La Nacion / “En el momento en que vimos el manuscrito supimos que Tim Burton sería el director perfecto. Es como si hubiera sido escrito para él”, decía hace poco Jenno Topping, uno de los productores de Miss Peregrine y los niños peculiares, el film que Fox estrena el jueves y que sí, claro, está dirigido por Burton. Pero aunque es cierto que el material original en el que está basado el guión del film -la novela El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares de Ransom Riggs- coincide con la sensibilidad del director de El joven manos de tijeras , también es verdad que no es la primera vez que sucede.

De hecho, entre los dieciocho largometrajes que lleva realizados Burton a lo largo de su carrera doce fueron adaptados de material preexistente. Como si el mundo entero hubiera estaba escribiendo para él, creándole mundos oscuros, personajes algo corridos de la norma, dulces demonios, para que el excéntrico Tim los lleve a la gran pantalla.

Desde el absurdo hombre niño Pee-Wee Herman de su primer film pasando por el hombre murciélago de su Batman hasta los chicos de Miss Peregrine, Burton consigue siempre lo que para otros es imposible: imponer su mundo personal, su estética y su humor a tal punto que hasta los propios autores del material de origen se preguntan cómo lo hizo, cómo consiguió hacer de su personal relato una historia indeleblemente burtoniana.

Algo así se presiente desde la primera escena de Miss Peregrine y los niños peculiares. Ahí aparece Jake (Asa Butterfield), desgarbado y claramente fuera de lugar en el supermercado hiper iluminado en el que trabaja apilando bolsas de pañales para adultos. Pero su extrañeza es aun más aguda extramuros porque el adolescente no encaja entre las palmeras y el sol saturado de La Florida. Y sin embargo, ahí vivió toda su vida, soñando con ser un explorador, con encontrar otros mundos en los que tal vez se sienta más cómodo.

Una fantasía que sus padres apenas toleran y que su abuelo Abe (Terence Stamp), plantó desde su primera infancia con relatos de sus viajes, de sus aventuras y de los personajes que conoció, principalmente los niños peculiares del orfanato de Gales y de la inteligente Miss Peregrine que los cuida y cada tanto se convierte en pájaro. Y si no creían en sus cuentos asombrosos, el anciano tenía fotos para probarlos. Unas gastadas imágenes de la joven que levita porque es más liviana que el aire, del niño con abejas en su interior y de los siniestros gemelos con bolsas de arpillera tapándoles la cara. Personajes centrales en la novela que en el film permanecen aunque con algunos ajustes del director. El hombre con dos bocas del libro, por ejemplo, se transformó en el film en una niña de aspecto dulce, bucles perfectos y un apetito horroroso.

  Imposible no reconocer en Jake y su abuelo el vínculo emocional sobre el que gira el relato, las historias de infancia del propio Burton en la soleada California, la mudanza con sus abuelos que parecían entender y aceptar mejor que sus padres al pequeño Tim obsesionado con las películas de monstruos. “Yo fui un chico peculiar”, repitió el director en cada entrevista relacionada con la nueva película. Una declaración que no sorprendió absolutamente a nadie.

Y pasa siempre: algo de él, de sus monstruos ingenuos, de sus excéntricos bellos y oscuros, suele encontrarse en cada una de sus adaptaciones. Esos mundos que lo inspiran y al mismo tiempo parecen haber salido directamente de sus sueños. O de sus pesadillas. Con Burton la diferencia siempre es bastante borrosa.

La biblioteca Miss Peregrine y los niños peculiares no es el primer libro que Burton lleva a la pantalla. Ni siquiera es el primero que apunta a un público entre infantil y adolescente o que lidie con la difícil relación entre padres e hijos. Un tema al que el director vuelve tanto como a sus protagonistas masculinos pálidos y sus estrellas femeninas rubias como el sol, de ojos gigantes y cejas transparentes. Marcas de autor que adaptó para que tuvieran lugar en obras conocidas y transitadas como Alicia en el país de las maravillas de Lewis Caroll y Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl y también la menos conocida El gran pez , la novela de Daniel Wallace sobre el conflictivo vínculo entre un padre fantasioso y grandilocuente y el hijo que siempre lo miró desde lejos. Una historia que Burton hizo propia justo para el momento en que se convirtió en padre por primera vez.

