La Nacion / En esta época del año, Tenerife se convierte en un cálido refugio para los europeos que huyen de los cielos grises y de las calles heladas. Bañada por las aguas del Atlántico, frente a Marruecos, la isla ofrece mucho más que reposeras al sol todo el año: convoca -por la herencia grandes navegantes y corsarios- una espectacular geografía, de origen volcánico que aloja el pico más alto de España , El Teide (3718 metros sobre el nivel del mar) que es nada menos que la tercera estructura volcánica y voluminosa más grande del mundo, después del Mauna Ioa y el Mauna Kea en Hawái. Junto a otra particularidad que funciona como un imán para los más aventureros: mucho viento en el Sur, para remontar tablas de windsurf y kitesurf.

La animada Tenerife es la más extensa y poblada del archipiélago canario (junto con El Hierro, La Gomera y La Palma, conforman la provincia de Santa Cruz de Tenerife, mientras que Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote integran la provincia de Las Palmas).

“Y este acento suena caribeño”, puede pensar el visitante en su primer intercambio de palabras con los canarios. El acento musical, tan suave y alegre de la recepcionista del hotel de Santa Cruz, es idéntico al de una venezolana. Pero, error. La mujer era una auténtica canaria. Las comparaciones con la cultura caribeña, acompañan paso a paso, durante toda la estancia, entre sus casas coloridas, de claro estilo colonial, en los restaurantes, comiendo ropa vieja, mientras suena salsa de fondo. Es que el archipiélago fue un puente para los navegantes que viajaban entre Europa y América. El intercambio cultural fue muy intenso. Desde el primer viaje de Cristóbal Colón, sus pobladores fueron instalándose preferentemente en Cuba, República Dominicana, Venezuela, Puerto Rico y Uruguay. En el Caribe identificaban a los canarios como los isleños. Los viajes de ida y vuelta, a través del tiempo, fueron modelando las semejanzas.

Cinco siglos de historia San Cristóbal de la Laguna, antigua capital de Tenerife, tiene más de 500 años de historia, cuando en 1494, el hidalgo conquistador castellano-andaluz, Alonso Fernández de Lugo incorporó la isla en la Corona de Castilla. Su casco histórico de estilo colonial, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, se caracteriza por carecer de murallas y por atesorar en monumentos de tipo religioso, como su imponente Catedral, de fachada neoclásica, rodeada de palmeras.

En el noroeste de la isla, a 545 metros sobre el nivel del mar, es la segunda ciudad más poblada de Tenerife, después de Santa Cruz, de cara al mar. Si se llega en avión al aeropuerto Tenerife Norte, el casco está de camino. Vale la pena detenerse y perderse por sus callecitas con casas de colores y encanto colonial. Pero no todo rinde culto al pasado. San Cristóbal continúa siendo un centro intelectual del archipiélago. Allí funciona el hospital Universitario de Canarias y el Instituto de Astrofísica de Canarias, que aprovecha la calidad de sus cielos.

Santa Cruz, la ciudad portuaria y capital de la isla, es famosa por sus carnavales, uno de los más espectaculares del mundo.

Los tinerfeños se preparan todo el año para lucir sus trajes. Durante el Carnaval la ciudad no descansa. Festeja día y noche, con bailes y agrupaciones de inspiración caribeña que se reparten por toda la ciudad. Hay desfiles de carrozas, murgas de adultos y otras de niños, desfiles de caballos. Junto con la elección de la reina, hay otras tradiciones que se celebran año tras año, como El Entierro de la Sardina, el miércoles de Ceniza, que no es más que una parodia de un cortejo fúnebre que simboliza el entierro del pasado, los vicios y la locura que los domina durante esos días de Carnaval. La sardina gigante, de piedra y cartón, es realizada por los presos de la cárcel Tenerife II.

Carnaval en Santa Cruz. Foto: Shutterstock En menos de un día, el centro puede recorrerse a pie. El corazón de la ciudad es la Plaza de España, con su fuente hecha en mármol, frente al Paseo Marítimo. Fue construida sobre el castillo San Cristóbal, del que sólo quedan algunas de sus murallas exhibidas en una galería subterránea de la plaza, que servían de defensa frente a los ataques piratas. Hacia un costado, se erige el monumental edificio de Correos, obra de José Enrique Marrero Regalado (1897-1956), el gran arquitecto de Tenerife, que construyó el Cabildo y el Mercado Nuestra Señora de África, donde se venden alimentos frescos y típicos canarios.

