El Financiero / La resaca postvacacional podría ser peligrosa para tu matrimonio.

Las solicitudes de divorcio alcanzan un número récord dos veces al año, en marzo y agosto, según un nuevo estudio. La profesora de sociología de la Universidad de Washington, Julie Brines y el candidato a doctorado, Brian Serafini, encontraron que las solicitudes de divorcio parecen seguir el calendario de vacaciones familiares: mostrando mínimos en noviembre y diciembre, y repuntando en marzo después de las vacaciones de invierno y el Día de San Valentín. Las solicitudes de divorcio disminuyen en abril y no vuelven a incrementarse hasta agosto, después de julio, el mes más popular para vacacionar.

“La vida familiar se rige por un ?reloj social? que exige la consideración de cumpleaños, fiestas y otras fechas especiales”, escribieron Brines y Serafini en su estudio, el cual fue presentado este fin de semana durante la conferencia anual de la American Sociological Association. Este estudio proporciona “la primera evidencia sistemática y cuantitativa de un pronunciado y duradero patrón ?estacional? en el momento en que se presentan las solicitudes de divorcio”.

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Los autores analizaron datos de divorcio durante un periodo de 14 años en 37 condados del estado de Washington antes, durante y después de la Gran Recesión, y encontraron que las tendencias por temporada se mantuvieron independientemente de la situación económica.

Las parejas con hijos dependientes son quienes más siguieron la tendencia estacional, pero las solicitudes de divorcio de las parejas sin hijos también alcanzaron niveles máximos durante los meses de marzo y agosto.

Una explicación para esta tendencia es que las parejas quizá retrasan el divorcio durante los “periodos socialmente sensibles del calendario, escribieron los autores. Pero esta explicación sugeriría entonces que las solicitudes alcanzarían números récord en enero, inmediatamente después de Navidad y Año Nuevo.

Sin embargo, las parejas esperan hasta marzo. ¿Por qué? Brines y Serafini argumentan que las vacaciones y días festivos hacen que la gente sea optimista respecto al futuro e infunden la creencia de que pueden reparar su relación. Pero después de haber pasado mucho tiempo con su pareja, o después del estrés habitual de las fiestas, la gente se siente más infeliz que antes de que comenzaran las vacaciones. Ellos se refieren a esto como la teoría de la “promesa rota”.

“Estos rituales y transiciones pueden provocar estrés, y por lo tanto pueden intensificar la insatisfacción o la discordia más allá del punto de quiebre para algunas parejas”, escribieron los autores.

Un dato sombrío refuerza la idea de que las vacaciones pueden elevar, y luego frustrar, las esperanzas en las personas: Brines y Serafini señalaron que las tendencias de mes a mes en solicitudes de divorcio son “notablemente similares” al patrón anual que los sociólogos habían identificado previamente en la tasa de suicidios en Estados Unidos.

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