@TipsFemeninos // Tips para poner limites a los hijos // Miami. Con mucha alegría he recibido una enorme cantidad de consultas sobre el tema de los límites en parejas jóvenes con hijos pequeños. Estas ideas para repensar el tema van dirigidas especialmente para ustedes. Espero que les resulten útiles.

Los límites son necesarios para crecer con estima y seguridad. El objetivo del límite no es el “protocolo”, ni que se comporten bien, sino que guarden dentro de sí dos palabras: el “sí” y el “no”. Una vez que estas palabras quedan guardadas en su interior, las pueden utilizar para decirle “sí” a lo bueno y “no” a lo malo. El límite siempre brinda seguridad y hace que la persona aprenda cuándo decir “adelante” y cuándo decir “basta”; es decir, qué conductas son apropiadas e inapropiadas de acuerdo a la edad que tenga.

Parecen límites, pero no lo son Pegar no es un límite, sino más bien la ausencia de límites. Pegar lo único que enseña al niño es a tener temor y fija la idea de que el más fuerte es quien gana. El padre que le pega a su hijo le está enseñando a transgredir porque cede a su propia furia.

El límite posee un método pedagógico. Por tal razón, hay ciertas acciones que nunca deberíamos llevar a cabo al intentar ponerles límites a los chicos:

1. Pegarles, léase darles un “chirlo”, empujarlos, tirarles de las orejas, etc.

2. Disciplinarlos dos veces por el mismo hecho.

3. Burlarse de ellos.

4. Sobreprotegerlos, lo cual tampoco es un límite; no se trata de “sobre” ni de protección, sino de temor.

5. Pelear con ellos.

Los niños pequeños buscan satisfacer sus deseos transgrediendo y lentamente se van encontrando con la tarea principal que los padres tenemos: amarlos y establecer límites. El capricho que manifiesten, el “berrinche”, no nos tiene que doblegar. El límite nunca limita, por el contrario, libera, provee estima y seguridad, porque uno aprende qué está bien y qué está mal, qué sirve y qué no sirve.

Algunas características de los límites

A. Son móviles. No existen reglas ni un manual sobre cómo “establecer límites”. No es lo mismo poner un límite a los cuatro, que a los seis o a los trece años.

B. Deben ser fáciles y breves. Por ejemplo: lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes, etc.

C. Deben ser transmitidos con calma. Los padres somos prisioneros de los límites que deseamos ponerles a nuestros hijos. No sirve de nada decirles que no sean agresivos, si en la calle nos observan tirarle el auto encima a otro conductor que nos encerró.

D. Tienen que ser coherentes. Esto significa que se sostienen en el tiempo. No podemos decir un día “sí” y al otro día “no”. Por ejemplo: Decimos “no usás el celular” y a las dos horas se lo devolvemos para que nos llame.

E. Deben ser puestos antes de la situación con una breve explicación global. En el caso de una mamá que lleva a su hija al jardín y le dice a la maestra que “la nena no se puso el delantal porque no tenía ganas”, el problema no es la criatura sino la mamá que no quiere ejercer su rol de adulto y abandonar la adolescencia. Necesitamos aceptar que una etapa de la vida ha concluido y asumir el rol de papá y de mamá. Los padres no somos hermanos mayores de nuestros hijos, sino los encargados de establecer los límites.

F. Deben ser puestos sin culpa. Cuando un jardinero poda una planta, no se siente mal porque sabe que no la está lastimando. Es una actitud de salud mental. No es lo mismo establecer un límite que limitar, insultar y agredir.

El límite facilita el diálogo porque marca cómo será la relación, lo cual, como ya dijimos, brinda seguridad. Un artista pinta dentro de la tela, no fuera de ella; es decir que marca un límite y, gracias a eso, se vuelve ilimitado. El límite libera el potencial.

Los límites a los hijos pequeños deben ser puestos desde el vamos y estar acompañados con una actitud amorosa. Sentarse a ponerle límites a un hijo adolescente es haber llegado tarde a la escena. Nuestros hijos necesitan límites y estos funcionan por contraste. En una casa donde toda es “luz verde”, abunda el “sí”; mientras que en una casa donde todo es “luz roja”, solo existe el “no”. En ninguno de los dos casos hay límites, que incluyen tanto el “sí” como el “no”.

Los padres somos prisioneros de las conductas que pretendemos enseñarles a nuestros hijos. La paternidad dura toda la vida y se ejerce durante las 24 horas del día. Muchas veces los hijos parecen no escucharnos, pero nos filman (nos observan) todo el tiempo.

Recordemos que no somos amigos de nuestros hijos. Si lo fuéramos, ellos quedarían huérfanos, pues necesitan padres y amigos. Debemos ocupar nuestro rol de amor y cuidado, fijando límites con una actitud amigable.

Poner límites tiene “mala prensa” o “mal marketing”, ¿por qué? Compartilo Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]

Fuente: LA NACION Opinión

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