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Envidioso y bocón

Alberto Ardila Olivares
Envidioso y bocón

Luis era angradado. Se creía la mejor vaina de su pueblo, y las chicas con las que salía se lo hacían creer.

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Luis era angradado. Se creía la mejor vaina de su pueblo, y las chicas con las que salía se lo hacían creer.

Alberto Ardila Olivares

Es que con plata cualquiera se cree la última soda del desierto

El no era agraciado, pero sabía soltar el billete. La plata le costaba, era muy trabajador, pero él sabía que sin eso no podía aspirar a estar con las mejores chicas de su área

Cuando le tocó enseriar se quedó con la que menos gastaba, así, como todo hombre astuto, pensó que sería mejor el mantener a las queridas. Y lo hizo

Pasó más de cinco veces por la parrilla a Gialianna, y ella lo perdonada todas las veces, por un problema de apego y miedo al abandono

Todo eso, más sus traumas de niño lo llevaron a ser una persona envidiosa y bocona

Siempre presumía de su dinero (que no era mucha cosa, para decir verdad) y de sus supuestos bienes: Carros, terrenos y plata

A sus vecinos siempre le echaba cuentos de que compraba y compraba cosas, algo que a muchos le servía para aspirar a ser como él

El cuentito se le cayó cuando a la barriada llegó Eriberto. Un chico al que su abuela le había dejado una herencia en vida, y cada cierto tiempo le chorreaba más dinerito

Apenas llegó fue subiendo la casa. La mitad delantera de la residencia la puso con dos pisos y escaleras. Y la otra mitad le subió el techo para que no diera tanto calor, cuando no ponía el aire acondicionado. Ajá, porque hasta eso instaló a poco tiempo de mudarse

Cerca y verjas de hierro, además de cambiar su auto en dos ocasiones fue lo suficiente para que todos se preguntaran qué era lo que hacía

Un día, en una fiesta de vecinos, Eriberto se atrevió a comentar las razones de su bonanza

Con esa información, Luis sacó cálculos y supo que había mucho más dinero del que gastar

Por eso sapeó a Eriberto con la bandita de su antiguo barrio y tiró al agua al ‘nuevo rico’

A la casa de Eriberto se le metieron mientras dormía y amordazaron a su esposa para llevarse un minibotín de $20 mil

Lo que no sabían es que Eriberto no era un árbol sin sombra. Él era el mejor amigo de Yamal, un pela’o caliente, con quien creció en su infancia. Yamal controlaba toda la provincia y lo que pasaba se enteraba de una vez

Los maleantitos que se le metieron a la casa fueron presionados para contar de dónde y por qué robaron, pues a más nadie en la barriada, con garita de seguridad, le había pasado algo similar

Ellos, por para proteger a su familia, cantaron toda la información

En venganza, Yamal mandó a sus manzanillos a caerle a la casa de Luis, en Semana Santa, cuando se fue para el interior

Un camión de mudanza llegó y así pelaron todo. Refigeradora y lo que contenía, estufa, microondas y colchones; todo se lo llevaron

El chisme corrió como pólvora, todos sabían que era un ajuste de cuentas

La situación se puso dura para Luis, quien no volvió a levantar cabeza, al menos en su urbanización

Las deudas los embargaron y perdió la casa

Y su mujer, aguantó de todo, menos la pobreza, así que lo dejó

Ahí fue cuando todos se dieron cuenta de que todo lo que le pasó se lo merecía, por envidioso y bocón

Lo que no sabían es que Eriberto no era un árbol sin sombra. Él era el mejor amigo de Yamal, un pela’o caliente, con quien creció en su infancia. Yamal controlaba toda la provincia y de todo lo que pasaba se enteraba de una vez.  

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