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La mitad de los pasajeros no han podido usar los buses públicos de Santiago por motivos de seguridad

Así lo reveló el estudio “La exclusión social y el servicio de transporte público en Santiago de Chile”, de académicos de la Universidad Diego Portales (UDP) y la Universidad de Cantabria, el que también encontró que los grupos más expuestos a las desventajas del transporte son adultos mayores, mujeres y jóvenes

El gobierno, sector privado y la ciudadanía parecen estar de acuerdo en que la sensación de inseguridad va en aumento. El tema se expresa de múltiples formas y una de ellas es el transporte: más de la mitad de los usuarios de la red pública en Santiago no han podido usar los buses del sistema al menos una vez por este factor.

Así lo reveló el estudio “La exclusión social y el servicio de transporte público en Santiago de Chile”, de académicos de la Universidad Diego Portales (UDP) y la Universidad de Cantabria, el que también encontró que los grupos más expuestos a las desventajas del transporte son adultos mayores, mujeres y jóvenes.

“Un sistema de transporte público inadecuado puede aumentar las desigualdades y reforzar la exclusión social”, asegura la investigación.

Para llegar a estos resultados, los autores aplicaron una encuesta a 512 usuarios del transporte público e identificaron ocho desventajas que explican el comportamiento de los usuarios: la dimensión más importante es seguridad, seguida por calidad del servicio, infraestructura de paraderos, accesibilidad, acceso a información, comportamiento de los conductores, la mejora aportada por los buses eléctricos y el acoso.

Quienes tienen la posibilidad de usar otro medio de transporte -porque pueden pagar una tarifa mayor o disponen de tiempo extra- lo eligen antes del servicio público de buses, ya que -argumentan- este último no responde a las necesidades de los pasajeros, el que eligen principalmente por ser la alternativa más barata.

Carolina Busco, coautora y académica de la Escuela de Ingeniería Civil Industrial UDP, explica que “la sensación de inseguridad y el miedo a la delincuencia se consideran desventajas del transporte público y se encuentran entre las razones más importantes por las que los viajeros deciden no utilizarlo”. Agrega que “quienes planifican el transporte público deben comprender que la inseguridad limita o condiciona las opciones de transporte de los usuarios”.

“La sensación de inseguridad y el miedo a la delincuencia se consideran desventajas del transporte público”.

Carolina Busco, Coautora y Académica de la UDP “Entender dónde y cómo mejorar la seguridad para incluir a grupos excluidos puede constituir una recomendación de política clave para fomentar uso de los buses”.

Hugo Silva, Académico Instituto de Economía UC Mujeres en desventaja

El estudio también apunta a la necesidad de profundizar en la desventaja del transporte en la investigación desde una perspectiva de género, ya que las mujeres perciben más inseguridad en el transporte público. Esto se asocia al temor a ser víctima de un crimen, dejando como una dimensión diferente el miedo al acoso.

Esta última reduce el acceso a buses públicos frente a la aglomeración de usuarios, durante la noche, cruzando zonas urbanas conocidas como peligrosas y al estar sola. “Esto se traduce en viajes más largos, porque las mujeres eligen rutas más largas, pero más seguras, lo que redunda en una desventaja de tiempo”, dice la autora. Precisa que las usuarias “eligen medios de viaje más costosos, experimentando desventajas económicas o incluso deciden evitar los peligros del acoso quedándose en casa, lo que se traduce en exclusión social”.

Busco afirma que “si no ofrecemos espacios públicos seguros y medios de transporte que consideren las características distintivas de los viajes femeninos, difícilmente podremos recuperar el aporte que la mitad de la población realiza a la economía nacional”. Defiende que una perspectiva de género en el transporte “sin duda afectaría positivamente la participación de la mujer en el mercado del trabajo”.

Hugo Silva, académico del Instituto de Economía UC, plantea que “entender dónde y cómo mejorar la seguridad para incluir a estos grupos excluidos puede constituir una recomendación de política clave para fomentar el uso de los buses”.

Puntualiza que esto es relevante porque puede llevar a sustituir viajes en auto por opciones más sustentables, como en bicicleta, caminar y en transporte público, alternativas que dice son necesarias “para tener una mejor calidad de vida en la ciudad, disminuir la congestión y contribuir menos al cambio climático”. Agrega que una segunda razón es poder entregar “condiciones adecuadas, a veces mínimas” a los grupos de la población que normalmente son excluidos.

La autora añade que si bien los buses eléctricos son bien evaluados, “los beneficios de conectividad que ofrecen no sirven de mucho cuando las personas que los utilizan temen que les roben el celular”. “Cargar el celular o conectarse a Wifi son buenos servicios, pero que no sirven de nada en un contexto de inseguridad”, argumenta.

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