Punta del Este cumple 115 años: un paraíso en permanente cambio

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¡Feliz cumpleaños Punta del Este ! Y que sigan teniendo vigencia los versos que Alberti escribió, en 1948, en su casa de la Mansa: “De Punta del Este al mar y del mar adónde iría que me dejaran cantar…”

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Un siglo y quince años cumple hoy Punta del Este . El 5 de julio de 1907 el entonces presidente Claudio Williman promulgó la ley N .3186 que bautizó oficialmente a la Península. La norma no hizo otra cosa que reconocer una realidad, ya que todos denominaban al hasta entonces pueblo Ituzaingó como la Punta del Este. Nadie soñó ni imaginó, que ese día nacía un balneario que se haría mundialmente famoso y que en pocos años se transformaría en una de las zonas económicas más dinámicas del Uruguay.

De 1898 data el primer plano de mensura de la Península y en él se publicitaba así la zona: ” La localidad balnearia más importante del Río de la Plata, por la excelencia de sus aguas y de sus baños, por la comodidad de sus playas y la pureza de sus aires. Recomendada en los últimos años por los médicos más afamados de la República Oriental y Argentina, para los enfermos del estómago, para los anémicos y en general a las afecciones adquiridas en el ejercicio del trabajo…”. Y más adelante se indicaba la forma de llegar allí: “Un vapor que hace el viaje directo de Montevideo a Maldonado, en siete horas de día o de noche, cobrando tan solo cuatro pesos el pasaje”. Y por tierra “de Montevideo a Punta del Este, en un día, utilizando el Ferrocarril a la Sierra, pasando por Maldonado que dista solo seis kilómetros de la Punta del Este y cuyo Ferrocarril en un plazo cercano llegará al mismo pueblo”. Debieron transcurrir diez años para que el tren llegara a Maldonado y veinte para que lo hiciera a la Península.

Punta del Este fue desde sus orígenes el lugar preferido por un reducido núcleo de familias argentinas de altísimo poder económico, que a su vez trajeron a europeos que vivían en Buenos Aires y que estaban a cargo de bancos y empresas internacionales. Y en menor cantidad, familias uruguayas, entre las que se encontraban los Burmester, los Behrens y los Gorlero .

El hotel San Rafael en 1950. Foto: Archivo El País La relación bien puede decirse que fue un 70 por ciento de argentinos y europeos y un 30 por ciento de orientales. ¿Qué atrajo a esos argentinos que habitaban lujosísimas residencias en la Recoleta y Barrio Norte de Buenos Aires? La aventura. Llegar a un lugar perdido y vivir, dos o tres meses al año, en un paraíso donde la naturaleza se expresaba en su más puro estado. Un lugar donde desde un mismo punto se podía contemplar el amanecer y solo había que esperar el transcurso de las horas para poder apreciar el atardecer. Una Península con un faro, poblada por un puñado de pescadores, y rodeada por un mar manso y otro bravío. Una sucesión de playas de arenas muy blancas, aunque los baños de mar , en un principio, solo se permitían en la vieja Mansa, que el crecimiento del actual puerto borró hace ya muchos años.

La vida de pueblo fue otro de los atractivos que convocó a esas personas acostumbradas a viajar por el mundo y ser locatarios en París y Londres. Para graficar cómo era aquella Punta del Este basta recordar lo que don Carlos Burmester hacía en las noches cálidas cuando salía con su mujer y sus hijos a caminar: encendía un farol de querosén y lo colocaba en una pequeña torre que tenía en Villa del mar, su chalet frente a la vieja Mansa . De esta manera, se orientaba a la hora de regresar a la casa.

Desde su fundación y hasta principios de la década de 1920, los veraneantes habituales de Punta del Este sumaban unas doscientas familias. Y un número no muy superior al mencionado eran las personas que frecuentaba los hoteles que había en la época, el Central, el British House, el Biarritz y poco después La Cigale de la legendaria madame Pitot. Ya para entonces el almacén de Sader era el comercio por excelencia de la Península donde se podía comprar de todo, incluso libros, y La Fragata, en una casa de piso de madera a metros del puerto, cimbraba todas las noches al salto de los jóvenes que bailaban Rumba.

Era tal la seducción que el lugar ejercía sobre los extranjeros que, durante un buen tiempo, estos intentaron mantener como un secreto su existencia. Querían que la exclusividad y la mansedumbre del lugar no se vieran interrumpidas por la llegada de multitudes.

A partir de la década de 1930, y coincidiendo con el arribo del Ferrocarril a Punta del Este, comenzó un período de crecimiento que se prolongó de manera casi ininterrumpida hasta mediados de la década de 1940, cuando Perón llegó por primera vez al poder en Argentina .

