La Trompeta que reía: Chappottín | En Profundidad

Cuando esas Estrellas de Areíto sonaron, el Caribe tembló. Se había escapado no precisamente Cipriano Armenteros. En El Poliedro de Caracas estuvieron justamente en marzo de 1982. Inolvidable. Fue también la última vez que Miguelito Cuní y Félix Chappottín estuvieron en Caracas

Él era el que reía. Ahí están Alfredo Chocolate Armenteros, el inolvidable Jorge Varona, Calixto Leicea, Chico O’Farrill, Arturo Sandoval, Alexander Abreu y decenas de calificados trompetistas cubanos.

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Pero es que la trompeta de Félix Chappottín era otra cosa. Hablaba, reía, parecía un ser humano, compañera de ese hombre del que emanaba una cubanía muy especial, llevada, por supuesto, a la música que hacía.

La sonoridad de la buena trompeta en la salsa, y en otras modalidades sonoras del Caribe tiene mucho que ver con Chappottín. Son unos cuantos los trompetistas que confiesan su admiración por él. Más de uno estudió escuchando sus solos bien fuera con el ?Septeto Habanero?, con el Conjunto de Arsenio Rodríguez, con su propia agrupación,? Chappottín y sus Estrellas? o con las ?Estrellas de Areíto?.

Chappottín va de la mano con trompetistas de todas las latitudes, pero sobre todo con los del continente americano. Bueno es recordar que este instrumento de viento y de metal tiene un largo trayecto en el llamado nuevo mundo, y que abarca desde el jazz hasta la propia salsa pasando por los conjuntos de Mariachis sin olvidar la trompeta o corneta china (suona) de la conga de Santiago de Cuba.

Foto: Latin Jazz En Venezuela hay una buena escuela de trompetas y se recuerda al español Juanito Arteta, quien decidió residir en Ciudad Bolívar. De igual manera hay que mencionar a Pedro Rafael Chaparro, trompetista de Ricardo Ray y Bobby Cruz en su época dorada, a César Pinto, y a Rafael Rey. En la actualidad destacan muchos jóvenes trompetistas tanto en la música popular como en la académica.

Puerto Rico ha dado valiosos trompetas como Humberto Ramírez, Luis ‘perico’ Ortíz, Mario Ortiz, Elías Lopés y Juancito Torres, sin olvidar al trompetista que fue Filiberto Ojeda Ríos, el de la Sonora Ponceña.

República Dominicana también ha aportado a trompetistas como Rafael Labasta, Quilvio Fernández, Fermín Cruz, Héctor ‘bomberito’ Zarzuela, y Wilfrido Vargas.

No se puede dejar de mencionar al panameño Víctor Paz, impecable trompetista quien dejó huella en orquestas como las de Chucho Sanoja, Aldemaro Romero, Avelino Muñóz, Tito Rodríguez, Eddie Palmieri y Mongo Santamaría.

Hay grandes también en Estados Unidos (EE.UU.), como Miles Davis, Harry James, Dizzy Gillespie, y Louis Armstrong, y de México hay que mencionar también a Rafael Méndez; La lista de excelentes trompetistas americanos es larga y con historia, pero volvamos a Félix Chappottín y a su cubanía.

Contando la historia

Inicios Félix Chappottín Lage nació en la legendaria zona habanera de Cayo Hueso el 31 de marzo de 1907. Sus padres fueron Natalia Lage, y su padre el tabaquero Julio Chapottín. La familia resultó numerosa, pues fueron diez hermanos, con la singularidad de que uno de ellos fue un hermano de crianza: nada menos que Chano Pozo.

La cosa es que cuando Félix Chappottín tenía ocho años, falleció la mamá de Luciano ‘Chano’ Pozo y entonces los padres de Félix terminaron de criar a Chano. Siempre se llevaron muy bien.

Félix resultó un niño muy aficionado a la música y comenzó a estudiar desde temprano los instrumentos de viento: cornetín, tuba, oboe y más tarde el bombardino. Al poco tiempo estaba en una Banda infantil, y no le resultaron extrañas las populares comparsas habaneras, pues parte de su familia estaba inmersa en ellas.

A los 20 años, en 1927, Félix Chappottín ingresa al Septeto Habanero como sustituto del trompetista Rafael ?piche? Hernández, convirtiéndose en el segundo trompetista en el mundo ejecutante del son cubano, género que ya salía a coquetear desde Santiago de Cuba con otros elementos y figuras.