La oferta gastronómica es muy variada y como en muchos destinos, orientada al turista. Lo mejor es preguntar por el restaurante canario popular más cercano. Así se probarán a un precio razonable los sabores autóctonos, de influencias latinoamericanas, africanas y de la península española. La Bodeguita Canaria es uno de ellos (calle Imeldo Serís 18). Imperdibles las papas negras (pequeñas, de textura suave y cremosa, acompañadas con mojos rojo, con pimiento y cilantro), ropa vieja, tortilla y queso canario empanado. El lugar es sencillo, pero la comida, un lujo al paladar.

La vuelta completa Quien quiera dar la vuelta en auto a la isla puede hacerlo en un día si se lo propone, pero lo más recomendable es hacerlo en dos, para disfrutar de cada parada. A 20 km de Santa Cruz, el pueblo La Candelaria es un lugar interesante para detenerse. De cara al mar, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora La Candelaria, la Patrona de las Islas Canarias, que le da nombre al lugar. Detrás de la Basílica, la cueva de Achbinico, es de interés religioso y arqueológico, ya que los guanches, originarios de estas islas, rendían culto a sus divinidades y después de la conquista castellana (1496), por primera vez, a la virgen María. Al costado de la Basílica una fila de esculturas que representan a los hombres guanches, emparentados con los bereberes del norte de África.

La playa de Los Gigantes rodeada de acantilados que superan los 300 metros. Foto: AFP Unos kilómetros más hacia el Sur, el pueblo El Médano es un lugar encantador, no sólo para los amantes del surf, kitesurf y windsurf. Su playa, Leocadio Machado, flanqueada por restaurantes y locales de deportes, ofrece una postal única, por el médano gigante, la montaña roja, que se eleva a un costado. Las arenas negras, de origen volcánico, con destellos plateados, se iluminan por el sol. Hay que enterrar los pies en la arena, olvidarse del viento, que sopla con furia, y posar la mirada en el vaivén de las olas y la gran velocidad que toman los deportistas que se deslizan sobre el agua. Hay que verlo. Y en el mejor de los casos, vivir la experiencia en el agua. El Médano es sede del campeonato del mundo de kitesurf.

Bien hacia el sur de la isla, Playa de las Américas ofrece un lugar para el descanso, con todas las comodidades de hoteles de categoría, pero sin el sabor de lo autóctono. Si se sintonizan radios locales, se escuchará inglés, ruso, alemán. Es un destino orientado a turistas que buscan lugares nuevos, concurridos, discotecas y fiestas ininterrumpidas. Si se buscan actividades y bullicio, es el lugar.

Ya en la costa oeste, Acantilados Los Gigantes ofrece unas panorámicas inquietantes. Sus paredes alcanzan una altura que oscila entre los 300 y 600 metros. Imponente escenario para un pequeño pueblo que descansa a sus pies. La geografía accidentada y diversa de la isla, invitan a desplazarse por caminos de montaña, donde kilómetro a kilómetro el paisaje, y las temperaturas cambian.

A Garachico hay que verlo desde las alturas, en primer lugar, para observar su gran roque, donde golpean las olas, a escasos metros de su puerto. Es un pueblo fundado por Cristóbal de Ponte, un banquero genovés. Su puerto fue el más importante de la isla durante los siglos de esplendor, XVI y XVII. En 1706, una erupción volcánica del Trevejo sepultó gran parte del pueblo, pero resurgió de sus cenizas. Su casco histórico, adoquinado, elegante y muy bien conservado, fue declarado Bien de Interés Cultural. Seguramente darán ganas de quedarse. No hay que perderse los piletones naturales conocidos como El Caletón, formados por la lava. Como curiosidad, hay una escultura dedicada a Simón Bolívar, por sus antepasados garachiquenses.

Quien quiera más aventura, deberá organizar una visita al Teide. Se requiere tramitar online un permiso para su ascenso. Se recomienda visitarlo por la mañana temprano, o hacia el atardecer, por los colores del cielo, que se refleja en las rocas.

Datos útiles Cómo llegar. El pasaje a Tenerife, desde Buenos Aires, vía Madrid, parte desde los $ 20.000. Desde Madrid, llevan a la isla compañías low cost por $ 1000 ida y vuelta.

Alojamiento. La noche en un hotel de tres estrellas en Santa Cruz de Tenerife sale unos $ 1100. Un hotel cuatro estrellas, con piscinas y media pensión incluida en Playa de las Américas cuesta $ 3820.

Gastronomía. Hay restaurantes para todos los presupuestos. Un menú parte de los $ 255. En La Bodeguita Canaria hay platos por $ 100. www.bodeguitacanaria.com