Mayor coincidencia emocional imposible y tal vez por eso el film protagonizado por Ewan McGregor y Albert Finney sea uno de los más logrados de su carrera como adaptador. Su aventura menos efectiva tal vez sea El planeta de los simios que le debía más a la serie de películas protagonizadas por Charlton Heston y la ficción televisiva que inspiró su éxito que a la novela del francés Pierre Boulle, origen de todo el asunto de los monos revoltosos.

Más allá del universo literario, a la hora de encontrar relatos, personajes e imágenes que lo convoquen el director muchas veces salió en búsquedas más amplias que lo acercaron al teatro, a la TV, al cine y lo llevaron de regreso a su infancia. Así, se encontró con otra obra que parecía escrita para él y su grupo de raros: Sweeney Todd: El barbero demoníaco de la calle Fleet. La obra musical de Stephen Sondheim estrenada en 1979 ganó numerosos premios, incluído el Tony a mejor musical, y, curiosamente, también se originó como una adaptación de una puesta teatral inspirada a su vez por unos folletines de horror publicados en Inglaterra en el siglo 19. Tantas encarnaciones como una mamushka sangrienta, pestilente y vengativa.

Unos años después, a la caza de otro proyecto que le permitiera dar rienda suelta a otros de sus demonios, Burton finalmente pudo concretar un postergado deseo: llevar al cine a los personajes de su amada Sombras tenebrosas. Una serie de culto repleta de hombres lobos, vampiros, brujas, hechiceros y viajes en el tiempo que fueron el refugio del pequeño Tim durante su infancia. Y claro, teniendo a Johnny Depp siempre listo para pintarse la cara de blanco era cuestión de tiempo hasta que el director lograra que interpretara al desopilante vampiro Barnabas Collins. Aun mejor: para encarnar a la bruja que lo ama hasta la locura Burton convocó a Eva Green que repite aparición en Miss Peregrine y los niños peculiares como el extraño y bello personaje del título.

El caballero oscuro El Batman más reciente, el de Zack Snyder y Ben Affleck, hizo tanto ruido -más suspiros exasperados que otra cosa- que muchos empezaron a añorar la agotada trilogía de Christopher Nolan, sin recordar tal vez que antes de su hombre murciélago deprimido y deprimente hubo otro que redefinió las adaptaciones del cómic al cine mucho antes de que fuera una moda. Y lo hizo mejor, por supuesto. En 1989 Burton tomó el personaje de la historieta creada por Bob Kane y Bill Finger y lo volvió aun más excéntrico de lo que lo pintaban los cómics además de aportarle unos villanos a su altura, más sombras tenebrosas y una ciudad Gótica que por estética y espíritu lo convoca una y otra vez.

Cuando el público relacionaba al superhéroe huérfano (otro hijo en busca de una relación con su padre ausente) con la psicodélica versión televisiva protagonizada por Adam West, el director volvió al origen, al trauma infantil y la soledad de la cueva. Para compensar sumó a Kim Basinger, la rubia debilidad por excelencia, y a Jack Nicholson como el Guasón con el que se tuvieron que medir todos los que vinieron después.

Inspirado por la literatura, el cine y la TV, Burton no se detuvo ahí. Si él, el chico raro de la cuadra había podido adueñarse de uno de los superhéroes más icónicos del cultura popular norteamericana qué le impedía hacer su película más revolucionaria, ¡Marcianos al ataque!, usando unas figuritas coleccionables como punto de partida o tomar uno de los cuentos fundacionales de las letras de su país, La leyenda Sleepy Hollow de Washington Irving, para crear un fantástico relato de horror y humor como La leyenda del jinete sin cabeza. Un film repleto de esos árboles de ramas artríticas que ama, un cómico héroe y una heroína pálida como un fantasma y rubia hasta lo imposible. Otra de las tantas adaptaciones de Burton que demuestran que, más allá de las apariencias y los orígenes, toda historia tiene un costado oscuro esperando salir a la luz, casi como si la hubieran escrito pensando en él.

Algunas de sus muchas y peculiares “traducciones” Marcianos al ataque

Nace de las figuritas de colección

Charlie y la fábrica de chocolates

Nace de un libro

Batman

Nace de la historieta

Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet

Nace de la obra musical de Stephen Sondheim

Sombras tenebrosas

Nace de una serie de culto de los años 60