimiento.

Los humanos indicamos la necesidad de ser asistidos con frecuencia -casi cada minuto y medio, según las muestras de los investigadores- y, en general, obtenemos la ayuda: la recibimos siete veces más que las que no.

En el ensayo, titulado Universals and Cultural Diversity in the Expression of Gratitude (Lo universal y la diversidad cultural en las expresiones de gratitud), un equipo analizó interacciones en ocho idiomas en cinco continentes: inglés, italiano, polaco, ruso, laosiano, cha’palaa -que se habla en Ecuador-, murrinhpatha -una lengua aborigen australiana- y siwu -que se habla en Ghana-.

Sin embargo, rara vez se agradeció a aquellos que cooperaron, aunque estos tampoco parecían esperarlo. Cuando no se dieron las gracias, la omisión casi nunca se comentó. En cambio, cuando la gente se negó a atender una solicitud, por lo común explicó por qué.

Aunque el estudio parece ser el primero en obtener datos interculturales tan extensos sobre la frecuencia con la que la gente agradece (en lugar de la frecuencia con la que piensan que lo hacen), la baja frecuencia del agradecimiento no sorprende mucho a algunos investigadores que estudian el comportamiento recíproco desde un punto de vista evolutivo.

Las implicaciones sociales de agradecer también varían entre culturas. En algunos idiomas, la frase que podría traducirse como “Gracias” se reserva para favores verdaderamente trascendentales, como salvarle la vida a alguien. En otras lenguas, agradecer con frecuencia puede parecer extraño o incluso insultante, como en el caso de algunos idiomas del sur de Asia.

Enfield, también autor del libro de reciente publicación How We Talk: The Inner Workings of Conversation, manifestó que el estudio del agradecimiento pone en claro la brecha frecuente entre cómo pensamos que usamos el lenguaje y las formas en las que lo hacemos en la práctica. Sin embargo, enfatizó que esto no significa que debamos dejar de enseñar a los niños a decir gracias.

Fuente: