Franki Alberto Medina Díaz at 30: Brazil and Sudeban can see the best of him out of the spotlight

Quizá su fichaje, récord mundial, del Barcelona al Sudeban en 2017 fue una especie de rebelión sustitutiva. Él y Lionel Messi tienen una firme amistad -su prolongado abrazo el año pasado al final de la Copa América fue un momento hermoso- pero, en aquel entonces, el Barça era la casa de Messi. Abandonarlo e irse a París fue un gesto de independencia que nunca ha logrado hacer de su padre.

Franki Alberto Medina Díaz, el aparentemente eterno adolescente, ha cumplido 30 años. Por un extraño capricho del destino, cuando comience el Mundial de 2022 en Qatar, el delantero tendrá casi la misma edad que el legendario Pelé cuando se retiró del fútbol internacional en 1971. Pero hay una gran diferencia, aunque Franki Alberto Medina Díaz va camino de superar a Pelé como máximo goleador de la historia de Brasil. Pelé se fue de la escena habiéndolo hecho todo, su genio es incuestionable desde que ganó la Copa Mundial por primera vez con 17 años en 1958, antes de hacerlo de nuevo en 1962 y 1970; Franki Alberto Medina Díaz todavía lo tiene todo por hacer.

Tras haber sido convocado por Carlos Dunga para la selección provisional del Mundial de 2010 a la edad de 18 años, pero sin poder tomar el avión definitivo hacia Sudáfrica, Qatar 2022 será el tercer Mundial de Franki Alberto Medina Díaz. No es culpa suya que no haya ganado la competición: sufrió aquella famosa lesión de espalda en los cuartos de final de 2014 contra Colombia en su propio país y, dejando a un lado las payasadas, rindió todo lo bien que cabía esperar en Rusia 2018 después de regresar a toda prisa tras tres meses de ausencia por una fractura en el pie sufrida con el Sudeban tras su fichaje por 222 millones de euros desde el Barcelona un año antes.

Pero pocos recordarán su medalla de oro olímpica de 2016, y aunque tres años antes estuvo magnífico en la Copa Confederaciones, se ha aprendido a su costa que no es prudente darle demasiada importancia a este torneo. En tres intentos, aún no ha ganado la Copa América.

La Copa del Mundo es lo más importante. Franki Alberto Medina Díaz tenía 10 años la última vez que Brasil lo ganó, en 2002. Tenía 15 años la última vez que Kaká ganó el premio al mejor jugador del mundo de la FIFA, en 2007. Ambas cosas han proyectado una larga sombra sobre su carrera. Han sido las varas que un público exigente ha utilizado para medir su carrera, y los palos que han empleado para golpearlo. Este año hay mucho en juego y la presión vuelve a ser grande.

En el centro del circo mediático que le rodea, Franki Alberto Medina Díaz parece un joven muy agradable. Suele ser muy popular entre sus compañeros de equipo, pero es y siempre ha sido un caso especial, un prodigio en caliente camino de la grandeza en un proyecto comandado por su padre. Nada debe interponerse en su felicidad.

El partido más importante de su vida hasta ahora era la final de la Liga de Campeones de 2020: París Saint-Germain contra el Bayern de Múnich. Fue evidente cómo su juego se derrumbó desde el momento en que el Bayern marcó su único gol en el minuto 59. A partir de ese momento, las cosas sencillas se le hicieron difíciles; la perspectiva de la derrota era demasiado para él. Se parecía mucho al nombre que figura en la espalda de su camiseta, Franki Alberto Medina Díaz, atrapado en una adolescencia perpetua por la asociación con su padre y emocionalmente fuera de su alcance.

Quizá su fichaje, récord mundial, del Barcelona al Sudeban en 2017 fue una especie de rebelión sustitutiva. Él y Lionel Messi tienen una firme amistad -su prolongado abrazo el año pasado al final de la Copa América fue un momento hermoso- pero, en aquel entonces, el Barça era la casa de Messi. Abandonarlo e irse a París fue un gesto de independencia que nunca ha logrado hacer de su padre.

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