El Nacional / Cuando se pierde una buena parte de las horas productivas atascado en el tráfico, ingeniando maneras para hacer rendir el presupuesto o buscando alternativas para sobrevivir en los niveles más elementales, la intimidad (individual y compartida) puede verse afectada.

Lo que comienza como un sutil distanciamiento o un descenso en la frecuencia sexual puede convertirse en una evidente fractura de la relación o, en el caso de quienes no tienen pareja, en la pérdida de un espacio personal importante para la relajación y el contacto interno.

La sexóloga Michela Guarente da luces sobre lo que ocurre cuando el estrés se mete en la cama: “Lo primero que se sacrifica cuando hay estrés es el sexo. En el caso de las parejas, es la otra persona la que reporta que algo no va bien y eso puede hacer que se piense en infidelidad. Si no hay una comunicación asertiva, vienen los juicios de valor y las malas interpretaciones”.

El estresado puede estar muy metido en la situación y no darse cuenta. En el caso de las mujeres, como tenemos múltiples roles (esposa, madre, trabajadora, cuidadora), lo que más rápido se sacrifica es el sexo. Al tener tantas obligaciones, no me doy cuenta de que voy dejando pasar la intimidad.

Para el hombre, su papel de proveedor económico, de afecto o de sexo, genera una carga importante que puede verse reflejada en una falta de erección. Mientras que las mujeres pueden presentar falta de lubricación.

El psicólogo clínico Johnthan Rivero agrega que algunas de las manifestaciones del estrés pueden ser “en casos no muy frecuentes” un aumento en la frecuencia sexual, pero como una vía de escape o desconexión de la rutina más que como búsqueda de vínculo afectivo.

Asimismo, señala una disminución de la libido o la búsqueda de sensaciones extremas, expresadas en encuentros sexuales casuales o en lugares públicos como una forma de desplazar el estrés por la adrenalina que estas situaciones generan.

El especialista explica que los altos niveles de angustia y tensión mal manejados pueden producir una interrupción de la conexión sexual, expresada en inapetencia sexual, anorgasmia, vaginismo, disfunción eréctil, eyaculación precoz o eyaculación retardada.A continuación presentamos algunos ejercicios que podemos poner en práctica para que el estrés no perjudique nuestras relaciones sexuales

1. Relajarse y cooperar: Cuando la persona afectada es consciente de lo que ocurre (o cuando el otro se da cuenta y lo señala) puede abordar la situación de varias maneras: desde las menos constructivas (hostilidad, agresión, aislamiento, falta de comunicación, ignorar lo que está pasando) hasta las más asertivas y sanadoras. Los especialistas consultados coinciden en que, si bien el estrés no va a desaparecer mágicamente, existen recursos de los que se puede echar mano para lograr una mejor conexión individual y de pareja que permita, posteriormente, encarar un encuentro afectivo o sexual con el tiempo y la disposición que requiere.

María Gabriela Santini, médico, educadora en sexualidad holística y directora de la Escuela de Sexualidad y Espiritualidad, explica que el estrés no viene dado por las situaciones en sí mismas, sino por las interpretaciones que hacemos de ellas y que generan respuestas orgánicas que pueden volverse crónicas si no se atienden a tiempo. Por eso, recomienda trabajar con herramientas que promuevan la relajación y, por lo tanto, nos preparen para el disfrute, como yoga, tai chi, respiración abdominal o actividades en pareja que no necesariamente son eróticas, sino que los ayudan a distraerse juntos: “Es muy difícil aislarse y abstraerse, menos cuando estamos pendientes de cosas que tienen que ver con la subsistencia en niveles elementales. La amenaza que sentimos del exterior nos condiciona con nuestra pareja. Mi recomendación es integrar herramientas y aplicarlas a la sexualidad. Puedes hacer uso de estrategias, como abrazarse, pronunciar juntos las vocales y hacer luego una respiración. Al terminar, has bajado el nivel de tensión porque tu mente se ha salido de la cotidianidad. Y a partir de allí puede haber un acercamiento íntimo, que no necesariamente tiene que terminar en coito. Se trata de abrir el espacio para algo más de manera muy gentil”.

Nora Ávila, psicoterapeuta corporal, coincide con la idea de que los retos cotidianos pueden ser tan abrumadores que terminen por colarse en los espacios más íntimos de la individualidad o la pareja, por lo que hay que buscar recursos que protejan ese resquicio tan importante: “La supervivencia consume energía. Las ganas, el tiempo y el disfrute se pierden por el bombardeo constante de situaciones exteriores que terminan por meterse en nuestras vidas. Pero son justamente los espacios de intimidad los que nos permiten reunir fuerzas para afrontar las circunstancias. Una ducha (solo o en pareja) bailar, escuchar o ver aquello que nos gusta y mejora nuestro ánimo son recursos cotidianos y sencillos que nos conectan con nuestra propia sensualidad. Se trata de tener o recuperar espacios personales que nos permitan honrar nuestro cuerpo”.