Después del Septeto Habanero, Chappottín pasó por varios grupos; entre ellos el Boloña, el conjunto América y la orquesta Anacaona. Posteriormente se fue al Conjunto Azul de su hermano de crianza, Chano Pozo. Se llamaba Conjunto Azul porque era el grupo de planta de la Radio Cadena Azul.

Con Arsenio Chappottín también estuvo en Los Jóvenes del Cayo, y estando ahí fue a buscarlo el mismísimo Arsenio Rodríguez. Sin vacilar Félix se fue con el cieguito maravilloso.

Comenzó así una etapa muy importante no sólo en su vida sino en la música de Cuba.

No podemos olvidar que por el conjunto de Arsenio desfilaron músicos de la talla de René Scull, Marcelino Guerra, Rubén González, Luis ?Lilí? Martínez Griñán y Miguelito Cuní, entre otros.

Cuando Arsenio decide viajar a Estados Unidos, algunos músicos le acompañaron en su odisea, pero hubo tres que optaron por quedarse en la tierra natal: Chappottín, Cuní y Lilí Martínez. Ellos siguieron juntos sembrando de gloria a la música cubana, y dieron nacimiento a ?Chappottín y sus Estrellas?.

Chappottín con Irakere

Areíto La producción discográfica que cuenta con la participación de Chappottín es inmensa.

En Venezuela se le recuerda eternamente cuando vino como parte de Las Estrellas de Areíto. Porque si Fania, el sello disquero, tenía sus estrellas, Areíto, el sello cubano, tenía las suyas. Y qué estrellas: Jorge Varona, Arturo Sandoval, Félix Chappottín, Juan Pablo Torres, Rubén González, Enrique Jorrín, Félix Reyna, Fabián García, el Niño Rivera, Tata Güines, Teresa García, Tito Gómez, Pío Leyva y Miguelito Cuní, por nombrar a algunos. Era 1980.

En Caracas

El productor y disquero Raúl Diamondé, de Costa de Marfil propuso la creación de un todos estrellas y el sello Egrem le encomendó el proyecto al trombonista Juan Pablo Torres. Hay que tener en cuenta que para 1980 había un alentador intercambio musical entre Cuba y Estados Unidos e inclusive orquestas como la Típica 73 y Las Estrellas de Fania ya había pisado escenarios cubanos. De tal forma que la idea de Diamondé, quien tenía negocios con el sello Egrem encontró el apoyo necesario.

Estrellas de Areíto mostró el repertorio cubano como es, con su brillo original, porque había orquestas saqueando literalmente el repertorio sonero y guarachero de Cuba.

Cuando esas Estrellas de Areíto sonaron, el Caribe tembló. Se había escapado no precisamente Cipriano Armenteros. En El Poliedro de Caracas estuvieron justamente en marzo de 1982. Inolvidable. Fue también la última vez que Miguelito Cuní y Félix Chappottín estuvieron en Caracas.

Antes de ese concierto con el Sonero Clásico del Caribe como anfitrión, con El Poliedro a reventar, esos músicos ofrecieron un conversatorio monumental que fue moderado por el arquitecto Domingo Álvarez, gran investigador de la música caribeña.

En ese conversatorio el que más habló por los cubanos fue precisamente Félix Chappottín, quien ante algunas preguntas que más bien parecían aseveraciones, señaló: ?Caballeros, las cosas no son como ustedes dicen. Aprovechen, que los protagonistas estamos vivos y estamos aquí?.

Fue una oportunidad histórica para aclarar dudas, conocer el trayecto del son montuno, saber más de sus protagonistas y de los contextos musicales de Cuba. Chappottín no paró de hablar por una razón sencilla: tenía el deseo de compartir la historia, y su cubanía sin límite.

De Félix Chappottín debemos destacar siempre que, aunque lo consideraran pasado de moda, no hizo concesiones a tendencias musicales ajenas a Cuba. Fue muy, pero muy autóctono, y con mucho sentido de pertenencia.

El Carbonero

Al respecto el músico y escritor cubano Senén Suárez señaló: ?La identidad de un país en su conformación debe estar definida por muchas razones y una de la más importantes es su música, sus bailes, sus costumbres, su hábitat de vida, su forma de definirse en las labores cotidianas, así como sus luchas con un máximo de sello único y definido?.

Eso fue Chappottín, la trompeta que reía, y que falleció en la capital cubana el 21 de diciembre de 1983, a la edad de 76 años.

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