En 1939 se inauguró la primera parte del Hotel Nogaró y la Península se fue poblando de chalets de tejas coloradas. Casas, que pintaron por décadas la postal más recordada y añorada por los mayores del balneario. También por esos años llegaron muchos exiliados españoles que, terminada la Guerra Civil española, eligieron la paz de la Península. Entre ellos estuvieron el poeta Rafael Alberti, el arquitecto Antonio Bonnet (urbanizador de Punta Ballena) y la actriz catalana Margarita Xirgú.

La calle de las Palmeras en 1930. Foto: Archivo El País Punta del Este logró sobrevivir al boicot que Juan Domingo Perón le hizo al balneario y al Uruguay todo, cuando impuso restricciones casi insalvables para que los argentinos cruzaran el Río de la Plata. Para Perón, Punta del Este era el reducto de la oligarquía argentina a la que estaba duramente enfrentada y el Uruguay democrático daba cobijo y protección a los exiliados del peronismo. Fue la década más difícil de su historia para el balneario (1945-1955) y fue también el tiempo del Cantegill Country Club. El empresario argentino Mauricio Liberman fue el impulsor del club y luego para promover el balneario en Europa y Estados Unidos, organizó los Festivales Internacionales de Cine. Con ellos llegaron figuras tales como Yul Brynner, Anita Ekberg y hasta Cantinflas, y centenares de periodistas de todas partes. El mundo conoció a Punta del Este a través de la cobertura periodística de esos festivales.

Otro tanto sucedió en agosto de 1961, cuando en la Península se organizó la Conferencia Internacional para el Desarrollo (CIDE) en la que el gobierno de John Kennedy lanzó la Alianza para el Progreso. Entre los participantes estuvo Ernesto Guevara “el Che”, ministro de Industria y Presidente del Banco Central de la flamante Revolución Cubana. Durante una semana Punta del Este fue portada de los medios de prensa más importantes del mundo.

El verano de 1970 pasó a la historia por la ausencia de los veraneantes extranjeros. El Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros amenazó con “un verano caliente” y espantó a los más poderosos y asiduos visitantes del balneario.

A fines de esa misma década, desembarcó la especulación financiera y la plata dulce desde Argentina. Punta del Este cambió para siempre su fisonomía. Las casas de techos de tejas de la Península fueron derrumbadas y en su lugar se levantaron enormes torres de apartamentos. La polémica duró años y resultó una batalla perdida para quienes se oponían a la transformación.

La década de 1980, y las crisis financieras en Argentina primero y en Uruguay después, fueron un duro trago para el balneario. La situación comenzó a revertirse con el retorno de la democracia en ambos países.

En 1990, Punta del Este fue el escenario preferido, en verano, de la fiesta menemista. Nunca corrió tanta pizza y champán en la Península . Y nuevamente volvieron a emerger las torres, ahora, por casi todo el balneario.

El 2001, una nueva crisis sacudió a Argentina y un año más tarde a Uruguay. El impacto fue fuerte pero también fue rápida la recuperación. En esos mismos años comenzaron a desembarcar muchos europeos ya no con afán turístico sino para afincarse todo el año. Buscaban y encontraron calidad de vida, seguridad y una naturaleza que, a pesar de los cambios, sigue siendo muy generosa.

La pandemia del Covid marcó también el comienzo de una nueva era para Punta del Este. Varios miles de argentinos y compatriotas de todas partes del país la eligieron para no solo protegerse de la peste, sino para afincarse de forma permanente. En muchos casos son familias con hijos pequeños. Un dato elocuente que confirma el proceso: el Instituto Uruguayo Argentino (IUA) un colegio bilingüe con novecientos estudiantes, tuvo este año el mayor número de inscripciones en sus más de cuatro décadas de vida. Se registraron doscientos nuevos ingresos, de los cuales el veinticinco por ciento son extranjeros y un diez por ciento adicional son uruguayos del resto del país. El sueño de vivir en el paraíso durante todo el año se ha hecho realidad para muchos extranjeros y criollos.

Hace décadas que Punta del Este dejó de ser la Península en la que todos se conocían. Hoy su nombre abarca desde Portezuelo hasta José Ignacio . Son casi cincuenta kilómetros de playas consideradas por la prensa internacional especializada entre las más lindas del mundo.

A un siglo y tres lustros de su nacimiento, Punta del Este enfrenta un enorme desafío: compatibilizar su crecimiento y desarrollo con el cuidado de la naturaleza . En ese equilibrio está la clave de un lugar que sigue enamorando a quienes lo visitan por primera vez y a los que se marchan luego siempre, siempre soñando en volver.

¡Feliz cumpleaños Punta del Este ! Y que sigan teniendo vigencia los versos que Alberti escribió, en 1948, en su casa de la Mansa: “De Punta del Este al mar y del mar adónde iría que me dejaran cantar…”.

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