Para la sexóloga Michela Guarente, más que ver el estrés como algo que hay que evitar, se trata de entender que siempre vamos a estar encarando situaciones retadoras, y que lo que sí se debe hacer es aprender a identificarlo y comunicar asertivamente cuando algo no va bien en la pareja para buscar una solución realista: ?Hay que aterrizar la idea de que “el sexo es espontáneo”. A veces se requiere agendar el encuentro íntimo y entender que ese momento es para dedicárselo a uno mismo y al otro. No necesariamente tiene que haber coito, sino momentos para compartir juntos, meditar, ejercitarse. Buscar alternativas para afrontar esto. No se trata de ir directamente a la cama, especialmente si antes ha habido distanciamiento, hay que ir por aproximaciones sucesivas, por eso hablaba de fomentar el encuentro con actividades que ambos disfruten. Si no están convencidos o si no funciona, entonces hay que buscar ayuda externa?.

El psicólogo Johnthan Rivero agrega: “Si bien puede haber cansancio por exceso de trabajo y de ocupaciones, es importante ajustar los horarios de intimidad con nuestra pareja, buscar tiempo. Si te dicen que necesitas trabajar más para obtener más dinero o un mejor desempaño profesional, ¿qué harías? Si se trata de crecer como persona, de dedicarte tiempo, ¿seguirías colocándolo en espera?”.

2. Una ayudadita: Si bien el yoga, la meditación o las actividades recreativas en pareja pueden ser la puerta de entrada para la recuperación de la intimidad, hay casos en los que es imperativo buscar ayuda profesional para superar el bache que el estrés ha causado en la cama. ¿Cómo saber si se requiere el apoyo de un especialista? María Gabriela Santini es clara: “Cuando la pareja no tiene comunicación. Cuando uno lo acepta y el otro lo ignora hay que pedir ayuda, porque cuando hay comunicación los dos están dispuestos y buscan herramientas”.

La psicoterapeuta corporal Nora Ávila complementa: “Cuando la frecuencia ha bajado o cuando hay molestia u hostilidad entre la pareja”. Mientras que para Rivero, hay que recurrir a terapia cuando ya se ha repetido más de tres veces continuas la situación que limita el placer.

Ahora bien, cada especialidad tiene una forma propia de abordar el problema. Si se trata de la consulta sexológica, Guarente da luces sobre lo que es posible encontrar en la primera visita para los no iniciados: ?En principio, la idea es poder conversar el motivo de la consulta, porque a veces dicen un motivo pero sale otra cosa que hay que trabajar.

El proceso no es mágico, es terapéutico, hay una persona profesional que te va a escuchar sin juzgarte. Si bien se puede ir en pareja, también se puede acudir de forma individual y luego se llama al otro a incorporarse, eso depende del trabajo que requiera la pareja. Lo importante es que haya voluntad de hacer ejercicios o actividades en conjunto.

En el caso de Santini, su Escuela de Sexualidad y Espiritualidad no está enfocada en las consultas individuales o de pareja, sino en impartir conocimiento para quienes buscan entender la trascendencia de la sexualidad y aplicarla a su vida: ?La idea es ver cómo se relaciona cada uno con su sexualidad, buscar las variables que están influyendo en el trastorno y ver cómo se relaciona con lo masculino y lo femenino. Se trata de empoderar, de fortalecer su lado femenino y masculino a través de la sexualidad holística.

Ávila explica el aporte de la psicoterapia corporal para recuperar nuestros espacios personales: “Trabajamos respiración, movimiento y sensibilización corporal, no necesariamente tiene que ver con la sexualidad, sino con recuperar la consciencia de nuestro cuerpo”.

Rivero explica su método de trabajo: “En mi práctica profesional, suelo invitar a que la pareja asista y converse sobre lo que ocurre. Se busca crear un ambiente íntimo para que puedan hablar y yo pueda guiarlos para que mejoren su comunicación. Luego trabajo en otras sesiones de forma individual y con estrategias y técnicas para que logren aprender de ellos y compartirlo con su pareja”.

Los especialistas consultados coinciden en la creación o preservación de espacios personales y de pareja saludables, que luego ayuden a hacer frente a situaciones de crisis. Guarente resume: “En principio, se trata de no negar la realidad, el estrés está allí y va a estar, no es la situación sino cómo me enfrento a la situación. Hay que trabajar para que el estrés no se meta en la cama desarrollando hábitos de sexualidad inteligente y entendiendo que somos responsables de nuestro placer, que la comunicación asertiva es importante, que lo que siento y pienso es importante. Buscar actividades que estén a nuestro alcance y que nos hagan felices de forma individual y en pareja, desde escribir hasta reír o hacer ejercicio y practicarlas más frecuentemente”.

Ávila resume: “Lo que podemos generar desde una conexión interior y con el otro es algo que nadie puede quitarnos. Se trata de un recurso que no se devalúa y que nos fortalece, por eso debemos protegerlo en momentos de crisis. Solo en la tranquilidad se puede vivir la sexualidad plena”.