la tercera / Según datos de la Fiscalía Nacional, en 2013 se recibieron 10.476 denuncias de padres y madres en los tribunales chilenos. En el 79% de los casos, los agresores eran menores de 30 años y de ellos, 22% eran menores de edad. El 72%, eran hombres y el 68% de las agredidas eran las madres.

La violencia filio parental (desde los hijos hacia los padres), es más habitual de lo que se cree. Paola Ilabaca, académica del Centro Cielo y de la Escuela de Psicología de la U. Santo Tomás, encuestó a 1.861 adolescentes de distintos colegios de entre 13 y 20 años. ¿El resultado? El 86,1% dijo haber usado algún tipo de violencia hacia sus progenitores en los últimos 12 meses; el  81% hacia su madre y el 63% al padre.

“Chile es un país de relaciones violentas, basadas en la desconfianza. Pero no nos damos cuenta, entendemos los gritos y coscorrones como parte de la relación”, explica Ilabaca.

A la hora de analizar qué tipo de violencia es la que tiene mayor prevalencia, la psicológica lleva la delantera con 82,2%. Sigue la financiera con 52,2% y con 20%, la física. Por género, son las hijas adolescentes las que usan en mayor medida la violencia psicológica y los varones, la financiera.

“La violencia sicológica son los gritos y las frases que tienen como objetivo dañar al otro; la financiera se refiere al hijo que le saca plata a los papás, que se endeuda y éstos deben asumir esa pago, o la destrucción de muebles y objetos. La violencia física son forcejeos para soltarse cuando está sujeto de un brazo, un empujó o un golpe”, explica la psicóloga.

El estilo de crianza es uno de los factores  que ha demostrado tener relación con la violencia. “Los padres tienen ciertos estilos de crianza que pueden potenciar algunos tipos de habilidades y resolución de conflictos. El estilo parental democrático, ese rígido pero que permite espacios para que el hijo pueda opinar está más relacionado con la ausencia de este tipo de violencia, mientras que el estilo parental autoritario y el permisivo, son los que más se relacionan con violencia”, indica la autora del estudio.

¿Rebeldía?

El período de la adolescencia, si bien está asociado a una mayor autonomía e impulsividad, no implica violencia porque sí. “La violencia, en cualquiera de sus formas es reiterada en el tiempo, con un patrón y diferencial de poder. Un adolescente puede ser rebelde y contestar mal a los papás pero sin perder el respeto”, dice Ilabaca.

Muchas veces esta violencia de parte de los hijos es también reactiva a la violencia que ejercen los padres. “No hay que olvidar que los hijos aprenden de los papás. Las estrategias de resolución de conflicto también”, indica.

Después de responder los cuestionarios, un grupo de adolescentes participó de entrevistas personales. “Aunque no se puede generalizar, lo que vimos en las entrevistas es que quienes ejercían violencia, eran adolescentes que de niños hacían pataletas y habían sufrido algún tipo de violencia también por parte de sus papás, una cachetada o un coscorrón, pero lo recordaban”, señala la psicóloga.

Otro aspecto que llamó la atención de Ilabaca fue que durante las entrevistas no había conciencia clara de la violencia. “Entre quienes ejercían violencia sicológica o financiera, no había conciencia de lo que hacían. Había resentimiento, pero consideraban que fueran violentos. Decían por ejemplo: “Me hinchan tanto que les contesto con garabatos o les grito”.

Y los papás tampoco reconocían claramente la agresión. En la segunda parte del estudio, 962 progenitores respondieron un cuestionario. De ellos, el 53% mencionó haber sido víctima de algún tipo de violencia por parte de sus hijos en los últimos 12 meses. El 58% de las madres y el 49% de los padres reconocieron ser víctimas.